sábado, 30 de noviembre de 2013

Con la que está cayendo....

la verdad es que a uno se le quitan las ganas de escribir relatos alejados de la realidad. Hoy era el día de la recogida de alimentos, y contribuimos con lo que pudimos a la salida del super. Las estadísticas ya no valen para nada, la realidad social las supera día a día. El gobierno sólo entiende una palabra, y es "represión". Los políticos profesionales, al fin y al cabo, son todos de la misma estirpe y no se van a morder entre ellos. Cada vez que abro un periódico (a la TV ni me acerco) se me humedecen los lagrimales. o se me afilan los colmillos. No puedo quitar de mi cabeza la fotografía que vi hace algunas semanas en un dominical: dos hermanitos ateridos de frío que "vivían" en un vertedero en Nepal. El mayor no tendría 7 años. Tal vez el futuro que nos aguarda no ande demasiado lejos. No pretendo escribir un artículo de opinión, carezco de nociones de política o economía; aunque sé que lo que eufemísticamente llaman "democracia" no es más que una oligarquía de partidos políticos entre cuya mínima oferta los ciudadanos elegimos a ciegas. Importamos el "black friday" y exportamos científicos, el club de futbol del que simpatiza Aznar reconoce una deuda de 275 millones, y en el suplemento de fin de semana que está leyendo mi chica se anuncia un bolso de señora de 6.000 euros.
La fractura social es escandalosa, cualquiera de nosotros puede caer mañana en la exclusión más absoluta y tener como habitación un cajero automático...y a mis oídos sólo alcanza a llegar una palabra...¿Revolución?

lunes, 18 de noviembre de 2013

GARY

Te despiertas a las 7 de la mañana. Normal, ayer te acostaste pronto. Ésta es la hora en que la ciudad está mediodormida-mediodespierta. Increiblemente, el gimnasio de enfrente está abierto, y hay un flujo no pequeño de deportistas que están entrando. Siempre has aborrecido el deporte.

La música, siempre la música, es necesaria para empezar el día con buen pie, lo cual no siempre significa música alegre, sino música que sintonice con el momento.

Piensas en Keith Jarret, pero necesitas algo más fuerte, necesitas un Blues, un Blues antiguo, un blues femenino. Así que vas a la caja de 5 CDs de Ma Rainey y eliges uno al azar, todos son excepcionales. Sí, esa es la música para empezar el hoy.

Enciendes el ordenador para ver cuantas visitas tuviste ayer, y echar un vistazo a las noticias.

Gary Moore ha muerto. Thin Lizzy han muerto por segunda vez. Te caen las lágrimas, Ma Rainey ya no tiene sentido, apagas el reproductor. Te llama tu madre para decirte que un tal Gary, músico de Blues, ha muerto en Andalucia. Le dices que ya lo sabías y cuelgas, llorando.

Necesitas un abrazo y no tienes quién te lo dé, hace años que no recibes un abrazo. Dicen que son nesarios 8 abrazos al día para ser feliz, eso explicaría porqué llevas tantos años vegetando.

Hoy te vas a emborrachar, ya no aguantas más, tu puta vida es una mierda, y Gary ha muerto.

A las 9 de la mañana, cuando la gente normal está tomando su cafecito, tu ya llevas encima dos White Label. Recorres todos los bares del barrio a base de whiskies, y además compras dos litronas frías en el 24 horas, para seguir bebiendo en casa oyendo a Gary Moore, tu disco favorito en repeat: “Old new ballads blues”.

Después de las dos litronas vuelves a la calle. Está tu amigo Julián tocando la guitarra. Le cuentas lo de Gary, y te dedica Parisienne walkways. Te ve tan borracho y tambaleante que llama al 061. En tu mente sólo hay un pensamiento, morirte. No mueres porque ya estás muerto, esa mujer te mató hace 12 años.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

¡¡UN RELATO, al fín!! (y largo)

Aunque me arriesgue a que no lo leais íntegro,  no es un texto que se pueda partir sin joder la marrana. Espero que os enganche hasta el final.

LA RECTA

El rugido de mil voces me sobresalta: los cajones han debido de abrirse; no lo esperaba tan pronto, la Carrera ha comenzado y yo aún no he alcanzado las escaleras. Dieciséis participantes en busca de la gloria y yo de espaldas a la pista, intentando abrirme hueco entre la masa de cuerpos que gritan, temblando de esa emoción que sólo se siente una vez al año -cuando llega esta Carrera, el Gran Premio de Otoño, la más importante del año, la reina del medio fondo.

Me abro paso a codazos, ansiando llegar a un sitio desde el que pueda ver algo. Maldigo la ocurrencia de pasarme por las taquillas a echar un último vistazo, a ver cómo iban los boletos de apuestas; una semana de expectación, de discusiones, apuestas y conjeturas, nervioso como nunca, casi sin dormir, para en el último momento perderme la salida. Nunca me había pasado, no vivir ese momento único en que las puertas de madera se abren, sincronizadas, y ya sólo pueden hablar los 2400 metros de hierba que hay por delante. Siento angustia ante lo que me puedo perder, miedo de no encontrar un sitio para ver la curva del río y la entrada en la recta final; temo no ver la llegada que promete ser apasionante, una de los más disputadas de los últimos años.

Los mejores del país frente a un único enemigo de fuera, pero basta con él: el dominador absoluto de la temporada en las Islas: cuatro salidas, cuatro victorias, todas en premios millonarios. ¿Podrá con él alguno de los nuestros?. Las apuestas no son optimistas, el isleño es el gran favorito. Yo al menos no he apostado por él, está en la pista con el número 3 uno de los mejores caballos que he visto correr jamás en este Hipódromo, nacido aquí y con los colores de una cuadra de la casa. He jugado por él, a ganador, con más fe que esperanza, con el corazón y las ganas de empujar desde la grada, que no se crean los Ingleses que pueden llegar aquí con su mejor alazán y su más prestigioso jinete, en avión, el día anterior, y arrasar como si los nuestros fueran cojos.
Por fin me puedo acomodar, dar la vuelta y mirar hacia la pista. Apenas 200 metros, no he perdido casi nada. No distingo los colores: ¿quién está lanzando el inicio?. Es igual, ahora me enteraré, al primer paso por meta, y además está ya la megafonía dando posiciones. <<Colocación al paso por los 300 metros: Guajira, Aketegi, El Dorado, Blue Nile, Singapur, Arco Iris,... >>. De momento, lo esperado, tirando del grupo los compañeros de cuadra de los favoritos, Guajira endureciendo la carrera para Estrómboli, El Dorado para Tres de Oros, Aketegi como siempre, en punta, haciendo su propia carrera, pero creo que la distancia le queda demasiado larga, el jinete se ha equivocado de táctica, es un caballo de milla, no de milla y media. El Inglés esta bien situado, cuarto, atento a lo que pasa por delante, dicen que es como le gusta correr a Blue Nile, se siente más cómodo.

Se acercan a las tribunas, al primer paso por la recta de meta; el resonar de los cascos se mezcla con los murmullos del público. Van muy agrupados pero la carrera está lanzada, es uno de los principios más rápidos que recuerdo, puede que hoy batan el record del Gran Premio.

Están ya justo frente a la tribuna, nos estremecemos con el retumbar de las pisadas, del galope, las herraduras sobre la hierba, el contacto entre las grupas sudorosas, un fragor intenso resaltado por el silencio casi místico del público. La nube parda de los caballos pasa a nuestra altura, rápida, veloz como una mancha, levantando una humareda de tierra y césped. El número 5 ondea suavemente en el costado de un Blue Nile que parece tranquilo, demasiado, su jinete lo está reteniendo. Por eso la multitud calla, callamos, porque el Inglés parece que va sobrado, de paseo, y Al-Mansur, nuestra gran esperanza, el potro por el que yo he apostado, el de las grandes polémicas de la semana -si podrá o no con el "crack" foráneo- aparece casi al final de la caravana, encerrado contra los palos, incómodo, revolviéndose y sudoroso, demasiado sudoroso. Su jockey, vestido con los clásicos colores -lila y amarillo- de esa cuadra legendaria, parece sin embargo tranquilo, concentrado en el cuello de su cabalgadura, sin mirar adelante ni atrás. Todavía es pronto, queda mucha pista, está todo por resolver.


Las brillantes chaquetillas de los jinetes nos dan la espalda, faltan cien metros para afrontar la primera curva, la del aparcamiento, la que aún no es decisiva. Se cruzan y recruzan para coger la punta o los palos del interior, para entrar al giro bien colocados y arrancar en la recta de enfrente. Blue Nile prácticamente en cabeza, igualado con Guajira, que va por dentro, tirando a muerte, sacrificando todas sus opciones para un Estrómboli al que no veo en forma. Al-Mansur se ha situado algo mejor, por el exterior y en mitad del grupo, no es caballo al que le guste ir encerrado. Se estiran para ceñirse al arco, las posiciones se aclaran, los del interior buscan los setos, empujones, choques, cuartos traseros contra cabezas, hay que trazar por dentro, ahorrar esfuerzos.

Ya se han situado, la curva empieza y ralentiza el ritmo, un respiro necesario después del impresionante comienzo. Me da tiempo a levantar la vista y veo las nubes -gordas y oscuras, de lluvia- volviéndose a cerrar rápidamente. Hace viento, refresca. La pista ya estaba pesada por los primeros aguaceros de otoño, pero parece que se nos viene encima otro chaparrón antes de que acabe la carrera; otra buena noticia para Blue Nile y su jinete, acostumbrados a correr entre auténticas cascadas, allí, al norte.

Abandonan la curva, enfilan la recta de enfrente, el grupo se rompe; Aketegi ha lanzado un terrible acelerón, sólo puede responder Blue Nile; la fila se tensa, se resquebraja, se hace añicos en grupitos de dos o tres, poco más; algunos jinetes empiezan a manejar las fustas viendo esfumarse sus opciones: Turista hace honor a su nombre, Estrómboli va junto a él, cerrando la carrera; dos caballos de la Cuadra Urbasa (Sureño y Júpiter) marchan un cuerpo por delante. Por arriba Guajira se mantiene a tres cuerpos de la cabeza, hace de enlace con el grupito de cinco del que tira Al-Mansur, a otros tres cuerpos de la yegua, que está haciendo un carrerón, lo contrario que su compañero de cuadra, Estrómboli, que ni debería haber salido a la pista, lleva unos meses desconocido, ni sombra de lo que era desde una pequeña lesión en primavera.

Me fijo en Aketegi y no entiendo la táctica de Cristóbal Cabrera, su jinete; a un caballo de milla no se le puede exigir así en los 2400, lo va a desfondar antes de entrar en la recta. Cierto que ya no es un potrillo, tiene cinco años y a estas edades empiezan a ganar resistencia, pero este mismo verano fue segundo en la Copa de los 1600, sigue siendo un gran velocista, y esto es medio fondo.

Las distancias entre los de delante se reducen, parece que Aketegi pierde fuelle, Blue Nile dirige ahora con autoridad pero baja el ritmo, el grupito de Al-Mansur (con Playa Azul, Singapur, Alondra y Arco Iris) alcanza a Guajira y se acercan a la punta, el resto parece que no cuentan salvo Belle-de Jour, Tres de Oros y La Terca -la única de la cuadra Urbasa que aún aguanta- que luchan por no descolgarse; la carrera se va a resolver entre once como mucho y sólo está mediada la recta de enfrente, quedan casi 1000 metros, un Gran Premio duro de verdad, cinco caballos fuera de carrera a falta de un kilómetro.

Empieza a llover, fuerte y repentino, una cortina de agua que dificulta la visión y hace abrir los paraguas a los pocos precavidos. La irrupción de la lluvia me distrae un momento, imagino el hipódromo visto desde arriba, una elipse con dos colas en extremos opuestos. Dos rectas, dos curvas, verdor, y poco más: tan sólo la mancha blanca de las tribunas en la recta de meta; y otra mancha, pequeña, alargada, móvil, parda y matizada de colores, casi invisible para mi imaginario paracaidista, donde se está desarrollando esta pequeña historia que es tan importante, lo único que ahora mismo existe para las miles de gargantas que ya empiezan a alborotar ante la cercanía del final.

La proximidad de la última curva acelera el ritmo de forma salvaje, hay cambios en la cabeza, el dúo que ha mandado toda la recta cede, aparece Belle-de-Jour, la importada esta misma temporada con un historial impresionante, que parece querer demostrarlo. Le acompañan Tres de Oros y La Terca, un trío que apenas se destaca un cuerpo de sus perseguidores, un grupo de ocho ahora compacto donde mandan Blue Nile y Al-Mansur, por fin costado con costado, mirándose las caras sus jinetes, conscientes de su papel de favoritos.

Entran en la curva, la lluvia arrecia y el ángulo es malo para ver lo que pasa, los prismáticos mojados no ayudan mucho. Estiro el cuello para intentar enfocar por encima de las cabezas, todas vueltas en la misma dirección. No lo consigo, bajo los prismáticos; a mi lado, un tipo elegante, endomingado de estreno -chaleco, traje, corbata, sombrero, prismáticos de lujo- con cara de pisar un hipódromo por vez primera, está leyendo en voz alta la reseña de una revista hípica: <<Nacido y criado en los jugosos pastos de nuestra tierra, entre montañas y ríos, bautizado con un nombre árabe de resonancias históricas, Al-Mansur, Hijo de Haizea y Ortegal, hijo del viento, se enfrenta hoy a su mayor reto... >>. Desconecto de la monótona voz de mi vecino y vuelvo al verde, donde están pasando cosas, muchas cosas. Encuentro un hueco por donde apuntar con los prismáticos. Ya hay más descolgados: Arco Iris, Alondra, Playa Azul y Singapur, los que acompañaban a Al-Mansur en la recta de enfrente, se quedan cortados en plena curva, casi ocho cuerpos los separan de la cabeza, demasiado para poder recuperarlo en la recta; quedan siete caballos en esta carrera de eliminación, estoy seguro que la más rápida de la historia.

La curva acaba, entramos en los metros decisivos, la perspectiva acorta las distancias, los siete parecen agrupados, no distingo posiciones, menos mal que hay megafonía: <<Colocación a falta de 600 metros: Blue Nile, Aketegi, Guajira, La Terca, Belle-de-Jour, Tres de Oros, Al-Mansur,... >>. El resto no importan, entre esos está el ganador. No parece fácil para mi número 3, que viene cerrando el grupo: Blue Nile se ha puesto en cabeza con algo de ventaja.

Faltan 500 metros para la meta, 300 para llegar a nuestra grada, la perspectiva mejora y están tan cerca que los prismáticos sobran. Ahora empieza la carrera de verdad, la hora decisiva. Blue Nile destacado, a tres cuerpos aguantan, increíbles desde la salida, Guajira y Aketegi. El inglés no viene exigido, viene fácil, casi parece de paseo. Las peores predicciones se van a confirmar, llegar y besar el santo, parece que nuestros caballos no están al nivel de estos fuera de serie. Blue Nile aún no está a tope de revoluciones, su jinete mira hacia atrás, tranquilo, midiendo distancias, decidiendo si reservar o sacar todo de su cabalgadura, disfrutando más de una marcha triunfal que de la llegada de un Gran Premio.

A falta de 400 metros un caballo da un brusco bandazo hacia el exterior, se abre buscando la tribuna, encuentra su carril en mitad de la pista y acelera brutalmente, el jinete colgado sobre su cuello, fuera de la silla, usando la fusta de pleno: Al-Mansur ha reaccionado, ahora sí que la tribuna retumba de gritos, ánimos, exclamaciones, un estruendo de voces rotas; nos volvemos locos, cada quien animando a su caballo, a su favorito, más que las apuestas importan los sentimientos, todos tenemos un caballo al que queremos ver ganar aunque no hayamos jugado, no es cuestión de dinero, es la épica del Gran Premio, el orgullo frente al Inglés -salvo los muchos que hayan apostado por él, que para mí no cuentan, sus voces entran en el escándalo general y animan a los nuestros, a Al-Mansur, a Aketegi.

En pleno diluvio se va a jugar todo en esta recta final de infarto, Al-Mansur ha reducido distancias de forma espectacular, está a menos de un cuerpo de Blue Nile, cuatro metros por fuera de los palos a los que se pega el Inglés, ahora sí exigido por su jinete. Aketegi y Guajira no ceden, La Terca empieza su propia carrera, su terrible "rush" final; siempre le gustaron a esta yegua los desenlaces furiosos, puede ser hoy su día, anda muy bien con barro y lluvia.

Casi a la altura de nuestra tribuna, apenas a 300 metros del espejo, vemos que Al-Mansur ha alcanzado a Blue Nile, vienen paralelos, echando el resto, los jockeys sacando las fustas y las últimas energías de los dos. Es una lucha a muerte, el paseo del Inglés se ha convertido en una agonía, no esperaba esta resistencia, esta batalla más allá de las fuerzas de nuestro mejor caballo. Al-Mansur viene con el cuello estirado al límite, las venas marcadas, espuma entre los dientes, los flancos lívidos de sudor pese a la lluvia. César Marín, su jinete, volcado en el costado izquierdo, fuera de los estribos, colgando, cayéndose de la silla, la cara casi oculta bajo una capa de barro, la cabeza contra el cuello de Al-Mansur, la vara en la derecha moviéndose como un metrónomo enloquecido, marcando un ritmo imposible de seguir. Ya están frente a nosotros, veo todo a cámara lenta: por dentro un caballo ganador de Grandes Premios en el país donde este deporte es rey, por fuera el pura sangre que llevábamos años esperando tener en nuestras cuadras, los dos lanzados hacia los doscientos metros últimos, hacia la foto-finish de la gloria. Pasan frente a mí como bólidos de Formula 1, pero las imágenes quedan talladas en mi memoria para siempre, fotograma a fotograma, grabo con los ojos más que miro. Cesar Marín está haciendo la carrera de su vida, de varias vidas, pase lo que pase en la meta está naciendo un mito en este mismo momento, bajo este cielo plomizo y dentro de un mar de agua, fango y hierba. Al- Mansur y César son uno sólo y también lo somos los miles de pares de ojos que los vemos pasar, atónitos, absorbidos por una escena nunca vista e irrepetible: montando casi a pelo, la silla destensada, caída bajo el cuerpo del caballo, recubierto de barro y sudor, la cara contraída de sufrimiento, sujeto más a las crines que a las riendas, más a la carne y la piel que a los estribos, volcado en una misión suicida, intentando hacer lo imposible, tratando de ganar al que tal vez sea el mejor caballo del continente. Pero ya no importa quien gane, la belleza de esta recta final es más importante que el triunfo.

Están cabeza con cabeza, igualados hasta lo indistinguible, en cada tranco asoma un ganador diferente: Blue-Nile, Al-Mansur; Al-Mansur, Blue-Nile. Ya han pasado, ahora les vemos las espaldas, las grupas, no vamos a distinguir la llegada, habrá que esperar a la megafonía. Faltan 100 metros, no comprendo cómo Cesar Marín se mantiene sobre el caballo, está a punto de caer por el costado izquierdo; no monta, empuja, espolea, corre con su propio cuerpo, tira de su cabalgadura hacia delante, le transmite la poca fuerza que cabe en sus 53 Kilos de gran jinete.

Blue Nile y Al-Mansur se acercan al espejo, no vamos a verlo, la perspectiva es mala, la oscuridad del cielo, algún relámpago aislado, el alboroto de los espectadores, el telón de lluvia intensa, la estela de nubes de barro, dos caballos y sus jinetes que ya han sobrepasado su aguante y corren por inercia. Al-Mansur se ha vuelto a cerrar, apenas lo separa medio metro de las piernas del jockey Inglés. Dos amasijos de barro y músculos hacia un final de vértigo. Cincuenta metros, las piernas de los jockeys abrazando los flancos, exigiendo el último esfuerzo; treinta metros, las nuestras también, pateando el hormigón de las gradas; veinte, las fustas vuelan en las manos, los caballos casi chocan, corren ciegos, dando tumbos; diez, cabezas estiradas, tendones a romper, las nuestras, los de ellos; cinco, escalofríos de dolor en la pista, de emoción y placer en tribuna... Ya!, ya está, han llegado al espejo y no sabemos quién ha ganado, ni tal vez los de galería de meta lo sepan.

Ahora llega La Terca, a algo más de seis cuerpos, también acelerando, también sufriendo y luchando por el tercer puesto, que es casi un primero después de lo que acaba de suceder delante de nuestras miradas. Aketegi y Guajira entran luchando por el cuarto lugar, casi igualados, al límite de su resistencia, vaya carrera la de estos dos, en punta todo el tiempo, teóricos comparsas que han rechazado su papel. Increíble Aketegi, totalmente fuera de distancia, exigido por Cristóbal desde el primer metro, y se mete entre los cinco primeros. Después Belle-de-Jour, Tres de Oros y el resto, cubiertos de barro hasta las orejas, exhaustos, distanciados, casi haciendo eses, algunos al paso, incapaces de seguir un ritmo salvaje; los jockeys con los brazos bajados o intentando quitarse el barro de los ojos, de la cara, del pelo; los números invisibles en unos dorsales húmedos, marrones. La carrera ha terminado, ha sido durísima, más allá de lo esperable,

De repente el silencio se adueña de nosotros, un silencio casi reverente, místico, respetuoso ante los que acabamos de ver -la mejor recta de nuestras vidas. Nos miramos, buscamos la complicidad de las caras conocidas, de los perros viejos en esto del Turf; sonreímos felices, sabemos que esta carrera se recordará por siempre, que Cesar Marín y Al-Mansur se han ganado el Hipódromo del Cielo, que esta recta final tendremos que contársela a nuestros nietos. Todas las miradas se dirigen hacia los altavoces, como si pudiéramos escuchar con las retinas, esperando esa voz mágica que nos diga quién ha ganado. Silencio espeso, expectante, casi sólido...
Atención, resultado provisional de la Quinta Carrera, Gran Premio de Otoño: Primero, caballo número... “
Explosión, escándalo, no se escuchan las posiciones; manos levantadas, gargantas que se quiebran; apuestas perdidas que vuelan rotas como confeti; carreras hacia las taquillas, hacia la meta y la entrega de premios; empujones, gritos histéricos. Otros nos quedamos quietos: la sonrisa esbozada, la mirada brillante, los ojos abarrotados de imágenes, recuerdos que ya son parte de la historia, inolvidables, gloriosos.

La grada se va vaciando, quedamos pocos, tal vez un centenar, los rostros habituales, los que coincidimos en los entrenamientos, las tertulias, las subastas; los locos de este deporte. Sé lo que están sintiendo, lo mismo que yo: felicidad inmensa; incredulidad ante lo visto, incapaces de digerirlo; gratitud por haber estado hoy aquí, no cambiaríamos esta recta final por nada del mundo; tristeza por saber que ha terminado, demasiado breve, demasiado intenso, queda un año hasta el próximo Gran Premio y tal vez un siglo hasta uno como este.

Bajo poco a poco las escaleras, apartando con el pie los montoncitos de boletos rotos, las revistas arrugadas y encharcadas: restos de la batalla. Melancólico y feliz, absorto en mis pensamientos, noqueado, inmensamente triste y alegre a la vez, mis pasos me llevan fuera del hipódromo. Aún queda por celebrarse la última carrera, pero es igual. Voy paseando lentamente por los caminos entre las gradas y el bar, rodeado de hierba y de algunos que corren a recibir al ganador, triunfante en el recinto de pesaje. Sigue lloviendo, pero ahora más suave, más lento; una llovizna agradable que se filtra en mis pensamientos. Salgo por la puerta principal, desierta, parece que todo el mundo está haciendo cola ante las taquillas de cobro o jugando para la siguiente. Al llegar al coche echo mano al bolsillo para coger las llaves y toco unos papeles: mis apuestas. Enciendo el motor y el coche arranca a la primera. Tengo que maniobrar para salir del aparcamiento, y luego trato de enfilar por la carretera. Es casi inútil, debería concentrarme en la circulación pero no puedo, sigo lleno de escenas de lo ocurrido en la pista, mis ojos ven caballos, hierba; emoción y sudor. Pero lo que hay delante son coches y más coches y una carretera mojada; el tráfico reclama definitivamente mi atención, es denso un domingo por la tarde, me sorprende, resulta que no está en el hipódromo toda la ciudad. Pongo la radio y están informando del resultado definitivo sobre una música de fondo suave, aséptica: ha ganado Al-Mansur, a corta cabeza Blue Nile, a siete cuerpos La Terca, cuarto Aketegi, quinta Guajira. Era cierto, ha terminado, ya hay incluso resultado definitivo. El ganador de Al-Mansur se debe pagar bastante bien. Llevaba unos cuantos miles, soy casi rico.... Bueno, ya lo cobraré otro día en las oficinas del centro.

Deseo que al llegar a casa pasen la carrera por televisión, me gustaría grabarla en video, volver a ver A Cesar Marín colgando, nadando en barro, a Al-Mansur al límite, a Guajira, a Aketegi...

Dedicado a Rheffissimo y Red Regent; y a Román Martín, por hacernos vivir la recta final más bonita que recuerdo. Y a Ceferino Carrasco, Cristobal Medina, y tantos otros que nos hicieron sentir la magia. Gracias.

martes, 12 de noviembre de 2013

Lester Young, acostándome y levantándome con él...

Sólo he tenido 3 amores verdaderos en esto del Jazz: Lester, Coltrane, y Miles. Prez fue el primero, y ese amor no se olvida.

Era un hombre melancólico, la música ideal para mi estado. Las polémicas sobre si perdió o mejoró tras su estancia en el barracón de detención, y ser licenciado "con deshonor" del ejército, seguirán abiertas por siempre. A mí, la verdad, me-la-pela. No soy músico, y por tanto no puedo entender de si perdió facultades técnicas o no. Sólo sé de EMOCIÓN, y de eso va Lester sobradísimo, a lo largo y ancho de toda su genial carrera. Es absolutamente increíble, nunca hubo ni habrá nadie como él. "Yo sólo soy un músico de swing", decía, con su característica baja autoestima.

Si hay alguien por ahí que aún no se haya metido con LY, yo le recomiendo las "Aladdin Sessions" para empezar, una preferencia personal como cualquier otra:






O sino, que además andan muy baraticas, las dos cajitas de "The small group sessions"




Y POR SUPUESTO, una de las obras cumbre del Jazz, Lester y Billie, el amor imposible (cómo me gustaría ser capaz de escribir una novela sobre el tema, redios)


Hala, ahí os dejo con deberes!!

Y de paso recupero un "poema" (sic) que escribí hace un tiempo.


Se me escapan las metáforas,
intento describirlo y se atragantan las palabras
que hubieran solventado y matizado lo que siento.
Grandioso, esa pobre palabra
es todo lo que se me ocurre .
Escucho y mi mente parece despegar,
hablándose a sí misma con imágenes y símbolos.
Veo carteles de musicales de Broadway.
Tenía escritas un montón de palabras inconexas
en un pedazo de papel.
He tirado el papel pero su nombre aparecía en él.
Me encuentro de nuevo
en el mismo estado de bloqueo paralizante.
Escucho y pienso que ni siquiera oigo,
dudo de que las piernas me sostengan.
Consigo reestablecer
todas las lineas de comunicación
entre corazón y cerebro.
El placer y la incredulidad caminan de la mano
Como dijo Sherlock Homes,
una vez eliminadas todas las explicaciones imposibles,
lo que queda es la respuesta,
por improbable que pueda parecer.

La respuesta es que existió, de eso no hay duda.
Y sonaba así.
Pero eran 2 hombres,
eso lo es cualquier persona
que existe en el mundo real,
y una personalidad que crea mundos

Pobremente he intentado describir lo que sentí
la primera vez que escuché a Lester Young.

De regalo, algunos videos:


Una de sus obras maestras "Lester Leaps In"



Y el último adiós entre los amantes más trágicos de la historia del Jazz


lunes, 11 de noviembre de 2013

Sobre la entrada "Busco blogs de relatos cortos y poesía"

Ya me perdonareis que aún no os haya visitado a todos, pero desde que estoy "namorao" ando un poco lelo, jaja  A ver si entre esta semana y la que viene cumplo con los deberes. Me alegro de que esta entrada haya servido sorpresivamente para un propósito para el cual no estaba destinada a priori: que un montón de blogs literarios se conozcan entre sí. Cuantos más seamos más nos reiremos. Salud!!

Ando con el Blues Triste estos días...

No me refiero a que estoy obseso con la música Blues (que también) sino a su segunda acepción (melancolía, tristeza). Vamos, saberlo ya lo sabía anticipadamente, todos los años es la misma puta historia: bajonazo blue en otoño, bajonazo blue en primavera..."I woke up this morning/feeling so sad"

Ahora he pìnchado a Sinatra, etapa Columbia, para sintonizar la mente y el alma (tristes), con una música también triste. Resulta curioso, cuando estás de depresión, lo que te cura es un ambiente musical también de depre. No se trata de pinchar a Metallica para animarse, se trata de fluir con la melancolía y dejarla curarse poquito a poquito. Por primera vez en varios lustros soy "víctima" ;-)) de un amor correspondido, que me entiende y apoya, y eso ayuda un huevo.

La verdad es que con la que está liada en Filipinas no debería quejarme de nada, pero necesitaba desahogarme dando el coñazo otra vez. A ver si se me ocurren relatos, pero by the moment sigo seco...

viernes, 8 de noviembre de 2013

¿Cuantos relatos sobre músicos callejeros he escrito ya?

La verdad es que he perdido la cuenta, pero al menos deben de ser media docena. Ya os habreis dado cuenta de que ando seco para escribir, así que simplemente os contaré mi encuentro de hoy.

Hace ya días -bastantes- en que me quedaba con un saxofonista alto que toca en la esquina de mi calle. Hoy venía de comprar tabaco con unas monedillas, y le he preguntado a ver dónde se las echaba, pues nunca le ví con ningún recipiente a tal propósito. Me ha contestado que de momento no pedía nada, que se arreglaban bien su mujer y él con la pensión: toca en la calle porque le resulta placentero e inspirador. No es que toque exactamente Jazz, no es un gran improvisador, pero tiene un tono muy chulo.

Si ya pensaba que mi fascinación por los intérpretes de la calle había tocado techo, topar con alguien que no lo hace por dinero supera mis límites. Me recuerda al personaje de un relato que tengo en papel y que por pereza no transcribo.

Hemos estado un buen rato charlando, y me ha comentado que tocó en varios grupos de la "movida viguesa". Resulta estimulante que a sus 71 años un músico no pierda la ilusión.

Bueno, That's all folks ! . Disfruten de la noche de Viernes, y, a ser posible, no beban.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Me ha vuelto a picar el Bitxo del BLUES

Cuando empecé mi aventura bloguera, allá por Abril del 2010, estaba en una fase exclusivamente Blues, y lo más que me alejaba era la Allman Brothers Band (pan con pan...). Asi que creé mi primer blog :

http://elbluesyotrashierbas.blogspot.com.es/

La etapa Blues duró cerca de dos años (!), dos años en los que disfruté como un niño levantándome con Rory Gallagher o Eric Sardinas, y acostándome con Charles Brown o Li'l Son Jackson . Hacia mediados del 2012,  mis intereses musicales variaron, y dejé de escribir en el Blog, aunque ahí sigue para quien le interese. Pero ahora que he vuelto al seno materno, a mi verdadera esencia musical, existen posibilidades de que lo reabra.

Recuerdo con cariño aquellos años; en que, pese a las recaídas de mi enfermedad, fui bastante feliz. Fueron tiempos de repasar mi discoteca, comprar más, y sobre todo bajar y tostar como un poseso. Debo de tener unos 350 CDs de Blues tostados. Cuando se lo comente a un coleguilla punky su respuesta fue "Ah...¿Pero hay tantos?". No es criticable, tan solo demuestra la inmensa marginalidad de este genero, del cual el común de los mortales sólo conoce a BB. King.

Sin embargo, sobre una estructura tan sencilla, la variedad es infinita. Escuchar al legendario Charley Patton y luego al joven Kenny Wayne Shepherd te hace creer en la existencia de universos paralelos.

Soy incapaz de explicar lo que significa el Blues para mí, simplemente es mi columna vertebral.

Os dejo con con un yotuff de mi blues-rocker actual de cabecera, el gran Eric Sardinas.