sábado, 4 de mayo de 2013

¿SOBREVIVIR? - Parte I - (de 3)

Como un oso enjaulado, me asfixio en la espesura de desechos que invaden mi casa desde hace semanas: papeles, bolsas de plástico, cajas vacías y un sinfín de objetos inútiles que se amontonan por todas partes. Mi mente, mientras tanto, vuela a través de la habitación, atraviesa los sucios cristales y se pasea por la ciudad que se extiende a mi alrededor. Recorro con mi imaginación las avenidas por las que solía pasear, y procuro fijar los escasos recuerdos que aún conservo. Esos recuerdos, insectos atrapados por un alfiler, me permiten saber que sigo viviendo.
Nunca pensé que la situación llegara a este límite. Hace unos días intenté poner orden; limpiar la basura que me rodea, que parece acumularse ya por toneladas; separar todo aquello que pudiera servirme para un futuro. Fue inútil. La montaña de suciedad ha atascado puertas y ventanas, y soy incapaz de distinguir la mayoría de los cacharros; han perdido su individualidad, su esencia; son pequeñas unidades inofensivas que constituyen un todo amenazante y caótico; alucinaciones que se multiplican, como en el juego de los espejos, hasta formar un mundo de residuos que me envuelve y atenaza.
Imagino que el olor debe de resultar insoportable. Por suerte, no sólo me he acostumbrado, sino que incluso estoy perdiendo la sensibilidad. Tengo el olfato prácticamente atrofiado y eso me salva.
Ayer encontré el rincón. No sé cómo es posible que este islote de limpieza, esta esquina de la casa que la inmundicia ha respetado, me haya pasado desapercibida tanto tiempo. No importa, tal vez el destino me tenga reservadas otras sorpresas, ocultas por el momento, que me ayuden a sobrevivir...¿a alargar mi agonía?. Quizá simplemente sea una broma, otra más, del travieso diablillo que mueve los hilos de esta pesadilla. Sea como sea, decido instalarme cómodamente en este refugio, dispuesto a conservarlo.
Mi hallazgo no ha podido ser más oportuno: por si algo faltaba, desde el cuarto de baño comienza a fluir una nueva marea de orines y podredumbre, más fétida e imparable que de costumbre. Rápidamente hago acopio de cuanto material relativamente consistente puedo encontrar, y construyo una muralla que nos proteja, a mí y a mi isla. En ella no me siento como en los mares del sur, pero por un momento me hace escapar de Desolación.

5 comentarios:

  1. Promete... Un abrazo muy fuerte

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  2. Gtacias Kb, espero no decepcionarte...

    OTRO ABRAZAZO!!!!

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  3. Bien, me lo quedo así, sin segundas o sucesivas partes, esas quedan a merced de mi imaginación aunque siempre me agradará seguir los pasos de la tuya.Un abrazo

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  4. Ya tienes publicada la segunda parte. Besazos.

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  5. Interesante. Voy a seguir leyendo.

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Gracias por colaborar a que esto mejore :-) Sois tod@s muy bien recibid@s. SALUD!!