lunes, 3 de febrero de 2014

HORMIGÓN (y lágrimas)

Doblada el alma. Retorcida como el tronco de uno de esos torturados bonsais. Retorcido también el cerebro, colgando cabeza abajo cual murcielago en su cueva. Inexistente el corazón, o quizás transformado en un pequeño hexágono negro que dolía y dolía.

Ni él mísmo podía saber como conseguía responder a las preguntas de los periodistas, contestar a los e-mails procedentes del mundo entero.

Una maldita subvención que los políticos habían rechazado sistemáticamente. Tan solo pedía construir dos muros de hormigón armado, ya sabía que tarde o temprano tendría que ocurrir.

Voluntario, voluntarioso. Era una de esas personas que empeñaban su ser en lo que hacían, sin pedir nada a cambio. 20 años así..

El centro de ese micromundo, la envidia de todos los centros de investigación, de todas las universidades...

¿2 millones de euros? ¿Se puede valorar ese destrozo?

Yo estuve allí con mi gran amigo Ángel. El espectáculo era fastuoso, sobrecogedor. La mayor colección de Calamares Gigantes del mundo.

Luarca. Museo muerto en pleno temporal por no querer construir dos malditos muros de hormigón

Luego la boca de esos bastardos se llenará hablando de I+D+i. Losas de hormigón en vida es lo que merecen.

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