lunes, 28 de diciembre de 2015

ME ENCONTRÉ CON EL DIABLO EN UN CRUCE DE CARRETERAS...

...y me dijo:
-Quiero comprar quince años de tu vida...

y yo le contesté:
-¿Qué me ofreces a cambio?

me miro sonriendo y habló:
-Pide tú el precio...

no me hizo falta pensarlo:
-Te los vendo a cambio de no sufrir nunca más por un cerebro que viaja constantemente del pasado al futuro, yo quiero saber vivir el momento presente con plenitud...

me guiñó un ojo:
-Coge tu viejo vinilo de Blind Willie Johnson y que nuestras sangres se crucen sobre sus surcos, así cerraremos el pacto...

Así lo hicimos, y ya cuando se marchaba giró la cabeza diciendo:
-Por si tenías curiosidad, estabas predestinado a vivir hasta los 85 años, ahora sólo vivirás 70...

"He hecho el mejor trato de mi vida" pensé, y me reí de la paradoja. Pero sin embargo, aún le pregunté:

-¿Qué vas a hacer con esos 15 años?
-Ya los tengo apalabrados con un anciano banquero agonizante, a cambio de su alma y su dinero.


Y se marchó silbando aquel viejo Blues que hablaba de encontrarse al diablo en un cruce de carreteras...

jueves, 3 de diciembre de 2015

Under the influences





Una tesis doctoral sobre Galdós y una novela de ciencia-ficción de 258 páginas en los últimos 4 años le había parecido abordable a un joven de 25 años; al adulto de 30 en que se había convertido le parecía una verdadera locura. Ahora tenía tiempo y dinero y nada que decir, y solo pensaba en que se había convertido sin pretenderlo en su adorado Truman Capote, y no en Bob Dylan.

Le habían dicho que la marihuana acrecentaba la creatividad y él, que ni siquiera había probado la cerveza, pronto se encontró fumando tres porros diarios. Escuchaba a Pink Floyd, a los primeros Floyd, y veía la música en colores, acordes de verde azulado y de naranja. Releyó varios volúmenes de relatos de Philip K. Dick y empezaron a ocurrírsele estrambóticas ideas sobre una novela en la que Dick seria el protagonista de uno de sus propios cuentos. La idea realmente no era mala, y nunca había tenido miedo al folio en blanco, asi que se puso a ello. La verdad es que su trabajo de bibliotecario era una bendición, de las 8 horas diarias le quedaban 6 para documentarse y escribir, en esta era de descargas gratuitas coger en préstamo un libro de papel se había quedado "demodé".

Al salir del trabajo iba a comer al mismo barcito de los últimos 5 años, rica y barata comida casera, y total confianza para pagar cuando le viniera bien si andaba escaso. Era el bar más antiguo del barrio, lo cual lo situaba sin duda en el Siglo XIX, y pese a la confianza, nunca se lanzaba a pedirle a Paco que le contara historias vividas desde tiempos de, al menos, su tatarabuelo. De hecho no lo hacía por respeto, un extraño respeto que le impedía decirles a Mariló y a su marido que ese era, en definitiva, su gran proyecto de novela final. Nuestro protagonista era un tipo sencillote y campechano, un gigante de casi dos metros, todo hueso, incipientemente calvo y encorvado, vestido con lo primero que encontrara al levantarse. Pero notaba, y le incomodaba, ese casi reverencial respeto de los parroquianos -y del resto del barrio- al doctor y novelista. No sabía si a la pareja que regentaba el bar les parecería su proyecto un halago o una ofensa. En cualquier caso, sabía que se decidiría, mirando hacia atras veía a un tipo valiente: como cuando, recién acabada la carrera, se plantó por cabezonería en Oviedo, con 80 euros en el bolsillo, 30 libros y algo de ropa. Su ilusión era hacer ese doctorado con aquel maestro, y no se le cayeron los anillos por dormir varios meses en una okupa.

Ya había estallado la tercera guerra mundial, Rusia bombardeaba posiciones turcas, los USA habían invadido Siria, Grecia se encontraba en una encrucijada entre Oriente y Occidente, la sangría de atentados suicidas yihadistas en Europa era constante, los refugiados morían por millares en las blindadas fronteras, y el ultraderechista gobierno español, alineado con los USA, para variar, enviaba sin cesar tropas a la frontera iraní. El ataque con bombas atómicas era inminente. Y él decidió, con valor, conocer de primera mano todo aquello. Grecia era su primer objetivo, y de allí a la sufriente Siria. Olvidó sus proyectos de novela, y se lanzó a la más sangrienta aventura de su vida. No pudo resistir el horror Sirio y se trasladó a una Rusia, al gran oso ruso, que jamás nadie había podido invadir. El transiberiano era su gran sueño, Moscú-Vladivostok, 9000 kilómetros. Le sorprendió la paz que se respiraba, aquellos lugares, míticos en su imaginación desde que leyera "Miguel Strogoff", eran ajenos a todo conflicto. En Vladivostok terminó por instalarse y parió novela tras novela, mientras la guerra seguía, mientras Manhattan era ruina tran un ataque inedintificado con bombas atómicas. Pero él era feliz, ya escribía sus novelas en ruso y gozaba de relativo éxito. A veces añoraba el barcito de su barrio, pero se casó,tuvo hijos, se nacionalizó ruso, y se olvidó de la guerra. Vladivostok estaba demasiado lejano al conflicto, a veces llegaban noticias, que parecían proceder de Venus.. Ya un reputado novelista, sabía que había hecho lo correcto. Amaba Rusia, y Rusia le correspondía. Llegó hasta los 110 años y la guerra aún no había terminado. Sería eterna, pero, sinceramente, le importaba una mierda. En su epitafio se leía "Siempre hizo lo correcto". Cuando por fin la guerra llegó a Vladivostok, su tumba resistió milagrosamente. Era un hombre con suerte.

domingo, 22 de noviembre de 2015

NI NAIZ NAIZENA (soy lo que soy)






Una amiga me dijo una vez que yo podría tener orgasmos musicales. La creí sin entenderla, y ahora estoy teniendo lo más parecido que puede existir: un orgasmo triste. Tengo escalofríos de placer y de tristeza, la cabeza me tiembla, las lagrimas me humedecen, siento las uñas despegarse de la piel de los dedos; las manos flotan sobre las teclas, respiran sobre ellas sin tocarlas, no entiendo cómo escriben. La columna vertebral se atraviesa de dolor y melancolía, de un liquido enérgico pero mortal. Y siento que puedo volar, ver todo el mundo desde arriba; saltar desde mi terraza, a dos palmos de este ordenador, y planear sobre todas las cosas que no quiero ver existir. Y Delirium Tremens sonando, atronando en una vieja cinta de cassette; las guitarras aceradas inundan la habitación y siento que... ni naiz naizena.

Es un sábado por la tarde, anochece, un sábado cualquiera hasta hace un minuto. El viento sopla ahí afuera. Las nubes negras y algún chaparrón se mezclan con el último resol brillante y rojizo; estamos en Vigo, en el peor invierno que Galicia, una Galicia inundada y atónita, recuerda. Afuera llueve y aquí hace frío, pero me sudan las manos que resbalan sobre el teclado, sudo por todos los poros de una piel que añora la tuya. Siento que te amé tanto que todo lo que me queda es un camino hacia abajo. Y Delirium Tremens sonando en el cassette, esas guitarras, y siento que... ni naiz naizena.


¿Cuántos años hace que perdí esta cinta, lo recuerdas, Nerea?. Tú estabas en Vigo, estábamos a punto de salir de casa para ir a ver a Negu Gorriak, prometía ser un gran concierto. Tocaban en la Sala Óxido... y también llovía, un anochecer de invierno. Habíamos quedado con Asier en la plaza de los caballos: estábamos ya preparados, a punto de salir de casa, de aquel piso de Fragoso al cual nunca he podido volver, y que aún hoy imagino lleno de fantasmas de nuestro amor, de nuestro sexo también. Y a última hora yo me empeñé en escuchar un poco de música para prepararnos, un grupo que siempre he adorado: Delirium Tremens. Y mi canción favorita: Ni Naiz Naizena.

De repente todo se torció. Era uno de esos días en que yo no estaba para bromas, y había bebido demasiado. Todo se tuerce aún en mi memoria: la cinta no aparece, en la caja hay otra, confundida; no la encuentro, me revuelvo, me enfurezco; todo tiene la culpa, tu también, cariño; no puede ser, no me puede estropear el ambiente una maldita cinta que no aparece; necesito escuchar esa música antes del concierto, mi alma lo necesita, necesita esa canción; grito y siento frustración, rabia: ¿porqué tienen que pasar estas cosas?, estas pequeñas catástrofes que te arruinan un día perfecto, que te estropean un concierto con tu chica, música para después de hacer al amor. Me rompo por dentro y rompo por fuera… pierdo el control, lloro: necesito esa canción. Pego una patada a la caja de las cintas, otra al cassette...; y así hasta que consigo envenenar el concierto y un poco más nuestra relación. Pero a pesar de todo aún me quieres, aún...ni naiz naizena.

¿Cuánto ha pasado desde aquello, cinco años tal vez?. Cinco que parecen mil y también ninguno. Y hoy, hace un minuto, este eterno e intenso minuto, rebuscando sin saber porqué entre mis olvidadas cintas de los Ramones, abro la caja de "It's Alive" y veo escrito, en la etiqueta, sobre la cinta, en mi antigua letra mayúscula: "Delirium Tremens". Al principio no entiendo; ¿que pasa aquí?, esto no es el "It's Alive"…! Y de repente entiendo: la cinta siempre estuvo ahí, descolocada, agazapada, aguardando. Y todos los recuerdos vuelven a mi cabeza, inundan la frente, chocan contra ella desde dentro amenazando romperla. Todas las conexiones del cerebro se colapsan, sumando: Nerea, mil Nereas, "mi" Nerea, eterna, bellísima y sonriente Nerea; las fiestas de la Facultad en Santiago, la cabeza dentro de los bafles al escuchar "Boga Boga"; otra vez Nerea, el piso de Fragoso; Oskar y los contenedores de basura; Negu Gorriak y Asier; Nerea, Nerea... y... ni naiz naizena.

Saco la cinta temblando y la pongo en la pletina, apago el CD de los Replacements y... suena el principio de esa canción, reconocible entre millones. Esa voz tan especial, las guitarras llenan el aire: ...ni naiz naizena.

No puede ser, la cinta llevaba así mas de cuatro años, en el principio de esa canción, mi favorita (más que eso, una de las canciones de mi vida, de las cinco ó seis que quiero pinchen a mi muerte), esperando para este momento, para este sábado de diciembre de muchas lluvias después. El volumen a tope, y el tiempo no ha pasado, este grupo sigue sonando tan bien como antes. Un disco que había buscado cientos de veces, en Donosti, en Vigo, por Internet... sin éxito. Y ahora, sin avisar, esto: un regalo del pasado que me ha dejado sin respiración. ¿El tiempo existe, o es sólo una invención?. No, es obvio que existe porque ya no estas a mi lado, Nerea, Nere, Haizea... (¿Te acuerdas? : Te llamaba Haizea a veces, Haizea por el viento que entró en mi vida contigo, Haizea por el viento que dejó todo despeinado, bendito viento que es lo único que aún conservo de ti). Pero hoy, ahora, ese viento se ha llevado el tiempo. Como si entre estos dos instantes, separados por muchos años, sólo hubiera transcurrido un segundo: el tiempo se ha contraído, hemos atravesado un túnel, un agujero negro. Todo está aquí, nada es mentira. Tú eres aún mi chica y...ni naiz naizena.



El pasado es presente, seguimos en Fragoso, falta una hora para el concierto: Nere, cariño, la cinta ha aparecido, tenemos ambientación para el concierto de "Negu"; todo está bien, Nerea, te amo, siempre te querré; vamos a disfrutar del concierto y a bailar como locos, ya no voy a perder la cabeza, mi amor. Pero antes vamos a escuchar... Delirium Tremens y esa vieja cassette: las guitarras me hacen sentir que... ni naiz naizena.

(eta beti itsasoan, haizea aurpegian)

viernes, 6 de noviembre de 2015

SACRIFICIO





La había dejado inconsciente con un fortísimo golpe del rodillo de amasar que cientos de veces había torturado su frágil cuerpo. La rajó desde el cuello hasta el ombligo con el cuchillo más grande de la cocina, un verdadero machete con el que ella habitualmente le amenzaba con suicidarse ante cualquier mala acción suya. El corazón aún latía, pero eso no fue problema: con un par de buenos puyazos del tenedor de mango imitación marmol, se quedó quieto. Le costó un buen rato darse cuenta de que ¡¡Por fin!!!, estaba muerta. Corrió hasta el reproductor y el Riff del “Burn” de Deep Purple llenó la casa. Esa voz de Coverdale, por dios, esa voz!!!! Que felicidad!! Casi se olvida de la sartén. Arrancó el corazón y con minuciosidad lo troceó y añadió al sofrito de ajo, cebolla, pimiento y zanahoria. Todo a fuego muy lento, y luego añadiría un pelin de agua y unas patatitas que ya estaban casi cocidas. El bazo lo arrancó y se lo dio a la perra, que lo devoró en dos rápidos bocados, como siempre hacía con cualquier trozo de carne. Para los pulmones tenía otros planes. Aprovechando el buen clima extremeño los colgaría cual chorizos en la terraza semi-cubierta, hasta que se curaran y pudiera hacerse un par de buenos bocadillos. El higado, el higado, ese higado al que tantas ganas tenía. Ese iba a caer crudito a la noche, bien loncheado, como un solomillo sangrante. El resto de ese aborrecible cuerpo, lo cargaría de noche en el trastero del coche, lo enterraría bien profundo en cualquiera de los bosques de los alrededores, y se masturbaría encima.

Sabía que iba a ser una tarea dolorosa, nunca se recuperó bien de cuando le destrozó las 2 piernas con un bate de beisbol, hace 10 años. Ahora, con 25, por fin podría empezar una vida normal, aunque nunca se recuperaría de las secuelas psicológicas ni fisicas, pero pediría cita con la psicoterapeuta del centro de salud, ella podría ayudarle, tenía muy buena fama. Y el traumatólogo le daba cita cada 15 días y le recetaba remedios que aliviaran sus dolores, tenía su móvil, se puede decir que eran amigos.

Las excusas estaban listas. Toda la vecindad sabía que la vida en esa casa era un infierno, así que les diría que se había ido para Guadalajara con sus hermanas, ya se sentía mayor para soportar esa situación. No habría vecino que no la odiara y temiera a la vez (por eso nunca avisaron a la policia), así que sabía que las felicitaciones y alegrías fluirían como champagne.


Cuando cenaba el delicioso higado, regado con una botella de Rioja, hizo un concienzudo repaso a su infernal vida, y llegó a la eterna pregunta. ¿Porqué? ¿Porqué no lo dejó adoptar por otro pariente? Pero la respuesta era siempre la misma : cuando la hermana pequeña de su madrastra murió en el parto, cogió al hijo en adopción para vengarse. Por fin, su verdadera madre había sido a su vez vengada.

lunes, 2 de noviembre de 2015

JOHN COLTRANE


Probablemente la figura de mayor hondura espiritual de la historia de la música, el nombre de 'Trane es habitual que origine reverencias. Incluso cuenta con Iglesia propia

http://www.coltranechurch.org/

y somos legión, entre los que tenemos a otro artista idolatrado (Miles Davis en mi caso) quienes, cuando necesitamos cura espiritual, recurrimos a este hombre y su obra. Algo tiene el agua cuando la bendicen...

Por supuesto John tiene dos estanterías completas dedicadas en exclusiva en mi discoteca, y puedo pasar semanas (como ésta tras el intento de suicidio) o meses sin escuchar otra cosa. Tuve un blog dedicado a él  y a Miles

http://milesandltrane.blogspot.com.es/

y como suelo decir, Davis puede ser Dios, pero John tiene algo superior e inexplicable.

Encuentro libros que me costaron 1000 pesetas a 220 euros, e incluso tengo cosas que ni en la red existen...Hablamos de originales, no de descargas.

John, me has vuelto a salvar la vida, I love U.





COLTRANE SE LIMPIA

(basado en el episodio más oscuro -y quizá más importante- de su vida)

Tomar la decisión fue fácil, pero sabía que el esfuerzo iba a ser titánico. Una cama, un baño, y su saxofón como únicos compañeros. Y la luz del exterior, recordándole que había vida afuera, una vida que le mortificaba y a la que no quería volver. 

Dejar la heroína, el tabaco y el alcohol de forma simultánea, era algo que no conocía a nadie que lo hubiera conseguido. Bueno, no es del todo cierto, tenía el ejemplo de Miles Davis a principios de 1954, y Miles el ejemplo de Sugar Ray Robinson, el gran boxeador. 

El 15 de Marzo de 1957 le dijo a su mujer, Naima: "estoy preparado", y dio ordenes a su esposa y su madre que no le dejaran salir de su habitación, hasta que él dejara salir el saxofón, esa sería la contraseña de que se había conseguido limpiar. Mientras tanto, sólo le darían comida y agua 3 veces al día. Así que la mañana del 15 de Marzo de 1957 se encerró en su habitación con un único objetivo: limpiarse.

Las primeras seis horas aproximadamente (se encerró sin reloj, para no mirarlo cada cinco minutos) fueron tranquilas: Estuvo sereno, ensayando con el saxo. A partir de ahí la vida empezó a doler hasta convertirse en un infierno. Lo primero que sintió fue una opresión en el pecho y un diafragma que subía hasta dejarle prácticamente sin respiración. Intentaba tocar el saxo y no podía, de sus labios sólo salía un hilillo de aire que hacia imposible soplar en su amado instrumento. Lo siguiente fueron los temblores. Empezaron imperceptibles y , cuando le pasaron la comida (sólo verduras y fruta, esa había sido su orden), apenas podía coger el vaso sin derramarlo, así que cogió la comida con la mano, era incapaz de manejar los cubiertos.



A partir de ahí todo fue a peor : era capaz de manejar la falta de respiración y los temblores, pero el ansia de tomarse un whisky y meterse un chute eran abismales. Estuvo a punto de salir y decirles a sus 2 mujeres que no lo había conseguido, pero la fortaleza interior de Coltrane siempre había sido sobrehumana, así que aguantó e incluso cenó con apetito. Los temblores seguían, el ansia por tomarse al menos una cerveza era insufrible, pero ya había pasado la opresión en el pecho, así que tras varios intentos consiguió introducir la embocadura en el saxo y dedicarse a improvisar sobre standards de Gershwin y Porter. Era una música que siempre le había encantado, pero que raramente había tocado. Sin embargo, podía tener 200 ó 300 standards grabados a fuego en su cabeza. 

Las improvisaciones podían llegar a la media hora o más, quizas prefigurando las larguísimas -de sonido bellamente horrísono- que haría a partir de 1963 aproximadamente. Aquella noche no durmió, ni siquiera lo intentó, sabía que no podría dormir ni 10 minutos. Así que dedicó la noche al saxo.

A la mañana siguiente, después de toda la noche entregado con esfuerzo al saxofón, y con el soporcillo del desayuno, consiguió dormir un par de horas, o eso calculó en función de la luz exterior. Los temblores seguían, el ansia por la heroina y el alcohol también, pero ese par de horas que consiguió dormir le animaron bastante. Empezó a pensar en Miles Davis y Sugar Ray Robinson, dos ejemplos de que dejar la heroína y el alcohol se pueden hacer "Cold Turkey" (a pelo), sin pasar por carísimos tratamientos que él no podría pagar. Conocía los riesgos: el Delirium Tremens y un posible fallo cardiaco: Pero sólo eran riesgos, no tenían porque ocurrir.



Pero sí, el delirió ocurrió. Durante aproximádamente día y medio fue presa de enloquecedoras alucinaciones, la más recurrente era que estaba hechizado por Naima y que debía de matarla. Veía su habitación llena de personajes que le incitaban a beber y meterse un pico. Rompió el cerrojo a empellones, salió de la habitación y dijo que no podía más, pero los amados rostroa de madre y esposa le devolvieron a la realidad, afortunadamente.



Volvió a pensar en el que había sido su jefe en Prestige, Miles, que 2 años después de dejarlo era una mente jazzistica prodigiosa, un lider nato, y nadie hubiera dicho que en 1954 era un heroinómano, porque sus facultades mentales estaban intactas. Pensar en Miles le llevó a coger el saxo de nuevo después de comer,e interpretar desde standards tocados de forma literal a improvisaciones de una hora, e incluso componer alguna cancioncilla. Cuando anocheció se percató de que el ansia por el alcohol y la heroina se habian reducido, aunque seguían martirizándole. Consiguió dormir lo que el calculaba que fueron 4 horas. Y para no pensar en los tóxicos, volvió a coger a su mejor amigo. 

Naima contaba que a veces se quedaba dormido con el saxo en la boca, y desde luego el "Cold Turkey" hubiera sido imposible sin la compañía de tenor. Aunque el riesgo de fallo cardiaco nunca era descartable, sentía que Dios tenía planes para él. Así transcurrieron 7 días, y al séptimo se levanto sin un sólo rasgo de ansiedad por el alcohol y la heroína. Decidió darse un par de días más de encierro para confirmar lo que sentía, y a la noche del noveno día depositó su querido saxo en el plato con las sobras de la cena.

Y cuando salió, ya limpio y sin ninguna apetencia, sino sintiendo un profundo asco por la heroina y el alcohol, dió unos profundísimos abrazos a Naima y a su madre y dijo : GRACIAS, DIOS. Pero no era un gracias rutinario como había dicho hasta ahora durante su vida anterior, era un Gracias profundo, sentido, REAL, penetrante, insondable, un Gracias que marcó un antes y un después, un despertar espiritual en un hombre que años después nos regalaría "A Love Supreme" y “Crescent”.



PD : en lo que volvió a caer fue en el tabaco. Probo con cigarrillos, puros, pipa, tabaco de liar...y no lo consiguio. De los males el menor, el tabaco no afecta a la mente.



Quiero dedicar este relato -más ficción que realidad- a mi amigo el Doctor Ángel Guerra, Profesor de Investigación del C.S.I.C., y una de las personas más bondadosas y verdaderamente creyentes que conozco.



Os dejo con una de sus más majestuosas composiciones




















viernes, 30 de octubre de 2015

Para Gilino y Colmeiro

Gracias, sois maravillosos, y extended mi cariño a toda la gente del nuevo hospital y mis disculpas a la enfermera de triaxe. Besos, cariños, arrumacos y carantoñas (o algo así)

viernes, 16 de octubre de 2015

Llueve sobre Lester Young




El ruido me ha despertado y sin embargo me reconforta. Me había quedado dormido escuchando un CD de Ella Fitzgerald en la mini-cadena de mi habitación, y este sonido me parece aún más bello, si es posible.Se repite esa sensación de melancolía -y a la vez alegría por estar bajo techo- que acompaña siempre a un fuerte aguacero nocturno. Lo escucho fuerte y nítido al otro lado de la ventana, un torrente monótono pero lleno de matices, cada gota produciendo su propio sonido, una nota distinta del resto pero todas juntas en una pequeña sinfonía de agua y piedra. Como una de las perfectamente construidas improvisaciones de Lester Young. Siento la tentación de levantar las persianas y asomarme a ver llover a la escasa luz de la ciudad dormida, pero me resisto un poco más, arropado entre las sábanas, disfrutando de esa sensación de calor y comodidad, de protección frente a los elementos. Sólo me falta Sassy a mi lado. Pongo un CD de Lester porque me parece perfecto combinar ambas sonoridades. El chapoteo del aguacero va cogiendo ritmo, puedo seguir el entrecruzarse de las frases manejadas por el viento. Hay pequeñas subidas y bajadas; ahora es un zumbido, como el roce de dos suaves telas de seda, parece que llueve menos o amaina el viento; pero de repente vuelve a escucharse la fuerte percusión, la marejada de agua arrastrada por la ventisca, chocando contra el suelo a la velocidad de un bombo enloquecido. Es puro Jazz.

Podría sentir miedo, pero me desborda la alegría de esta naturaleza salvaje que no podemos controlar.
Por fin me decido a subir la persiana, la iluminación es muy leve en el exterior, apenas suficiente para distinguir los pequeños círculos que se forman - fusionan, chocan- y mueren y vuelven a nacer al impulso de la lluvia. Las realidades se transforman por la magia del temporal. Las formas son borrosas, los contornos imprecisos, los movimientos se difuminan y ondulan al reflejarse en el oscuro espejo del suelo inundado. Una farola, que vertical corta el cemento, se convierte en una ágil serpiente al proyectarse en ese cristal. Un árbol muerto vuelve a mover sus ramas, por la acera, hacia mi ventana.
Asomo la cabeza, deseo mojarme y compartir este momento con las plantas que extienden sus hojas para limpiarlas del polvo del día, con los seres nocturnos que ahora están huyendo a refugiarse o salen a disfrutar del imprevisto regalo. El pelo se me empapa, los ojos se nublan, el agua me chorrea por la cara y la pruebo con la punta de la lengua en la comisura de los labios, es un agua dulce y espesa. Me acuerdo de otras tormentas de la infancia, de galernas en la playa y chapuzones bajo una cascada en la montaña. Es un momento de memorias lejanas y transparentes. Un momento Lesteriano, a quien ya por siempre asociaré con las chaparradas nocturnas


De repente, mi magia se rompe, un grito amarillo irrumpe por el final de la calle, ruidos metálicos, un frenazo, golpes secos, unos focos barren toda la escena dispersando la oscuridad: el camión de la basura. Hay gente trabajando a estas horas y bajo este vendaval, gente a la que mojarse no le debe parecer tan romántico como a mí. El momento encantado ha concluido, ya no hay lugar para recuerdos ni divagaciones, esto es simplemente lluvia, una noche más de trabajo duro bajo el agua y el frío, y mañana yo también debo trabajar, es hora de cerrar la ventana y volver a dormir, espero que al madrugar no siga lloviendo, no quiero calarme camino del trabajo otra vez...

lunes, 21 de septiembre de 2015

HOJAS

 Hoy había visto amanecer, quizá por primera vez en mucho tiempo. El amanecer era al fin, como en sus sueños, la hora de pasear lentamente por la ciudad apenas despierta. Se dirigió a la avenida de siempre, su muda compañera de tantas y tantas noches, ahora convertida en una dulce amiga de su primer amanecer. Así lo sentía él, como si nunca hubiera visto la aurora. El paseo le recibió tan misterioso como siempre, tan estático y tan cambiante como siempre. Cruzó la reja y se preparó para dejarse enamorar por esta novedad tanto tiempo deseada, para disfrutar del viento en la cara y el primer sol en los ojos.
Caminaba despacio, jugando sus botas en el marrón brillante y rojizo de las hojas caídas. Le gustaba ver como la puntera se abría camino, firme y elegante como la proa de un viejo buque.Y cómo a menudo perdía de vista sus pies, ocultos bajo una nube de hojas arrastradas por el viento. Eran las primeras hojas del otoño. Ayer mismo había recorrido el paseo al anochecer y lo vió limpio y gris, sin manchas de color que agarraran su mirada. Hoy mereció la pena madrugar. Dejó que su mirada recorriera la extensión oscura y cambiante, hasta posarse en un árbol que aguardaba en un parque, al final del paseo. Apenas se desperezaba la ciudad, y el árbol destacaba en el silencio, recortándose al cielo desvaído del amanecer. Era un árbol grande y redondeado, un árbol protector de fresca y amplia sombra durante el verano. Ahora algunas de sus hojas corrían ya por la hierba, mientras la mayoría aún permanecía sobre las ramas mostrando a la mañana sus tonos amarillos y castaños y algún verde tardío. A contraluz el viento lo convertía en un gigantesco juego de sombras chinescas, que dejaba pasar solitarios rayos de una luz tímida que hería la vista. Se fue acercando mientras descubría nuevas formas y matices que le atraían. Cuando llegó tan cerca que podía tocar el tronco húmedo con la punta de sus dedos, el sol estaba ya alto, y la ciudad y el paseo llenos de bulliciosa vida. Se quitó el impermeable, lo extendió sobre la hierba, y se tumbó cómodamente, boca arriba, bajo el árbol, con las rodillas levantadas y los ojos ávidos de registrar todos los movimientos con que el viento, juguetón, mecía las ramas.
Permaneció así un buen rato, cada instante más atento, fascinado por los giros alocados de las hojas en las ramas, por el dulce y anárquico vuelo de las que caían, por el movimiento de las ramas sobre el aire, por la facilidad con que las formas cambiaban, como si fueran los miles de patas de un extraño animal. No prestaba atención a los ruidos de la ciudad ya plenamente activa, sonidos apagados por el silencio del parque,ecos tocados con sordina, sus oídos ajenos a todo lo que no fuera el rumor del viento y el suave golpeteo contra el suelo de alguna bellota caída. Pensó que le gustaría dibujar el árbol tal como era ahora, antes de que perdiera todas sus hojas y se convirtiera en un esqueleto parduzco durante los meses de invierno. Empezó a dibujarlo en su cabeza, tomó nota de las proporciones, trazó lineas que luego borró, y otras que no, sombreó alguna de las ramas para darle volúmen, afiló un lápiz imaginario, y al final rompió en mil pedazos lo que había dibujado. No estaba satisfecho. El dibujo podía ser real, tenía que ser real.
Corrió a una librería cercana a comprar un gran cuaderno de hojas vírgenes, blancas y duras. Mientras elegía los lápices y el dependiente empaquetaba sus compras, se sorprendió aspirando con placer un aroma perdido, a escuela primaria. Salió de nuevo al ajetreo de la calle, reteniendo el olor entre sus pensamientos, arropándolo como si fuera un polluelo caído del nido. Y por fín encamino sus pasos hacia su objetivo.
El viento levantaba torbellinos de hojuelas caídas, torbellinos que duraban apenas un segundo, para luego deshacerse en largas nubes que se perseguían unas a otras, y que terminaban recostadas contra la base de algún gran tronco.
Anduvo despacio entre las breves ráfagas, disfrutando anticipadamente de la idea de un día largo y tranquilo. Volvió a sentarse en su viejo impermeable y empezó a dibujar. Sujetaba con fuerza el cuaderno para defenderlo del viento, intenso a veces. Poco a poco fueron saliendo de su lápiz hojas y ramas, sombras y luces, contornos, volúmenes, y se fue insinuando sobre el papel la forma de un gran robleque empezaba a perder su follaje en los primeros días de otoño. Tan solo algún niño jugando se acercó a mirar por encima de su hombro, y en seguida perdió el interés ante los trazos finos, coriendo a unirse a los gritos y patadas de sus compañeros.
Ya casi anochecía cuando levantó su mano, estiró las piernas, se incorporó, y dio unos pasos hacia atrás para comparar su obra con lo que ahora veía anaranjado, casi rojo, alumbrado con los últimos rayos del día. En ese momento, un golpe de viento, fuerte y largo, movió todas las ramas y arrancó una bandada de hojas muertas que cambiaron su contorno. Por un instante contrajo el rostro en una mueca de desagrado, pero comprendió en seguida que lo que había dibujado era ya un pedazo del pasado, y que sólo podía aspirar a recoger en su cuaderno un momento breve, casi inexistente, perecedero como el tiempo que tarda el humo en deshacerse con el vendaval.
Volvió a la mañana siguiente y todas las otras mañanas, de frío, de lluvia suave, y también de sol que calentaba la espalda y hacía brotar efímeros arco iris en las fuentes del parque. Fue poco a poco llenando el cuaderno de dibujos de un árbol que parecía muchos, de un árbol cada vez más dormido y fibroso, de primeros planos de hojas que caían, con sus nervios marcados como espinas de un pez fósil. Y con sus dibujos fue formando una enorme colección de instantáneas, imágenes que recordaban a un libro que vió una vez, en la exigua biblioteca de la escuela. En él se sucedían filas y filas de minúsculas fotografías del mismo paisaje, y allí siguió, con su imaginación y sus ojos, el cadencioso ritmo de las estaciones. Aquello le había llamado la atención, sin entender que clase de loco tenía la suficiente paciencia, la infinita paciencia de tomar tantos planos. Sonrió ahora meláncolico ante la paradoja, ante su enorme repertorio de ilustraciones, un repertorio que le convertía en testigo único del otoño del roble y de sus cambios.
Una mañana de un sol frío y pequeño levantó la vista al llegar a su lugar de siempre, y vió que del árbol sólo quedaba el armazón de ramas dormidas. Todas sus hojas estaban ya esparcidas sobre la hierba y los caminos, y muchas de ellas servirían de sustento a la nueva primavera. Se sentó para dibujar ese perfíl desnudo y familiar que conocía tan bien como la piel de una mujer imaginada, y quiso tardar mucho más que ningún otro día. Se recreó en cada linea hasta el infinito, disfrutando cada instante de esos últimos trazos como se paladea el último bocado de un plato exquisito. Cuando terminó, ya el anochecer se apoderaba del parque, las luces del paseo encendidas, y los pocos paseantes escapando del frío con las manos en los bolsillos.
Entonces decidió hacer lo que nunca había hecho: alterar el dibujo, no respetar el original. Y dibujó, a medio camino de una rama, muy alejada del tronco, una única y minúscula hoja que destacaba como una huella en la nieve. Cerró el cuaderno y respiró profundamente, sintiéndose satisfecho y triste al mismo tiempo.

Tomó entre sus manos el cuaderno cerrado, henchido de todos sus dibujos, y lo depositó al pie del árbol. Mientras se alejaba, arrebujado en su abrigo, el viento abría el cuaderno e iba arrancando las laminas blanquinegras, que se agitaban en el aire unos segundos, antes de correr a confundirse con las hojas secas en la oscura noche de invierno.

domingo, 13 de septiembre de 2015

FUERTEVENTURA



Empaquetar había sido muy fácil: un kindle con 800 libros y un portátil con 5000 discos. Y las pertinentes copias de seguridad por triplicado. Un ampli, unas cajas y un subwoofer para conectar al ordenador. Poca ropa y material de acampada. Creía que con eso estaba todo.
El dolor también lo llevaba con él, de las cincuenta mujeres que había conocido sólo dos le habían sido fieles más allá de la tercera noche, y a las dos las dejó por ese inexplicable sentimiento de no merecerlas, fruto de los terribles abusos de la infancia.
León-Madrid, Madrid-Fuerteventura, en Puerto del Rosario alquiló un coche sin carnet y recorrió su futuro hogar; le enamoró. Bueno, ya no era capaz de enamorarse, su corazón era un maldito trozo de carbón húmedo y podrido. Y apagado después del último "No". Pero le pareció agradable.
Tras cinco días en un cuartucho de una mísera pensión se decidió por un barato y coqueto apartamento en el que instaló sus magras pertenencias. Y lo inauguró con la Bossa Nova de Jobim y dos botellas de Ribera del Duero.
Playa, desierto, y mortal soledad, eso era lo único que quería.
Pero siempre hay gente pesada, y a los dos años de hablar sólo con las personas imprescindibles de las cosas imprescindible, ni siquiera con sus vecinos, una mujer se le acercó en la playa. Era atractiva, pero él despreciaba profundamente a esa mitad de la especie humana.

Salieron juntos de la arena, y, sin saber cómo, ya había compartido cama 15 veces con ella, y empezaba a sentir algo, otra vez....

Ampli, cajas y subwoofer debían resultar suficientes, los metió en el asiento trasero y condujo de noche hasta la playa salvaje más alejada. Los ató a su cuello con una fuerte cadena que siempre llevaba por si tenían que remolcarle, vació 2 botellas de whisky, y se dejó ahogar por el mar. Nunca supo lo enamorada que estaba aquella mujer, que le fue fiel tras su muerte, el resto de su desdichada vida.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Amaneceres no demasiado correctos




El amanecer cayó como un relámpago estrellado. Un segundo antes yo estaba durmiendo benditamente. Un segundo después asomado a la ventana, viendo el sol caer derretido como en un mediodía saharaui. Lo primero que pensé es que me había quedado dormido. Miré el despertador, 6:57 A.M., fui al ordenador, encendido como siempre descargando música, 06:58. Miré hacia lo lejos, en esta pequeña y agradable ciudad construida sobre leves colinas:
en unos puntos amanecía,
en otros era de noche,
en algunos lucía un sol de mercurio.

Encendí televisión y radio, miré por internet. Nadie daba ninguna noticia sobre el fenómeno. Ni siquiera en el informativo nacional de las 7 de la mañana. Era normal, siempre habíamos sido ignorados, ni siquiera el ferrocarril llegaba aquí.

Salí a la calle y encontré sonámbulos, zombies, todos nos parábamos a hablar sobre lo que estaba ocurriendo. Lógicamente, ni los más veteranos recordaban algo parecido.

Mis pasos me dirigieron al pequeño barrio que aún permanecía en oscuridad. Persianas bajadas, noche total, barrenderos de madrugada...Y mi reloj que marca las 3 y media. No me lo puedo creer, no sólo el amanecer deambulaba, también la hora.

Y amanece, con la misma brutal intensidad que en mi barrio, y el reloj salta a las 8. Veo legañosos asomarse a las ventanas, incredulidad, desasosiego, sorpresa...

Vuelvo a mi barrio y está en penumbra. En mi muñeca son las 9, de la noche, supongo. En el ordenador lo confirma. El e-mule, que ayer lo puse a bajar de un tirón 32 discos de Dexter Gordon; ya ha bajado todos. Para él han pasado una noche y un día completos.

No tengo sueño. ¿Que habré pasado, 2 ó 3 horas despierto?. Vuelvo a entrar a internet y en la página de nuestro ayuntamiento simplemente insinúan que parece haber un pequeño desfase de amaneceres. ¡En la página de nuestro propio ayuntamiento!

No tengo ni idea de qué hacer, estoy perdido, desorientado, aturdido. Ya es de noche, 4 horas después de amanecer. Enciendo la luz de lectura y del cestillo de imprescindibles cojo al azar un libro, que resulta ser “El Aleph”. Mil veces lo habré leído, pero nunca me canso.

Ya no sé qué hora es, ni mis relojes ni mi ordenador lo saben, pero a las 5 de ¿la tarde, la mañana? vuelve a amanecer, con la misma violenta crueldad que ¿ayer?. Se repite la aberración de barrios en penumbra, de noche, de día...Y seguimos sin aparecer en las noticias. En la calle ya no se habla, todo son caras deambulantes, extraviadas y llenas de terror.


´Se repite la misma monstruosa anormalidad durante una semana, pero yo al cuarto día ya comprendí lo que estaba pasando. En una de mis rutinarias caminatas, a las afueras de la ciudad, descubrí un edificio que nunca estuvo allí y en cuyo umbral rezaba “Universidad de Miskatonic, hogar del Necronomicón”.

viernes, 4 de septiembre de 2015

VOY A REPUBLICAR MIS 30 RELATOS FAVORITOS

De un total de aproximadamente 140 que tengo. La idea es elaborar un kindle en amazon y ponerlo al menos que simbólico precio de 0'00 €.Así que ahora si que os agradecería enfáticamente vuestros comentarios, sugerencias, correcciones... Iré a uno por semana, y empezaré este lunes 7 de Septiembre de 2015.

domingo, 30 de agosto de 2015

Mi amada sufre



Hicimos el amor de la forma dulce pero apasionada que tanto placer nos daba. Al acabar, nos quedamos unos minutos abrazados y así dormimos. Cuando desperté, ví su rostro dulce y tierno, dormido con una sonrisa en los labios.

Y ahora desperté de verdad: nadie compartía mi cama, nadie desde hacía cuatro meses.

Ella sufrió en el trabajo un tremendo ataque de ansiedad y tuvimos que subir a urgencias. Allí le pusieron una inyección intravenosa de una sustancia cuyo nombre nunca me dijeron, que en principio le tranquilizó. No me dejaron quedarme por la noche, estaba prohibido.

Cuando acudí al día siguiente, me encontré con un vegetal. Pregunté al primer psiquiatra que pude y me dijo "Sí, hubo un error en la dosís, no se preocupe, no se repetirá" ¡¡¿¿QUE NO SE REPETIRA??!!. Será en otros malditos pacientes, a mi pareja la habeis dejado como un vegetal!!! "Tiene un 10% de posibilidades de de recuperarse". ¡¡O SEA NADA!!. Doce años de felicidad, y por un puñetero ataque de ansiedad habéis matado a 2 personas. Se va a arrepentir de esto hasta vuestro santo patrón.

Pese a mi cargo (teniente de la Policía Nacional) y mis méritos (bajo mi mando se habían desarticulado tres comandos etarras), la medicina es tan corporativista en Bilbao como un gobierno de Stalin. No conseguí nada por la vía judicial.

Me dejaban visitarla de 7 a 8 todos los días, y casi al cabo de dos meses empezó a reconocerme, de una forma que me dejó paralizado y extasiado. Dijo "¿Recuerdas el viaje tan romántico que hicimos a Lisboa?".

Empezamos a rememorar aquella semana y demostraba una memoria increíble. ¡¡Está curada, está curada!! , salí gritando por el pasillo. Una enfermera entró en la habitación y me dijo al salir que estaba como siempre; entré yo corriendo y comencé a dialogar con mi amada. La enfermera se sorprendió, se asustó incluso, y avisó a un psiquiatra, que me ordenó de una forma desagradable e inhumana salir de la habitación. Tras media hora de pruebas salió y dijo que estaba igual que siempre. Contra su oposición entré y le dije: "¿Recuerdas cuando perdimos al niño?". Y contestó: Dios, fue horrible, tras cinco meses murió en mi interior y quedé estéril. Ya llevamos año y medio intentando adoptar, infructuosamente. Sonreí con orgullo y desfachatez y le dije: ¿Con que no está curada, eh?. NO, no está curada, simplemente le reconoce a Usted, no es suficiente para dejarla salir. "Muy bien", dije, y me marché pergeñando un plan.

La mañana en que comenzó este relato, empezó a fraguarse el plan. De todos es sabido que quien más contactos tiene entre las mafias y los terroristas es la policía. Había detenido a 3 comandos etarras de baja categoría, pero había dejado cruzar la frontera a dos células del Comando Madrid. Hay que tener amigos hasta en el infierno.

Pedí dos semanas en el trabajo con la verosimil excusa de que había una no pequeña facción de ETA que estaba buscando una salida negociada a la violencia, y yo tenía un buen contacto.

Una vez en Francia encontré a Gohierri, nos saludamos amistosamente, y me preguntó el motivo de mi presencia allí. "Necesito armas, muchas armas". Un hombre que ha mantenido vivo al comando Madrid se lo merece, te llevaré a nuestro arsenal central -me dijo. Me recomendaron subfusiles, fusiles de asalto, kalashnikov, escopetas de cañones recortados, ametralladoras y pistolas. En total me hice con 25 armas y 3500 balas, que por ser Policía Nacional pasé por la frontera e instalé en nuestro piso sin problemas.

Al día siguiente, mientras entraba para hacer la visita a mi amada saqué en mi mente imágenes fotográficas del Pabellón. Iba a ser fácil.

El miércoles entré con una mochila y una bandolera conteniendo mi arsenal. Las dos enfermeras de la puerta me saludaron con un rutinario "Buenas tardes, Juan". Fue lo último que dijeron: dos disparos a quemarropa con silenciador, las primeras 2 muertes. Era hora de los subfusiles. Fuí entrando a cada habitación y acribillando a los enfermos de dos en dos. Todas las enfermeras, bedeles, y el único psiquiatra, acudieron al estruendo. Con una ametralladora en cada mano fue fácil deshacerme de los despojos humanos que casi habían dado muerte a mi mujer. Cargué los subfusiles y seguí dando muerte a todos los enfermos, para que nadie pudiera recordarme. Entré en la sala de TV y allí estaba Ella, que me saludó con un "Te quiero Juan". Cuatro vegetales más la flanqueaban, y volví a las pistolas. Contemplé como en la entrada se arremolinaba todo el personal de recepción, y los Kalashnikov AK-47 cumplieron su misión.

Hice saltar en astillas toda la puerta trasera con una recortada, salimos de allí, cogimos el coche, y nos dirigimos al hogar central de la mafia vasca de la droga. "Hombre, Juan, te íbamos a llamar mañana para que detuvierais un pequeño cargamento de hachis en Guetaria mientras colábamos 7 toneladas de coca por Bermeo". Ya no soy Juan, soy Imanol Arradegi Aspiazu, y le conté lo que había hecho. No se sorprendió de tal matanza, simplemente me felicitó. Necesitamos un cambio total de imagen, pasaportes falsos, y 15.000 euros. "Sabes que a tí no te puedo negar nada, Juan, nos has hecho ganar cientos de millones, y sé que eres un hombre modesto, que los 15.000 sean 250.000. Apenas pude decir nada, las lágrimas me anegaban.

En el cambio de imagen, me pusieron unas extensiones con las que parecía un heavy, afeitaron mi poblada barba, y colocaron unas lentillas de color azul sobre mis ojos castaños. Estaba terriblemente guapo. A Yolanda le raparon al cero su larga melena rubia, ocultaron sus preciosos ojos verdes tras lentillas negras, y le colocaron unas gafas sin graduación. Nadie nos reconocería jamás. Nos sacaron fotos y al instante estaban los carnets y pasaportes hechos. "¿A donde vais?". A Brazzaville, República del Congo, no hay tratado de extradición y los dos hablamos Francés. ¡Suerte!, y le abrazó

En un vuelo desde Madrid con 2 escalas ya estababamos allí, y nos digimos a Pointe-Noire, la segunda ciudad del país, y con costa. Hicimos edificar por unos pocos miles de euros la casa de nuestros sueños, un duplex con una gran terraza que miraba al mar. Yolanda ha recuperado el 80% de sus facultades cognitivas, y volvemos a hacer el amor de la forma dulce pero apasionada que tanto placer nos da. Al acabar, nos quedamos unos minutos abrazados y así dormimos. Cuando alguno despierta, ve el rostro dulce y tierno del otro, dormido con una sonrisa en los labios


lunes, 24 de agosto de 2015

La estatua de Charlie Parker






Ella paseaba entre las hojas caídas. Marrón oscuro, castaño, naranja, amarillo...No había nadie en el parque, a excepción de dos docenas de estatuas de un gris verdoso que, quizás, aún buscaban su alma.
A lo lejos había algo, o alguien, que no parecía una estatua. Los árboles estaban plantados cada cinco metros, puede que 250 le separaran de aquella silueta negra.
Caminaba hacia ella, sí, y era un hombre: delgado, alto, barbudo y con una negrísima media melena. Anna llevaba en Ottawa escasas horas y lo primero que había hecho era ir a pasear, y a fumar, desentumecer piernas y contaminar pulmones tras 14 horas de avión.
Había olvidado en Volvogrado su cámara de fotos, una verdadera lástima, porque veía muchas instantáneas entre las estatuas desiguales y los olmos alineados.
El desconocido estaba ya a apenas unos pocos pasos, y pudo observar que era realmente alto, dos metros o quizá más. Se saludaron cortesmente con la cabeza y los hombros e e intercambiaron un Hy!. De repente él se acercó con el móvil en la mano y le pidió, en un correctísimo inglés británico, que le sacara una foto junto a una estatua, que resultó ser la de Charlie Parker. Ella también era una gran fan del saxofonista, así que terminaron fotografiándose de mil y una maneras junto a Bird, en posiciones realmente cómicas. Anna le pidió que le enviara las fotos, e intercambiaron sus correos, despidiéndose con un apretón de manos; despidiéndose de momento...

Tres días más tarde, en un museo dedicado a los antiguos y exterminados pobladores indígenas, volvieron a encontrarse. Sin saber porqué se sintió muy nerviosa, apenas había vuelto a pensar en Edgard, y sin embargo volver a verle le provocaba una extraña comezón, y supo que se estaba ruborizando. Él la invitó a un café y ella observó por primera vez la extraña profundidad de aquellos ojos bellísimamente castaños.

El resto del museo lo recorrieron cogidos de la mano, con la confianza de quienes llevan 20 años de matrimonio y siguen intensamente enamorados.

Cuando llegaron a su apartamento, Anna pudo asociar la profundidad de sus ojos a la mirada de pintor de un Edgard que se revelaba en sus cuadros mucho más que en sus escasas palabras. Le contó que en Liverpool no encontraba salida a su arte y tras un año en Ottawa empezaba a ver resultados, era probable que se quedara en Canadá para siempre. Compartían un té, y Anna era incapaz de coger la taza por miedo a derramarla con sus temblores. Observó que él también temblaba, ¿qué estaba pasando?. Ella buscó una vulgar excusa para huir aterrorizada y se despidieron con un dulcísimo pero ligero beso en los labios.

Pero era inevitable, al día siguiente, 23 de octubre, a las 4 de la tarde, estaba otra vez en el apartamento del pintor. Los 15 días planeados se fueron convirtiendo en semanas, y ella temblaba sabiendo que atrás dejaba un trabajo magnífico por el que llevaba años luchando. Era un temblor interior de pánico a lo perdido y a lo desconocido. Té y beso, beso y té, paseos y cuadros, retratos maravillosos que Edgard sacaba de la nada con sus pinceles.

Y llegaron las navidades, envueltas en nieve y en una ciudad bellamente engalanada. Saliendo entre risas de comprar adornos, él la llevó a un pequeño callejón que Anna reconoció al instante por haberlo visto de mil formas en mil cuadros. Era un callejón sin salida, rematado en una acogedora plazoleta con árboles y bancos. No había nadie.

Y allí lo hicieron al fin, como si para ambos fuera la primera vez. Pasaron las navidades instalados en el apartamento, Anna con un trabajo abandonado, Edgard con cuadros a medio terminar. Le confesó que tenía muchas fotos con la estatua de Parker, pero le sirvió como excusa, se había enamorado nada más verla. Rieron hasta llorar. Los brazos de él la rodeaban constantemente y sentía como si nunca hubiera sido abrazada, nunca protegida; amor, ternura, pasión...

No tuvo que pensarlo, nunca volvió a Rusia.

(Pero jamás intuyeron el papel mágico que jugó la estatua de Bird para su reencuentro en el museo Cherokee..)




viernes, 26 de junio de 2015

La próxima noche en Kansas

Dejas que la lluvia te acaricie con ternura el rostro. Una lluvia añorada en este invierno que ha parecido un verano errado. La tormenta ha llegado así, de repente, como si fuera una de las galernas de tu añorado Cantábrico.Una gorda nube negra ha salido de la nada y ha cogido a todo el mundo desprevenido. En el reproductor de MP3 suena, profética, la versión de Come rain or come shine de Sarah Vaughan. Sarah, Sassy, el vibrato más sensual del Jazz. Tienes que recorrer 12 manzanas y vas con una camiseta, al salir de casa estaba despejado. Nadie te va a librar de una mojadura histórica, aunque la verdad lo agradeces, no es muy normal en este norte Atlántico ver gente en la playa en Febrero. Te centras en ensoñaciones con Sarah  para huir de una camiseta que ya parece un cenagal. Ella Fitzgerald es tu cantante favorita, Lady Day te emociona como nadie, pero de Sarah...de Sarah estás enamorado. Tienes en tu ordenador una carpeta preñada de fotos de ella. Y una de fondo de escritorio.
Sueñas con que un día conoces a La Divina. Estamos en 1950, ella tiene 26 años, tú unos pocos más. Al acabar el concierto te acercas al camerino con una carretada de singles para que te los firme. Hay un guardia de seguridad gigantesco que te dice que por esa puerta no pasa nadie. Más admiradores quieren entrar, y la trifulca que se monta es de las que marcan época. Al oir el estruendo exterior la criatura más bella que ha pisado el planeta entreabre la puerta, con cara de susto. Tú abres tu maleta para que vea el cargamento de singles que has traído para que te los firme. Mágicamente, ella dice "deja pasar sólo a este". Tocas el cielo con las manos. Entras y ves a una Sassy agotada pero feliz. Descalza, lo que para tí añade más proximidad al encuentro. Al principio es el típico ritual de "yo te paso un disco y tú lo firmas", pero pronto le preguntas si es una pesadez atender a los fans. "si son como tú, no". Ya no tocas el cielo, vives en él. Pronto empieza una distendida conversación en la que ella te confiesa que lo duro no es soportar a los fans, lo verdaderamente duro es el viajar de ciudad en ciudad, que lo que le gusta es cuando puede hacer estancias de dos o tres semanas en un club, donde puede incluso acabar haciendo buenos amigos. Te dice que contigo se siente como con uno de esos amigos, como si te conociera de hace mucho tiempo. El cielo ya queda por debajo de tí. En esas entra el guardia de seguridad y te dice que es hora de marchar. Un frío polar recorre tu espalda hasta que Sarah contesta : "se quedará hasta que yo quiera". Y coloca comodamente sus pies descalzos sobre tus rodillas. Está claro que algo está pasando, y más claro aún cuando la conversación se hace totalmente libre y charlais sobre lo divino y lo humano. Sin que os deis cuenta, han dado las 7 de la mañana. Me dice "Horace, lo siento por mí y por tí, pero debo dormir si quiero estar en condiciones mañana en Kansas". Le digo que perfecto, que ya me ha dedicado demasiado tiempo. "Y me dice "El tiempo me lo he dedicado a mí, hacía años que no estaba tan a gusto con alguien". Y lo que iba a ser un beso en la mejilla se convierte en un dulcísimo beso en los labios. Ya no hay más que decir, coges tu maleta de singles firmados, os dais un gigantesco abrazo, y te vas. El guardia de seguridad no dice nada.


Suena Street of dreams y te das cuenta de que las 12 manzanas han quedado atrás, has llegado a destino. Apagas el reproductor y te preparas para enfrentarte a la burocracia. Tras la preceptiva cola, el primer funcionario que te atiende es tan altivo y desagradable que, despues de una noche pasada con Sassy, no tienes porque aguantarlo, así que te vueves a colocar los casquitos del MP3 y te das la vuelta con tu camiseta chorreante. ¡Ha salido el sol, la tormenta ha pasado! Buscas en el reproductor The man I love y te vas tan feliz pensando en la próxima noche en Kansas...  

miércoles, 17 de junio de 2015

Historia de un encuentro en un callejón

El callejón estaba desierto a esa hora del mediodia. La cerca de maderas pobres separaba el asfalto de un solar repleto de cascotes. Unos metros más allá, al doblar apenas la esquina, la ciudad se extendía ruidosa, poblada de coches acelerados . Pero la pequeña calleja era ignorante a todo ese tráfico, inmóvil bajo un sol plomizo o una fuerte tormenta..

Él acostumbraba a incluirla en su ruta para ir al trabajo, salvo cuando el ventarrón la azotaba enloquecido. Nunca se había cruzado con nadie, las gentes de aquel infierno parecían ignorarla, siendo de lo poco tristemente tranquilo de aquella población.
Un día, alucinado, se cruzó con una mujer. Era un día de lluvia sin viento, una lluvia desatada poco después de salir de casa, y que le había cogido con una chaquetilla de lana gris. No estaba empapado, chorreaba.

La mujer, protegida por un amplio paraguas, al verle en aquel estado, se ofreció a prestarle un pequeño paraguas plegable que siempre llevaba en el bolso. Su misoginia le impidió aceptarlo.

Misoginia que desde hace tiempo había estado ahí. Se había acostado con algunas chicas y sólo había sentido asco. Tampoco era homosexual; como les decía a sus amigos: “soy asexual”
Volvió a cruzarse habitualmente con aquella mujer, lo cual le producia repugnancia porque aquel era “su”callejón. La mujer, joven, siempre le saludaba muy amable. Él murmuraba un “hasta luego” inaudible.

Un día, aquella tipa se atrevió a pararle y preguntarle porque era siempre tan poco agradable “pues mira, porque durante años he ido al trabajo por este callejón, y nunca me había cruzado con nadie, y tú has roto la magia del único lugar de esta ciudad que me gusta “¿Te gusta este callejon?”. Tiene un encanto indefinible y abstracto. Tendrías que verlo bajo la luz del verano “Pero hay algo más”- dijo ella.

Sí, soy profundamente misógino. “¿Algún divorcio doloroso?” No, nunca he salido con una chica, ni quiero.”pero no eres gay” No, tampoco, no me interesa el sexo, simplemente, y no me gustais las mujeres. Y no me preguntes porqué, tengo idea del porqué, pero no lo sé seguro. Por favor, no intentes psicoanalizarme, que es vuestro hobby favorito.”No el mío, yo acepto a la gente tal cual es”. Pues serás la única...

¿Tu misoginia te impediría tomar un café conmigo?”. De entrada sí, pero si adelantamos un poco nuestras pasadas por aquí y tenemos tiempo de conocernos más, igual acepto. Había algo masculino en ella, algo inconscientemente masculino que fue lo que le llevó a ese “igual acepto”.

Él era, lo que se llama vulgarmente, “un hombre hecho a sí mismo”. Doctor en Ciencias Físicas, y licenciado en Geografía e Historia, y en Historia del Arte; las dos últimas, carreras que cursó a distancia y simultáneamente. Nunca pidió un euro a sus padres, todo lo hizo con becas o trabajando.

Ella no le iba a la zaga, Licenciada en Filologías Inglesa e Hispánica.

Al principio charlaban sobre todo de la crisis, y los incapaces que nos gobernaban. Afortunadamente, a ninguno de los dos le gustaba el futbol, a ella porque le aburría, a él porque le parecía inhumano que alguien cobrara 10 millones de euros o más. Charlaban sobre sus trabajos: ambos habían tenido suerte. Ella trabajaba como traductora en una editorial especializada en relatos, novelas o poesía de autores noveles en lengua inglesa, o viceversa. Inexplicablemente, les iba muy bien. Él era el seleccionador, coordinador y contacto de las exposiciones en el muy reputado Museo de Arte Contemporáneo. Los dos escribían, y muy bien: el le iba pasando sus relatos, ella sus poesías. Muy poco a poco, se fueron conociendo. Cinco semanas después, cuando se dió cuenta de que aquella mujer no era como las otras que había conocido, acepto el café. Ella propuso “Podríamos quedar el domingo en el café La Gramola, lo conoces?” Sí, claro. “¿A las seis?” A las seis, vale.

Eso era un viernes, el sabado casi llegó a las manos con el carnicero del supermercado que frecuentaba, por el odio hacia sí mismo que sentía por haber quedado con una mujer.

El domingo por la mañana decidió no ir, pero luego, por razones egoistas, pensó que lo mejor era acudir a la cita. Entre todas las mujeres, y los tíos que le caían mal, odiaba al 75% de la población, y eso no podía ser sano. Así que pensó que lo mejor era darle una oportunidad a aquella chica, y quizás se le curara la misoginia, a más no podía ir...

Ni se le ocurrió coger el coche para ir al centro, así que salió de casa a las 5 y cuarto para ir paseando. Se dió cuenta con sorpresa de que miraba de otra forma a las mujeres, algunas hasta le producian una sensación agradable.

Llegó al café a las 6 en punto, ella a las 6 y diez “perdona, es que el tráfico...” Le dijo que no pasaba nada. ¿Qué quieres tomar? “una caña”. Yo me voy a tomar un albariño, dijo él. “Vale, paso de la caña, que sean dos”. Les sirvieron y ella propuso un brindis.
Porque se te cure la misoginia”. No sé si quiero..., pero venga.

Él le dijo que buena parte de su misoginia y casi misantropía empezó a formarse cuando inició el Doctorado en Físicas. La gente, y sobre todo las chicas, le miraban como a un semidios, y querían acostarse con él como un objeto de coleccionista. Con todo el descaro, le preguntó si ella era así. “¿Pero tu crees que me importa un pimiento que la gente tenga una licenciatura o sólo primaria?”. “Lo único que me importa es que sean buena gente y tú, pese a tu misoginia, lo pareces, por eso te invité al café”. Bueno, tengo unos pocos amigos que me adoran, eso lo tengo claro.


Estuvieron charlando de sus respectivos trabajos, y vieron que en el fondo no eran tan diferentes, basicamente se reducían a estar a las ordenes de jefes vagos e ineptos. “Ahora eso no vale nada, pero yo estoy fijo.Ya llevo 10 años en el Museo” ”Perdona la indiscreción”, dijo ella. Pero..., ¿Cuantos años tienes?” No es ninguna indiscreción: 42
.“Yo soy un poco más joven que tú, tengo 38, y soy capricornio, así que no digas nada, sé que es el signo con peor fama” . Capricornios y tauros siempre conectamos muy bien, por eso a lo mejor he aceptado tomar un café con una mujer; la última fue hace años.
¿Sabes que casi la mitad de los españoles nunca han léido un libro?” Dijo Azucena (sí, perdonad, me había olvidado de presentaroslos: Azucena y Xavier). Estás de coña! “No, en serio, hace poco lo leí en un periódico, no de los gratuitos, creo que fue en “El País”. “Y también en cerca de la mitad de hogares sólo hay 2 libros: la Biblia y El Quijote, que no los han leído, por supuesto”. ¿Y que hacen en casa, ver telebasura? “Pues supongo que sí”. No, si al final voy a ser un intelectual-dijo riéndose. Yo los Domingos por la tarde me tiro en el sofá tragándome todo lo que echan en el canal “National Geographic”. Acompañado de un Pack de cervecitas es mi verdadero momento de Relax, incluso apago el movil, y que les den!!
Los dos se quedaron en un silencio nada incómodo, y para romperlo Xavier le propuso ir al cine. Eso sí, que no sea una comedia romántica, no las soporto. “¿Una de aventuras?”, propuso Azucena. De aventuras, o de tiros, o de mafiosos (estas son mis favoritas), o de lo que sea menos lo que te he dicho. O mejor aún de cine de países no habituales.
Así que fueron a los cercanos multicines (8 salas) y apenas había colas. “La crisis”, dijo ella. Xavi añadió: fijo, en mi barrio, prácticamente cada semana, cierra un comercio. Es espantoso.
Uno de los actores favoritos de ella era Nicholas Cage, y había una de él que tenía toda pinta de ser de intriga y misterio, así que la decisión se tomó sola.
A los dos les encantó le película: miedo, intriga...y el director, pese a ser un filme de Hollywood, era iraní; una mezcla perfecta. “Te confesaré una cosa: Nicholas Cage es mi amor platónico” Es normal, es un gran actor y sé reconocer a un tío atractivo, y él lo es. “¿No te vas a reir de mí?” preguntó ella.. No, yo, desde que ví “Alien” me quedé pillado con Sigourney Weaver. “Buffffffff, Alien es demasiado para mí, cuando le sale el bicho ya no pude ver más”.
Bueno, hora de retirada, no? -dijo él “¿Te acerco en coche?”, dijo Azucena, Vale, gracias
Se despidieron con un beso en la mejilla, y quedaron en seguirse viendo en el callejón.
Así pasaron varias semanas, o varios meses, y los encuentros en el callejón y el albariño de los domingos se convirtieron en rutinarios. Él se olvidó de sus tardes tirado delante del televisor, prefería estar con ella.
Pero algo estaba pasando, no en la superficie, sino como un magma profundo que quizás surgiera por un volcán. El volcán explotó un Domingo que ella le propuso visitar su casa para que viera su colección de discos de Blues en vinilo. Los dos eran aprendices de melómanos, cada uno en su estilo, y los dos en el Blues, aunque él tenía básicamente CDs. Y ella LPs. Tras apenas 3 ó 4 canciones, sin saber cómo, estaban abrazados besándose en el sofá. Azucena dijo un simple “Te quiero”, Xavier no encontraba las palabras, le dijo que sentía por ella algo que nunca había sentido por nadie, que quería que ese abrazo durara eternamente, y recorrer su cuerpo con caricias. Azucena le dijo “no sabes decir “te quiero”, pero me lo has dicho”. Creo que sí, y me encanta!!- afirmó Xavier.
Tardaron todavía un mes en irse a la cama, y descubrieron que eran totalmente compatibles: a los dos les gustaban las caricias por todo el cuerpo, el amor dulce, tierno, lento...++
Xavier no sabía de donde sacó las fuerzas, pero le preguntó: Nunca he salido con una chica, pero...¿Quieres ser mi chica?”Siiiii, hace meses ya” ¿Y porqué no lo decías? “Por miedo”, dijo Azucena, “miedo a ser rechazada, sólo he tenido un novio y los pocos chicos que me han gustado han pasado de mí”
Esa noche durmieron totalmente acoplados, y Xavi y Azucena podrían haber llegado tarde al trabajo de no ser que a las 8 un pintor austriaco llamó a Xavier para proponer enviarle un catálogo con sus trabajos. Azucena ya se había acostumbrado a las constantes interrupciones: pero realmente estaba orgullosa de que su chico tuviera un trabajo de tanta responsibilidad en un museo reputado.
La relación se hizo “oficial” cuando se presentaron a sus respectivas pandillas. Los vaciles fueron tremendos, sobre todo a Xavier “Qué, soltero de oro, te han cazado!!” “Mira tú con el asexual, si es que dos tetas...”Las amigas de ella se alegraron enormemente de que, después de 10 años, hubiera encontrado a su chico.
Era un amor verdadero y recíproco.
Él vivía en un pequeño y precioso ático, en el que no quedaba espacio ni para un gato entre Lps, Cds, y libros de todo tipo. Ella vivía en un piso de 2 habitaciones, porque tenía claro que la sala y una habitación eran para la “cultura”, y la otra para ella. Todos los fines de semana los pasaban en el piso de ella, y se pinchaban música o leían en voz alta pasajes de libros (entre otras cosas, claro). Xavi había conseguido negociar las tardes del sábado libres, alegando, con informe médico, (inexistentes) trastornos de ansiedad.
Las 2 pandillas prácticamente se habían fusionado, y ya había algún esbozo de parejita más.
De repente, un día, Xavi le dijo que había conocido a otra chica que le gustaba más.
Azucena se quedó destrozada. Él le dijo que gracias a ella se le había curado la misoginia, y ahora le gustaban las mujeres. Azucena ni veía ni escuchaba, era un mar de lágrimas y sollozos. Xavier no sabía qué hacer, así que se fue.
Azucena tuvo que ir al médico que le receto antidepresivos y ansiolíticos. Gracias a ellos pudo ir a trabajar, pero cuando volvía a casa, todo era llorar y llorar. Adelgazó 15 Kilos en 2 meses, estaba esquelética. Cuando ya estaba pensando en tomar una sobredosis y suicidarse, una tarde de sábado llamaron al timbre, y ella pensó que era Xavi que venía a rescatarla, o a suicidarla dicíendole que iba a casarse. “Puedo pasar?” Esta siempre ha sido tu casa, tú te fuiste, yo no te eché, y no te cerraré nunca la puerta, siento un inmenso dolor, no rencor. “Gracias”.
¿que tal te va con tu chica?- preguntó Azucena.
Ya no es mi chica, el 'affaire' apenas duró tres semanas
¿Has encontrado a otra mejor?
Sería fácil, persona más superficial es dificil de encontrar. Pero no, cometí un error y ya estoy castigado de por vida.
Que error?, dijo ella, sabiendo la respuesta
Aunque tengo ya 43 años, como nunca había salido con nadie, emocionalmente era un crio de 15. Y, curada mi misoginia, hay mujeres que me resultan atractivas. No supe darme cuenta de que compartía mi vida con la mujer más maravillosa del mundo, y me dejé llevar por cantos de sirena.
¿Crees que volveran esos cánticos?
No, sin tí he tenido que recurrir a la medicación, incluso coger una baja.
Yo también estoy con medicación.
Azucena, aunque emocionalmente sea un crío de quince, intelectualmente tengo 43, y sé que sigo enamorado de tí, y sé que eres irrepetible. He venido a implorar tu perdón y a decirte que seré tuyo de por vida, aprendo fácil.
Xavi, me has fallado una vez, no habrá otra oportunidad.
...¿Eso quiere decir que...?
Que seguimos siendo pareja, sin reproches ni rencores, desde cero.
Xavi se echó a llorar con una mezcla de dolor y alegría. Ella le contemplaba, de alguna manera siempre había intuído que este momento llegaría. Le abrazó, y él lloró más fuerte aún y se agarró a ella con una desesperación terminal.
La pandilla (pues ya era solo una) también lo había pasado fatal, viendo a los dos con medicación, sabiendo que Xavi se había equivocado, viendo a Azucena perder peso de forma increíble...Así que se merecían una alegría: al sábado siguiente organizaron una super-fiesta en casa de Azucena, y lo primero que anunciaron es que estaban buscando piso porque se iban a vivir juntos. De borrachera a cogorza monumental osciló la cosa, Xavier y Azucena incluidos. Al levantarse el domingo con una resaca descomunal, había cinco de la cuadrilla tirados por el suelo de la sala.

Buscar piso era como esperar un hijo, nunca habían sido tan felices.