lunes, 8 de septiembre de 2014

PERDIDO





Perdido, sí, como decía el Duque. El gato había orinado en el doble vinilo de Muddy Waters y le pareció una señal para empezar a ordenar sus discos de Blues. Había ido acumulándolos según los escuchaba, en su última fase bluesera, hace un par de meses, y ya no localizaba los de Son House. Se sorprendió de tener tantos, y lo celebró pinchando "Highway 49". Era un viejo CD de novena mano, comprado en aquel encantador cuchitril, enano rastro gigantesco, al cual sólo se acercaban los locos que buscaban ese objeto que alguien había despreciado.

Callejas retorcidas, barrios en los cuales la palabra "paralelas" no existía, y como recompensa, al final se hallaban aquellas oxidadas persianas, siempre abiertas, en lluvia y en domingo, en nieve y en puente. "Trazo de tiza" de Miguelanxo; una tetera de cobre, gigantesca; aquel poster de unos R.E.M niños y melenudos., muchos libros de Stanislaw Lem, ilegibles por la traducción del polaco al mexicano; y la primera edición irlandesa de "Shades of blue orphanage"....parte de su cosecha antes de que los buitres orinaran por la calle y un banco creciera donde tantos sueños recordados se acumulaban.

Venganza. Ocho meses sin poder comprar nada, el número 1 de "National Geograhic - Historia" ajado de releído, y las mañanas de los sábados convertidas en resaca en lugar de ilusión a la caza de la sorpresa.

Venganza. Ocho meses sin poder pasear por el barrio le habían convertido en un geniecillo de internet. La deepweb era su casa, y la sucursal -que había edificado su dinero robado sobre el almacén de maravillas- tenía medidas de seguridad de chocolate derretido.

Sí, hacer una transacción era fácil. Tres millones doscientosmil euros andaban sueltos y sólo Marcos lo sabía. Interés en pasarlos a su cuenta no había ninguno, sin la tienducha de viejo ya no tenía dónde darse caprichos. Pero había otros planes más interesantes: conocía el número de cuenta del jefe político de los yihadistas españoles, y el del fiscal antiterrorista. Una transferencia, un chivatazo, la brigada de delitos informáticos sedienta de gloria y sangre, un juez honrado...Nadie le devolvería los cinco años encarcelado por no quemar un contenedor, pero aquel fiscal sabría que con los expulsados del sistema ya no se juega.

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