miércoles, 12 de junio de 2013

LA BIBLIOTECA

LA BIBLIOTECA

Era un agradable paseo hasta la biblioteca municipal, cerca de una hora entre cesped, arboles, y parques para niños. Un carril bici a lo largo de todo el paseo,... y el río.Y es que la ciudad estaba dividida en 2 partes: un precioso casco viejo y un ensanche de Siglo XIX, y a 4 ó 5 Km. la zona nueva. La razón era el río, que además de lo visible, surcaba de corrientes subsuperficiales una amplísima zona, la que él atravesaba, sobre la cual era imposible edificar. Y la ciudad no podía crecer hacia otro sitio, pues estaba rodeada de escarpadas colinas.

La playa fluvial, nudista, era muy tentadora a esa hora de la tarde. De hecho pensó en darse un buen chapuzón, pero sabía que no sería corto, y si la biblioteca cerraba no podría coger en prestamo esas pelis clásicas de vaqueros que tenía en mente.

Llegó cinco minutos antes de que cerraran, y cogió “El valle de la venganza”, “Frontera sin ley”, y un par de ellas más casi al azar. Al pasar por la sección de dibujitos recordó que no había visto “Ice Age 3”, y ya tenía el pack de 5.

Cuando fue a presentar la tarjeta, se dio cuenta de que no tenía las llaves. Supuso que las había dejado en la mesa y había cerrado de golpe, pero tuvo un mal presagio, así que llamó a la central de taxis para llegar a casa cuanto antes. Cuando encontró un vecino que le abriera, casi saltó cada tramo de escalones y vió las llaves POR FUERA. Entró y le habían robado: el aparato de música, el DVD, la televisión y el portátil recién comprado. Pese al disgusto, de repente se dio cuenta de que nadie había venido a recibirle, Carla no estaba. Inutilmente buscó por toda la casa, inutilmente porque, con ladrones o no, le adoraba y en cuanto entraba por la puerta le llenaba de lametones. Con lo callejera que siempre fue, se habría escapado en cuanto vio la puerta abierta, y lo mismo en el portal.

El mal presagio se hacía cada vez más fuerte. Recorrió todo el ensanche llamándola y, en una calle marginal, la encontró atropellada, muerta y abandonada. No eran lágrimas, eran cascadas de sal lo que caía de sus ojos. Recogió el cadaver y lo llenó de besos. Aún estaba caliente. No sabía si la gente le miraba o no, casi ni recordaba donde vivía. Al llegar a casa le importaba una mierda el pastón que le habían robado, sólo le importaba la muerte de su compañera desde hacía 12 años.

Llamó al veterinario y éste le dijo que se podía incinerar, era el método habitual. Le dijo que sí, pero no quería las cenizas “Tranquilo, es lo más corriente.”

Al día siguiente estaba en la perrera municipal, de donde había rescatado a Carla años ha, y vió una pequeña perrilla, mezcla de mil razas, que le encantó. Había química entre ambos. Preguntó por su edad y su estado.Tenía 2 años, era una mezcla indefinible, era muy muy cariñosa, y estaba totalmente sana. Se llamaba Sandy. Carla era insustituible, pero no podría vivir sin un animal en casa, así que la adoptó. Nunca olvidaría a Carla, pero era un viudo que rehacía su corazón. Sandy le colmaba de cariños, y en cuanto a lo robado, como decía su abuelo “lo que se paga con dinero, barato sale”.

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