sábado, 1 de febrero de 2014

Mi perra y mis fantasmas

Siempre tuve claro que querías a mi perra más que a mí. Con tu hijo era lógico, si no le quisieras más que a mí sería la definitiva evidencia de tu desequilibrio.
Que tu hijo quisiera más a Saritah también entraba en lo normal. Era cariñosa, mimosa, retozona, divertida y suave.
Lo que no entiendo es qué pintaba yo de cuarto ángulo de ese triangulo de playa de invierno.
O de quinto angulo de una ya colmena que incluía a tu novio de Skype.

En todo caso...¿qué pintaba yo en tu vida?
Me decías que no fuera demasiado cariñoso delante del chavalillo.
Y luego me reprochabas no ser cariñoso.
Había que respetar las formas, pero luego follábamos a puerta abierta al lado de la habitación del niño.
"Sexo tántrico" le llamabas, algo que no habías sentido con tu legión de amantes.
 
En cualquier caso, ni Saritah ni yo estamos ya en tu vida.
Y sinceramente te diré que quise mucho más a Saritah que a tí.
Y ahora no encuentro el mechero; he perdido el Zippo de los Beatles, lo cual también duele más que tu pérdida.
A ver con que demonios les doy fuego a mis fantasmas, precisamente hoy que nos tocaba hablar de la CNT en la guerra civil.

2 comentarios:

  1. Un relato magnífico, en su forma y en su fondo, felicitaciones.
    Un saludo

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  2. Gracias San, me alegro de que te haya gustado. No estoy muy inspirado, me dedico a repasar viejos relatos del fondo que tengo por ahí, los corrijo, los retoco lo necesario, y los publico. Pero quizás sea la forma de llamar a la inspiración momentaneamente en fuga. Un saludo.

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