sábado, 8 de febrero de 2014

En ese pequeño pesquero

Creo que nunca he sido más feliz. Ni cuando en el "Luna de plata", en un torrido verano, me leí -en 4 días tirado en cubierta casi en pelotas- "La guerra del fin del Mundo".

Mi felicidad llegó a última hora del último día, cuando el temporal nos dio un respiro.Llevábamos 4 días así, y yo salvé mi rostro, y quizás mi vida. Estaba orinando con mi cara a 20 cm. de un ojo de buey, y las olas hicieron saltar en añicos el contiguo. Al principio no fui consciente, pero al cabo de un rato comprendí que por un metro me había salvado.

Eso era un jueves, y el viernes amaneció despejado, una de las locuras de este tiempo gallego.

A las cinco de la tarde pusimos proa a costa, para vender en la lonja nuestra escasa cosecha.

Y de repente ocurrió el milagro que recordaré en -espero- mis futuras reencarnaciones. Una pareja de simpáticos delfines se acercó a menos de un metro de la borda, con el sol del anochecer de fondo, y nos acompanaron hasta casi el puerto. Un metro, un metro nos separaba de ellos. Tanta fue la emoción que me olvidé de todo, incluso de que tenía una cámara de fotos en el camarote. Es igual, toda la escena está grabada a fuego en el DVD de mi cerebro.

En mis numerosos embarques me he sentido acompañado por cientos de estos inteligentes cetaceos, pero no he vuelto a vivir esta escena.


Dedicado a los tripulantes del "Buraz", que me acogieron muchas semanas con su cariño, y perecieron en un maldito naufragio

2 comentarios:

  1. Qué tal? A veces, la diferencia entre la suerte o el infortunio está en algo tan insignificante como un simple metro de distancia.

    A raíz de tu dedicatoria he estado buscando información del naufragio del "Buraz". Tengo que decir que tu relato me ha parecido un bonito homenaje para los tripulantes.

    Un saludo.

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    1. La verdad es que el naufragio del buraz fue algo horrible. Me llama una compañera del oceanográfico y me dice "Mario, pon la gallega, se ha hundido un barco de Ribeira, igual lo conoces"

      Cuando ví que era el Buraz me quedé catatónico, joder, allí habia muestreado media tesis. Nunca dejaron de pensar que yo era un biólogo locuelo, pero se desvivían en favores conmigo.
      El patrón de costa (hijo del armador) y yo nos enriquecíamos mutuamente de conocimientos en esas largas noches a la espera del mejor rape y la mejor cigala.

      En fin, que siempre se menciona la mina, pero la pesca es brutalmente dura también.

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