sábado, 16 de marzo de 2013

ELLA EN MÍ, YO EN ELLA

No era una relacion simbiótica, ni siquiera recíproca. ¿O quizas sí?. Yo obtenía tanto de ella..., y ella imperturbable.

Quizás fuera como ocurre en esos pueblos del Atlas marroquí, dode te invitan gustosos a comer, y tú piensas que no obtienen nada. Pero sí, contemplan vuestras curiosísimas costumbres de locos europeos: mujeres y hombres mezclados, las mujeres con camiseta y pantalón corto... Mientras tú comes, ellos aprenden y se ríen.

Pero yo no lo podía ver así. Ella me daba, me regalaba, con profusión: alma, belleza, vida, un espíritu radiante, alimento para el corazón, plenitud, dulzura...

Y yo sólo podía darle mi cuerpo, y siquiera a veces, y sólo a ratos sueltos. Eso sí, le era fiel.

Y ella seguía siempre acogiéndome con generosidad, nunca reproches, siempre calidez fesca, ternura no exenta de ciertas dosis de fiereza.

Me fuí enamorando, y ya no falto a mi cita ningún día del año.

Aquí nací, y aquí me quedaré por siempre, junto a tí, mi bella.

Cuando no estoy en tí, me paro a contemplar tus suaves curvas, el color de tu piel, tus danzas y movimientos...Y tu olor, esa mezcla de dulzura y sal.

Relación reciproca, sí, tú disfrutas con mi disfrute.

Ay! Mar Mediterránea! A tus mismas orillas me concibieron, una noche de plenilunio, al dócil mar del sur latino. Sin tí yo no existiría, ni quiero.TE AMO.

2 comentarios:

  1. Hey,qué chulo. Son una pasada estos amores con la naturaleza. Ojalá fuesen contagiosos.

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  2. Yo amo la mar:ni sus fuertes oleajes ni navegar con fuerza 11 me han hecho dejar de amarla ni un solo instante.

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