miércoles, 27 de marzo de 2013

Plantas

Crecían a la derecha de la acera, separadas de ésta por una oxidada verja metálica. Una verdadera arboleda de plantas herbaceas que el tiempo había dejado crecer metros, y cuyos nombres desconocías. Sin duda, en tiempos, allí floreció una bien cuidada huerta. Probablemente, la progresiva urbanización del barrio le puso fecha de muerte al huerto, y el dueño decidió abandonarlo antes. Ahora lo que reluce es un verdadero vergel encajonado entre la alambrada, dos edificios, y un muro de granito. Pero un vergel prisionero y abandonado. Los niños no pueden jugar en él, los veteranos solazarse, los jovenes enamorados mirarse a los ojos durante horas simplemente sonriendo. Es un vestigio y un desperdicio, encerrado, y condenado quizás este mismo año.
Diriges la mirada al mal empedrado de la calle, y entre adoquines medio sueltos ves crecer modesta y pequeña flora que siempre medrará. Con su fuerza hace añicos el pavés. Flora en cierta manera libre. Hierbajos que las llamamos en forma despectiva y que cargan con todo su micromundo de arañas, hormigas, lombrices...

Y te marchas pensando en la libertad del alfil y de su reina.

2 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho la descripción, pero te juro que no pillo lo del alfil y la reina. Será porque no soy muy aficionado al ajedrez.

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  2. Estoy comparando la libertad de las plantas de los adoquinesy las enrejadas, y se me ocurrió compararlo con la libertad total de la reina, pero en eterno peligro, y la libertad parcial del alfil, en menos peligro.

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Gracias por colaborar a que esto mejore :-) Sois tod@s muy bien recibid@s. SALUD!!