martes, 1 de octubre de 2013

EL BLUES (y yo)

¿Porqué tantos aficionados, críticos, músicos...en un momento u otro de sus vidas han quedado atrapados en las espesas redes del blues y no han podido -ni querido- escapar ya?
Sobre mi amor por el Blues tendría que hablar de tantas cosas personales y familiares que estoy levemente confuso -lo confieso- sobre por dónde empezar. Pero para captar vuestra atención, comenzaré diciendo que en tiempos muy inmediatamente anteriores a lo que los golpistas/fascistas acabaron denominando "Guerra Civil", mi abuelo -Barcelonés- era batería y al mismo tiempo director de una orquesta de Jazz de relativa fama en la vecina Francia y que...llegó a conocer en persona a un famoso director de Big Band cuyo nombre nunca he podido averiguar, o sea que mala del todo su orquesta no debía de ser. Tenía cierta relación con el polifacético Maurice Chevalier, y era amigo íntimo (hasta el punto de irse juntos de juerga y de "chicas") del infravalorado hoy en día -al menos en España- Xavier Cugat.

Cuando yo nací mi abuelo ya estaba dedicado a sus negocios de confección, pero por casa aún había unos cuantos instrumentos de percusión, y si no los había, se inventaban, que buenos ritmos me tiene enseñado el padre de mi madre con cucharas, vasos, platos y cacerolas. Y por supuesto estaban los discos de Benny Goodman, Count Basie, Duke Ellington, Glenn Miller...
Mi relación casi telepática con mi abuelo sería más digna de un blog de psicología que de éste, pero mi madre me ha contado que, viajando en coche y con el cassette puesto, antes de que se inventaran las sillas ergonómicas éstas para bebés (más propias de un monoplaza de Formula 1 que de un vulgar automóvil familiar) el autor de este blog iba en el asiento trasero y casi al mismo tiempo de dar sus primeros pasos marcaba el ritmo de la música con sus piececitos. Desde luego el ritmo, y sobre todo los ritmos swingantes, han sido mi locura desde que recuerdo, y por eso doy mucha más importancia a crear un buen Riff y una buena Base Rítmica que al típico guitarrista que recorre el mastil 37 veces por minuto. Bueno, no es que le dé más importancia, es que lo primero lo adoro y lo segundo lo aborrezco.

Aquí no hay genética que valga, aquí tuve la inmensa fortuna de tener un abuelo que, pese a ser caucasiano absoluto, me educó en la buena música negra. Si tengo algún dia hijos y nietos y llegan a tocar en los Festivales de Cerdanyola y Donosti, entonces ya cogeremos unas muestras de tejidos para los de CSI...

Aclarada una infancia llena de swing, damos un salto en el tiempo y nos situamos en 1978. Por mi decimoprimer cumpleaños, el hijo de la amiga íntima de mi madre (que lo sigue siendo, afortunadamente) me regala una cinta de unos melenudos llamados "Status Quo". Mis neuronas literalmente se esparcen por los altavoces del radiocassette, y es que en las enciclopedias musicales, al lado de la entradilla "Boogie-Rock", figura la foto de estos tipos (y la de ZZTOP, claro). Educado en el swing y con la típica rebeldía pre-adolescente, era lógico que cayera hipnotizado ante semejante descarga de watios rímicamente anclados en lo más negroide. Y cuando aproximadamente un año después escucho en la radio a unos australianos llamados AC/DC, pues eso, con mis escasos ahorros mis dos primeros -y durante mucho tiempo únicos- discos fueron "Whatever you want" y "Highway to hell", ambos con excelsas dosis de Blues más o menos camuflados por murallas sónicas.

Con 13 ó 14 años, el profe de música (que pasaba kilos de hablarnos del barroco y nos enganchaba con lo que nos podía gustar) nos hablaba día sí día también de un grupo llamado "Led Zeppelin", hasta que uno se compra "Led Zeppelin I" y ante esos Blues larguísimos, hinóticos, fastuosos y también -porque no decirlo- sobreactuados, se le cae al suelo la mandíbula inferior. Luego llega el "Stage Struck" de Rory Gallagher, pero eso necesita su columna propia, como "Mistreated" de Deep Purple-Rainbow-Whitesnake.

Pero no todo el mundo ha tenido tantos condicionantes favorables, y sin embargo se cuentan por millones las personas del mundo entero a las que el Blues les llega hasta lo más hondo. Quizás sea cierta la afirmación tantas veces repetida de que hasta que no has sentido en tu vida la segunda acepción de "Blues" (tristeza), no lo puedes comprender. Es muy posible que en las familias Rockefeller, Rotschild, Borbón, Botín, etc, no haya ningún aficionado al Blues. Yo por lo menos, cuando me siento triste y solo, acuciado por problemas económicos, y enamorado sin correspondencia, me pongo una y otra vez el "I ain't got nothing but the Blues" (del Maestro Ellington) en cualquiera de sus infinitas versiones (por el ejemplo la del dueto de guitarra y voz de Ella Fitzgerald y Joe Pass), y me siento más acompañado, porque sé que cientos de miles de personas en el mundo entero se están sintiendo como yo.

Pero también ocurre a la inversa, te levantas de un excelente humor y pinchas el relativamente reciente CD de Walter Trout en Power-Trio, por ejemplo, y no hay pharmaton complex que supere esa brutal descarga de energía!!!

Como estudiante de ciencias puras, no puedo evitar buscarle varias explicaciones de ese palo a la fascinación con que el Blues nos cautiva: En primer lugar se trata de una música con un indudable "groove", que creo que se acompasa perfectamente al ritmo natural del corazón humano. En segundo lugar, cubre esa necesidad de descubrimiento e investigación, de curiosidad innata, que todo ser humano tiene y nos diferencia de los animales: porque, aunque aparentemente limitado en forma, en esta nuestra música puedes viajar desde la más rabiosa actualidad hasta el Delta, pasando por Chicago, Texas, New York y la Costa Oeste, Detroit (un eterno recuerdo para un grande entre los grandes, John Lee Hooker) y donde quieras, siempre descubriendo estilos y artistas que te sorprenden y excitan. Y cuanto más te metes en este mundillo, más puedes aplicar aquello de "sólo sé que no sé nada", y decir "Dios mío, tengo una colección de más de 600 CDs y aún soy un pardillo.
Y no es sólo lo que acabo de decir, es que el Blues (como el Jazz) es una música absolutamente personal: no hay 2 artistas, no ya iguales, es que yo diría que ni muy parecidos. Así como en la música comercial de hoy en día todo suena igual, y yo (quizás por mis limitaciones y un claro prejuicio y subjetividad) soy incapaz de distinguir más allá de si canta un chico o una chica, en nuestra música puedes reconocer claras diferencias, es imposible confundir a un Elmore James con un Muddy Waters o un John Mayall. Aquí prima la personalidad que cada artista le imprime a su música, incluso dentro de un mismo estilo, como puede ser el Blues Eléctrico de Texas, por citar una rama que me encanta.

El caso es que ahí sigue, con sus doce compases, una música con pasado, presente, y un futuro al que no hace ninguna falta que los critiquillos snobs le busquen posibilidades ni hablen de "estancamientos", porque esto va de "feelings", señores, no de evoluciones artificiales. Y siempre surgiran nuevos artistas con su propia voz, y nuevas bandas que basen su sonido en esta, nuestra música. El Blues no morirá nunca, porque como tampoco sabemos cuando y cómo nació exactamente...pues ya se ha convertido en una música eterna.


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