miércoles, 12 de febrero de 2014

COMPARTIENDO

Un vecino de mi barrio. Un veterano. Ya cumplidos los 63 años. Aún iba con su Scooter a todas partes. Recordando los viejos tiempos en que fue 5 veces campeón de España de 250 cc. Nos conocimos en una cafetería, los dos leyendo. Él una historia de los inicios de la ciencia en la Grecia clásica, yo una antología de Jorge Guillén. Entre dos "raritos" leyendo se establece una complicidad que acaba en diálogo. Él era una autoridad en Ciencias pese a haber estudiado Filología Hispánica. Igual que en mi caso, con una carrera de Químicas y experto en los "Episodios nacionales" de Pérez-Galdós y mucha narrativa y poesía en general. Dos carreras confundidas. Dos vocaciones erradas, cubiertas cuando el tiempo lo permitía.

Nos caímos bien inmediatamente. Siempre sabíamos que a eso de las 5 el otro estaría en la cafetería, y tras nuestros cafés salíamos a dar una larga caminata. No sólo era un experto en muchas areas de la ciencia, desde la física cuántica hasta la vida de las tortugas marinas. Había leído de todo. Para mí, era un placer escucharle, aprendía muchísimo. Un cinco veces campeón de españa de 1/4 litro tenía muchas historias que contar. Además había sido marino de la mercante, y conocía, si bien superficialmente, docenas de países. Con él aprendí de los libros y de la vida. Yo no creo haberle aportado mucho, salvo quizás mi entusiasmo juvenil (nos llevábamos 35 años) y mi afición al Rock clásico. Resultaba curioso ver a un canoso señor de su edad con una camiseta de "Abbey Road" o "Dark Side of the moon".

Los Sábados por la tarde, a eso de las 9, quedábamos en la cafetería a tomarnos una par de whiskys. Aunque se rumoreaba, aún no había entrado en vigor la ley que prohibiría fumar en cualquier lugar público, y ambos eramos fumadores: él en pipa, yo de puritos. Un día le presté "Trafalgar", y se quedó prendado de Pérez-Galdós. Yo tenía casi completa la colección de los episodios, y periodicamente le prestaba alguno. Él me dejaba de divulgación científica, pero, pese a mis estudios de química, nunca llegué a entender la Teoría de la relatividad ni la Física cuántica. Tampoco había sido un alumno brillante, lo confieso.

Un día, el dueño, de unos 40 años, se metió de forma agria en nuestra conversación sobre mujeres (era un machista recalcitrante) y Juan lo único que le dijó fue "Respeta las canas, joder!!!". Y se marchó. Nunca volvió a las cinco, nunca volvió los sábados a las nueve. No habíamos pisado la casa del otro, y como era un hecho cotidiano el encontrarnos a las 5, tampoco habíamos intercambiado teléfonos. De eso hace 3 años y sigo sintiendo su falta, nunca nos hemos cruzado por la calle. Yo sigo volviendo de vez en cuando, pero en balde. Una amistad rota por un gilipollas.

5 comentarios:

  1. Hermosa historia de amistad, ligada a la pasión por el conocimiento. No hay mayor tesoro en esta vida que charlar con alguien y que las horas pasen sin que te des cuenta. Verdaderamente, era un gilipollas integral. Un abrazo.

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  2. Jo!!! Una historia brillante y preciosa! Pero... un final extraño. Por el hecho de que no volviera. Creo o supongo que algo debió de ocurrirle, porque si no es difícil de entender o explicar. Sobre todo cuando ya eráis buenos amigos y contigo no se enfadó.

    Un abrazo!

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  3. Sí, Marta, eso de que las horas pasen sin enterarte...Yo supongo que lo que quería transmitir -quizá no del todo conscientente- era precisamente lo que echo de menos, tener un referente de mayor edad que la mía, alguien que no hable de intrascendencias de bar sino de quien aprender. Lo he vivido en mis embarques, yo les explicaba como se distinguía un macho de una hembra y esas cosas que les interesan, pero aprendía infinitamente más (de ahí mi dedicatoria a los tripulantes del Buraz).

    Moderato, yo lo que creo (porque mis relatos se escriben solos) es que un señor culto e interesante, de cierta edad, no está ya para aguantar chorradas de un tipo 25 años más joven. Valoro mucho el respeto (aunque como todos meo a veces fuera del tiesto) y creo que Juan se indignó justamente ante la irrespetuosa intervención del pazguato ese. Me parece lógico que no volviera, yo a su edad y con su cultura habría hecho lo mismo.

    Me alegro de que en general os haya gustado. Gracias por intervenir. ABRAZOS

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  4. A pesar de tu explicación, mí también se me hace difícil entender que no tratase de seguir en contacto. Aparte de esto, siempre he pensado que tenemos mucho que descubrir en la gente mayor, a los que generalmente se les aparta como objetos inservibles que sólo sirven para molestar. Bueno, reconozcámoslo, en algunos caso es así, pero por lo general, siempre se aprende escuchándoles.

    Jo, chico... Tu blog me tiene maravillado. La mayoría de historias que escribes no son del tipo que suelo disfrutar y, sin embargo, me encantan. Son como pequeños retazos de vida que esconden experiencias de esas que se recuerdan siempre. Un logro tuyo. Felicidades.

    Un abrazo!

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  5. Gracias por los elogios, Mister. Igual son como retazos de vida porque me gusta mucho escuchar a la gente normal que tiene algo que aportar. Recuerdo que un fotógrafo muy famoso -no recuerdo el nombre- decía que sus mejores fotografías no las había hecho a más de 3 km de su casa. Yo estoy convencido de que vivo en el mejor barrio de Vigo, un barrio "real", no sé si me explico: pequeño comercio, gente trabajadora y modesta...mucho paro también, por desgracia, aquí golpea muy duro. Gente que se ha echado a la calle a cantar excelentes tangos o blues, o incluso a tocar modesto jazz..gente que te cuenta sus recuerdos y experiencias y alucinas, personas que te enriquecen, vaya.

    Sobre lo que sudeció en la cafetería... yo creo (o quiero creer) que el veterano se acercó alguna vez a buscar a su joven amigo, simplemente no coincidieron.

    Un abrazo !!

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