domingo, 7 de julio de 2013

HISTORIA DE DOS SOLEDADES ENCONTRADAS (parte 2 de 4)


Él era, lo que se llama vulgarmente, “un hombre hecho a sí mismo”. Doctor en Ciencias Físicas, y licenciado en Geografía e Historia, y en Historia del Arte; las dos últimas, carreras que cursó a distancia y simultáneamente. Nunca pidió un euro a sus padres, todo lo hizo con becas o trabajando.

Ella no le iba a la zaga, Licenciada en Filologías Inglesa e Hispánica.

Al principio charlaban sobre todo de la crisis, y los incapaces que nos gobernaban. Afortunadamente, a ninguno de los dos le gustaba el futbol, a ella porque le aburría, a él porque le parecía inhumano que alguien cobrara 10 millones de euros o más. Charlaban sobre sus trabajos: ambos habían tenido suerte. Ella trabajaba como traductora en una editorial especializada en relatos, novelas o poesía de autores noveles en lengua inglesa, o viceversa. Inexplicablemente, les iba muy bien. Él era el seleccionador, coordinador y contacto de las exposiciones en el muy reputado Museo de Arte Contemporáneo. Los dos escribían, y muy bien: el le iba pasando sus relatos, ella sus poesías. Muy poco a poco, se fueron conociendo. Cinco semanas después, cuando se dió cuenta de que aquella mujer no era como las otras que había conocido, acepto el café. Ella propuso “Podríamos quedar el domingo en el café La Gramola, lo conoces?” Sí, claro. “¿A las seis?” A las seis, vale.

Eso era un viernes, el sabado casi llegó a las manos con el carnicero del supermercado que frecuentaba, por el odio hacia sí mismo que sentía por haber quedado con una mujer.

El domingo por la mañana decidió no ir, pero luego, por razones egoistas, pensó que lo mejor era acudir a la cita. Entre todas las mujeres, y los tíos que le caían mal, odiaba al 75% de la población, y eso no podía ser sano. Así que pensó que lo mejor era darle una oportunidad a aquella chica, y quizás se le curara la misoginia, a más no podía ir...

Ni se le ocurrió coger el coche para ir al centro, así que salió de casa a las 5 y cuarto para ir paseando. Se dió cuenta con sorpresa de que miraba de otra forma a las mujeres, algunas hasta le producian una sensación agradable.

Llegó al café a las 6 en punto, ella a las 6 y diez “perdona, es que el tráfico...” Le dijo que no pasaba nada. ¿Qué quieres tomar? “una caña”. Yo me voy a tomar un albariño, dijo él. “Vale, paso de la caña, que sean dos”. Les sirvieron y ella propuso un brindis.

“Porque se te cure la misoginia”. No sé si quiero..., pero venga.

5 comentarios:

  1. Quedo a la espera de la tercera parte, ¿para cuando? :D

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    1. La tercera parte va hoy al anochecer, y la cuarta mañana al mediodía (me ha costado decicir si eran 3 ó 4). El miércoles publicaré el relato completo, para los alérgicos a las partes.

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  2. Esta noche publico la tercera parte y mañana la cuarta. El miércoles publicaré el relato completo para los alérgicos a las partes. Y luego me parece que me voy a dedicar a la playa y os olvidareis de mí por una temporada.

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  3. Tienen más cosas en común de lo ellos piensan, detrás de tanto "quehacer" se puede esconder como bien dice el título de tu relato, una inmensa soledad. Fíjate solo el hecho de coincidir en aquel callejón solitario, ya es un presagio... Sigo con la tercera parte... Un abrazo.

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  4. Quería curar soledades, probablemente la que siento yo.

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Gracias por colaborar a que esto mejore :-) Sois tod@s muy bien recibid@s. SALUD!!