miércoles, 8 de enero de 2014

¿Dónde estabas?

Te he buscado en cuerpos vacíos, en mentes sin rumbo, en corazones de piedra...Y, como por sortilegio, apareces 26 años después de comenzar mi ruta indecisa y carente de sentido. Primero fue tu descubrimiento de mi blog, entre una maraña indescifrable de ellos. Unos mensajes, mucho teléfono...y por fin te decides a conocerme. Yo ya estaba coladito, ¿sabes? Pero ya no esperaba nada, ni siquiera una pequeña aventura. Como decía Bioy Casares "y de repente hubo un día en que me dí cuenta de que era invisible para las mujeres". Así me sentía yo desde hace unos años. Pero no, tú me volviste visible, asible, tocable, deseable...y digno de amor. Te arrojaste al magma de mi enfermedad con cariño y valentía. Y me has cambiado. Creo que he aprendido a amar de verdad, por reflejo de tu amor. ¿Es incondicional la palabra? Usada y pocas veces cumplida, parece ser real al fin.

Me iluminas, me llenas de ilusión, anhelo actitudes que creía perdidas en el tiempo, deseo actividades que perdí en las crueles estalactitas de mi trastorno. Y sí, me has transformado en un ser digno de un cariño inmenso, un cariño que hace eones creí dejar de merecer.

No tengo forma de agradecértelo...o quizás sí. Sé que mi amor te llena el espíritu, no tengo mejor pago que darte. Y se acerca mi 47 cumpleaños y volveré a celebrarlo, creo que por primera vez en este milenio. Sí, hay mucho que celebrar; estuvieras donde estuvieses, te has materializado ante mis ojos y ya no puedo apartarlos de tí. Gracias, mi amor, quiero que me acompañes hasta que desaparezca de la tierra. Te amo.

2 comentarios:

  1. Me alegra leer un post tan lleno de espíritu positivo. pero sobre todo de verdadera felicidad.

    Un abrazo.

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  2. Es que mi chica me hace muy muy feliz, y me sale por todos los poros

    Un abrazo!!

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