lunes, 30 de marzo de 2015

MI PERRA Y MIS FANTASMAS

Siempre tuve claro que querías a mi perra más que a mí. Con tu hijo era lógico, si no le quisieras más que a mí era para darte una manija de ostias.
Que tu hijo quisiera más a mi perra también entraba en lo normal. Era cariñosa, mimosa, retozona, divertida y suave.
Lo que no entiendo es que cojones pintaba yo de cuarto ángulo de ese triangulo de playa de invierno.
O de quinto angulo de una ya colmena que incluía a tu novio de Skype.
En todo caso...¿qué pintaba yo en tu vida?
Me decías que no fuera demasiado cariñoso delante del niño.
Y luego me reprochabas no ser cariñoso.
Había que respetar las formas, pero luego follábamos a puerta abierta al lado de la habitación del niño.
"Sexo tántrico" le llamabas, algo que no habías sentido con tu legión de amantes.
¿Puede alguien enamorarse y desenamorarse en 2 semanas?. O una o las dos son falsas.
En cualquier caso, ni Saritah ni yo estamos ya en tu vida.
Y sinceramente te diré que quise mucho más a Saritah que a tí.
Y ahora no encuentro el mechero; he perdido el Zippo de los Beatles, lo cual también duele más que tu pérdida.

A ver con que ostias les doy fuego a mis fantasmas, precisamente hoy que tocaba hablar de la CNT.

viernes, 27 de marzo de 2015

ESOS ADORABLES Y DOLIENTES PEQUEÑOS





Los niños agarran pequeñas piedras y construyen su propia plaza, y en el centro, una estrella asimétrica, conmemorando algo que no nos van revelar. Pequeños lindos niños mexicanos, pequeños oaxaqueños que viven en pleno castigo, y no se dan cuenta porque ya nacieron con la opresión. Triste realidad.
No pueden sentir el dolor de sus padres y madres, porque no conocen otra cosa que detenciones y torturas, así es la vida habitual, y no se percatan, ni pueden imaginar otra.
La idea de un país en paz le es totalmente ajena, la propia palabra “paz” no saben lo que significa. Y sin embargo, siguen jugando y divirtiéndose, con piedras, con palos, con la ropa vieja que ya no vale para nada.
Triste también es la realidad de millones de niños en todo el mundo, niños hambrientos, niños soldado.
Estás aportando cada mes 30 euros a una muy modesta ONG y que por tanto parece de confianza. 30 euros de un sueldito y que te suponen un esfuerzo. Pero no te parece que hagas nada.
Empieza a madurar en tí la idea de dejar todo atrás y marcharte. No unos meses a Oaxaca, sino para siempre.
El piso es de alquiler y no tienes muchas cosas por las que sientas apego. Así que decides hacer una pequeña mudanza y dejar en casa de un amigo las pocas cosas que quieres conservar : Los discos de Blues, los líbros de poesía y divulgación científica...y de repente te das cuenta de que no hay nada más que te ate. Sientes al mismo tiempo culpa y alivio. Culpa por haber almacenado tantas cosas inútiles, alivio porque reconoces el consumismo en que vivías y que no se repetirá.
Todo lo demás va al rastro, te pagan una mierda, pero tu objetivo era que al deshacerte de ello otras personas pudieran beneficiarse
Contactas con tu ONG, que trabaja con niños en el cuerno de África, les comentas tu idea. Te dicen que puedes ir 3 meses de prueba y luego decidir si te quedas o no.
Te cuesta un par de semanas decidirte, aunque desde el primer momento sabes la respuesta, y la respuesta final es un sí.
El viaje es una travesía normal, con miedo a lo que encontrarás allí.
Hay malaria, hay tuberculosis, hay hambre...
Te asignan una aldea donde hay voluntarios recién llegados de diversos países. Entre el inglés y el lenguaje corporal os vais entendiendo.
No hay vacunas de malaria y tuberculosis para todos los niños. Las industrias farmaceúticas podrían fácilmente acabar con ambas enfermedades casi sin perder un euro, pero son tan avariciosas que ni se les ocurre hacer un acto de buena voluntad.
Teneis que elegir a qué niños vacunar y a cuales no. Te sientes como un asesino, los demás también. Pues sabeis que cada niño vacunado es otro condenado a muerte. Pero tras un par de semanas esa sensación desaparece. Vacunais a los niños más sanos y fuertes, es como un Darwinismo llevado al extremo, pero no hay otro remedio. Al menos aliviais la hambruna general con una nueva papilla que les alimenta, y al cabo de unos meses les podrá permitir comer sólidos.
Estás tan absorto en tu trabajo que los 3 meses pasan como un solo día. Ahora viene la decisión : ¿Te quedas o vuelves?. Les comentas a las responsables de la ONG que vas a quedarte, pero que necesitas coger 15 días para despedirte de tu familia y amigos. “Es lo habitual”, te contestan. Tus padres se deshacen en lágrimas pero al mismo tiempo alaban tu valentía. "No soy un heroe, simplemente hago lo correcto". Ellos sabían que este día llegaría tarde o temprano. Tus dos hermanos te dicen “Cojonudo, tío!!”. Te despides de tus tíos y primos. Te sorprende que quien más llora son algunos de la cuadrilla. Los abrazos son inmensos, pero no pueden dejar de llorar.
Te tienes que hacer fuerte, tú también les vas a echar muchísimo de menos.
Dudas entre si llevarte los libros y discos o no. Los de poesía sí, te van a llenar el alma cuando te sientas muerto. Los otros no. ¿Y los discos? El amigo en cuya casa dejaste las cosas te regala un pequeño pero potente reproductor de CDs a pilas, y te dice “tú necesitas la música como al agua, y seguro que a los pequeños también les ayuda”. Me convence. Y hago un último acto consumista: 150 pilas para el reproductor (quizás allí te las puedan conseguir, quizás no...Por eso llevas tantas). Y la discografía completa de los Beatles, música más curativa no puede haber.
Llega el día de la partida y has prohibido a amigos y familia que vayan al aeropuerto a despedirte. Lo cumplen. Y tú marchas sabiendo ya lo que te vas a encontrar, y feliz por hacer lo adecuado. Sabes que nunca volveras...



martes, 24 de marzo de 2015

Sofía y la Silenciada República





Sofía era una mujer tremendamente agradable, generosa y solidaria. Estaba divorciada, pero sus dos hijos ya estaban colocados y eran independientes, así que con lo que cobraba en la cafetería, donde estaba fija, le llegaba y le sobraba. Ella sabía que yo lo pasaba mal, y no era la primera vez que le tenía que pedir 20 ó 30 euros para acabar el mes. A menudo a fondo perdido.

Aquel verano estaba realmente apasionada y nerviosa: iba a tener una niña saharaui con ella, 3 ó 4 meses, y las dudas sobre cómo tratarla la corroían. Yo le dije que la tratara como había hecho con sus hijos, pero ella seguía inquieta como un árbol en medio del huracán.

Al fin llegó el día. Fuimos a recogerla en mi vieja furgoneta, heredada de un amigo. No comprendía como cada año pasaba la ITV. La niña se llamaba Jamila, tenía 8 años, hablaba un casi perfecto castellano, y era una criatura dulce y tiernamente bella. Nos enamoramos al instante de ella.

Vivía en el interior de la Republica Saharaui Independiente, y nunca había visto el mar, salvo desde el avión que la trajo.  Así que lo primero que hicimos fue llevarla a una de las calas que bordeaban esta ciudad, y se deshizo en lágrimas. “En mi vida he visto algo tan bonito” -dijo.

Yo, para variar, estaba en el paro, así que pasaba casi más tiempo en la playa conmigo -tuvimos un verano muy benigno- que con su mamá adoptiva.

Uno de los escasos días que llovió -y la niña disfrutó como nunca toda la mañana mientras yo me pringaba a su lado- coincidió que Sofía libraba, y nos encerramos por la tarde-noche en mi apartamento a ver la tele. Todo parecían programas de cotilleo, así que como plan B les pinché algo de música. Cuando Jamila escuchó a Duke Ellington nos preocupamos porque pareció desmayarse, pero nos dijo “Tranquilos, estoy bien, esta música me ha emocionado más que la playa, no sé explicarlo”

Sofía se dio cuenta de que estábamos haciendo a Jamila más feliz de lo que nunca había soñado. Playa, excursiones, lluvias ocasionales, el Duque...y cantidades ingentes de cariño.

Parecía que habían pasado 3 días, pero llegó el momento de su partida. Le regalamos una minicadena, una cantidad brutal de pilas, y todos mis CD de Ellington. En principio no quiso aceptarlo, pero a su edad aún no sabía lo que era el chantaje emocional.

Sofía y yo estábamos destrozados, habíamos perdido a nuestra niña, a nuestra hija. Un par de meses después nos llegó una carta de la República, en la que los padres de Jamila nos decían que la niña nos extrañaba mucho, y que tenían 7 hijos a los que apenan podían mantener. Querrían hacer un viaje a España para conocernos y ver si podíamos ser sus padres de verdad.

Les pagamos el viaje, estuvieron 3 semanas, y se convencieron de que mejores padres no podía haber. Para entonces, yo me había decidido a sacar rendimiento de mi habilidad extrema para arreglar casi cualquier cosa, y no me iba mal, se acabaron los préstamos de Sofía.


Mis dos mujeres eran felices, yo era feliz...y lo que pasó entre Sofía y yo quizás lo cuente otro día...

domingo, 22 de marzo de 2015

El parque del anochecer

Era la tercera vez que iba al parque de noche. Desde que se había trasladado a aquel barrio, hacía apenas una semana, el parque se iba convirtiendo en su mudo compañero al salir del trabajo. No tan mudo al fin y al cabo, estaba poblado por decenas de especies de pequeños pajaritos que alegraban, con sus cánticos, su alma seca tras 12 agotadoras horas de camarero multiusos. Le sorprendía que los hubiera nocturnos, siempre había asociado a las avecillas con el amanecer.

Un martes, paseando por el casco viejo en su único día libre, en el escaparate de una pequeña y polvorienta librería descubrió un libro sobre el canto de las aves. Entró y charló durante dos horas con aquel encantador anciano, un personaje fascinante que se convirtió en su compañero favorito de los martes, de todos los martes. Compró el libro, y en unos meses ya conocía a toda su cantarina tropa nocturna.

Su padre había muerto cuando él tenía 3 años, no conoció a su abuelo, y no tenía hermanos mayores, así que aquel dulce vejete se convirtió en la referencia masculina que siempre le había faltado. Había pescado el bacalao en Terranova, extraído carbón en Asturias, recogido fruta por toda Europa…eso sí, siempre acompañado de libros. Cuando ya planeaba asentarse apareció alguien que vendía aquella librería, y, como él decía, la convirtió en punto de referencia de todos aquellos temas que las demás librerías ignoraban. Incluso tenía su página en Facebook!!

No pudo creerlo cuando, un triste martes de octubre, la librería estaba “Cerrada por defunción”. Llamó a la hermana de su amigo y le confirmó lo ya sabido: el domingo había fallecido de un fulminante ataque al corazón, el funeral era dentro de escasas horas en la parroquia del barrio.

La iglesia estaba abarrotada, era un ser amable y amado; había muchas lágrimas. Al salir del funeral habló con la hermana sobre la librería, y le dijo que quería comprarla. El acuerdo fue fácil.

Allí pensaba pasar el resto de sus días, pero el momento más feliz fue cuando, a los 15 años de muerto su amigo, un jovenzuelo, vivo retrato del antiguo librero, entró para preguntar acerca de aquel viejo libro sobre cánticos de aves…

sábado, 21 de marzo de 2015

No estaba preparado...

He visto tatuajes de venas cortadas. He visto alcohólicos suicidarse desde un quinto piso. He visto esquizofrénicos fumando 20 porros al día. He oído tocar el jembé a seres tan escuálidos que les asomaban todos los huesos. He visto exposiciones que eran sólo bombillas. He visto ancianos llevarse de la biblioteca manuales de explosivos. He visto el rayo verde cerca del polo. He oído cantos de sirena en mitad del Atlántico. He visto, en Mali, morir niños en brazos de su madre.
He visto motos de 1.000 caballos estrellarse contra escaparates de bazares. He escuchado de anarquistas votando al PP. Y he visto locos que pensaban que, imponiendo las manos, sanarían.


Pero nada de ello, nada, me había preparado para ver a la policía romper a hachazos mi puerta, entrar en mi casa, y robar todos mis discos de Punk, alegando una nueva ley que regulaba la posesión de material audiovisual potencialmente violento.

martes, 17 de marzo de 2015

E iban cayendo lentamente, uno tras otro







Como las fichas de un dominó enloquecido, diría que se desgranaban si no fuera porque -más bien-se desangraban.

Iban cayendo, desde los más primitivos Blues del Delta de la década de 1930, hasta los -también viejos- blues blancos del Siglo XXI.

Letras preñadas de melancolía, música arrebatadoramente triste, esa era la sintonía para lo que le estaba sucediendo con ella.

La última vez que la vio estaba preciosa, desnudísima en la playa, el último sol creando ínfimas sombras bajo sus preciosos pechos. Pero parecía hacer milenios, ahora Alexandra estaba inexplicablemente distante.

Él ya llevaba 15 días en Salamanca, había venido a buscarse la vida tocando bajo, armónica y cantando en las calles, y a cada llamada, fría ella, estaba más convencido de que había alguien más. Probablemente el que ya estaba de más era él, Rubén. Sentía que la molestaba, que su cabeza ya estaba a otras cosas más importantes que el amor que se tenían  ¿Donde habían quedado su cariño y sus "te echo de menos"? Menos mal que el MP3 estaba preñado de esa música que le fascinaba y entristecía.

Había conocido a un guitarrista, un percusionista y un saxo: semejante cuarteto, un verdadero concierto callejero, les saneaba las finanzas; sacaban cerca de 200 euros diarios, los turistas eran generosos

Todos los días la llamaba, y esa lejanía en su voz ya no admitía otra explicación que la presencia de un sustituto.

Pero con la compañía de unos musicazos y unos buenos pavos en el bolsillo, la tristeza se matizaba tras un mes y medio en aquella ciudad universitaria.

Las llamadas con Alexandra eran cada vez más vacías, y ya no se sentía un suplente, había fichado por otro club, eso era todo.

Y llegó lo que no esperaba: "Rubén, necesito que vuelvas, tengo que hablar contigo muy seriamente". Dímelo por teléfono y acabemos ya, joder. "No, tiene que ser en persona".

No fue por hacerse de rogar, pero allí le iban bien las cosas, muy bien, incluso había conocido a una chica. Se lo pensó durante 15 días.

Pero el mar y los rescoldos del amor tiran bastante, así que tras más de dos meses volvió a Lisboa. Nada más llegar, antes de dejar el bajo y la mochila en casa, fue al pequeño estudio de Ale. Necesitaba confirmar que había un nuevo amor, y arrastrar por el suelo toda su vida portuguesa, para volver con su banda y su principio de relación amorosa a la bella Salamanca.

Pero no, Ale estaba sola, y se arrojó en sus brazos. Y Rubén se vio obligado -con gozo- a volver a las Jams de jueves, viernes y sábados en Lisboa, y quizás a buscar algún trabajillo extra. Porque sí, había otro, pero no exactamente: "Rube, lo he pensado mucho, lo he pasado mal, he pensado en dejarte, en tenerlo sola, pero quiero tenerlo, y contigo, tú eres el padre".

lunes, 16 de marzo de 2015

El olvidado país de la luz




Hace 6000 años, cuenta la leyenda, existía un país muy al sur, en el que todas las criaturas volaban libres y el sol hacía a la hierba brillar.
A cada recién nacido se le entregaba una pequeña bolsa, de la que podría ir sacando todos sus deseos e ilusiones, a lo largo de toda su vida. Nadie sabía cuándo se agotaba la bolsa, ni siquiera si tenía un final.
Pero muchos vaciaban sus hatillos antes de morir, siendo entonces expulsados del país de la luz, marchando a llorar su derrota a las montañas de la niebla y la oscuridad.
Los más jóvenes seguían en el país hasta que también les llegaba el turno de marchar con sus bolsas vacías y el corazón lleno de pena.
Unos pocos conseguían mantener el pequeño zurrón siempre lleno, por muy viejo y agrietado que estuviera. Extraían de él deseos, ilusiones, esperanzas....pero nunca olvidaban luchar por ellas. Eran envidiados y odiados, acusados de artes de magia negra.
Cuando los viejos y amargados de las montañas fueron un gran número y poderosos, bajaron hasta la llanura de la luz en una noche de primavera y quemaron el país, mataron a muchos, y los pocos supervivientes que aún conservaban sus ilusiones y luchas tuvieron que emigrar y repartirse por el mundo.
Me gustaría descubrir que somos descendientes de algunos de ellos.

sábado, 14 de marzo de 2015

La mística de Liverpool, el culto a los Cuatro




Cada uno de sus decenas de millones de fans se siente único, cada quien interioriza la experiencia de diferente manera. Incluso los recién conversos como yo (bueno, desde hace unos 10 añitos) piensan que es "su grupo" y que nadie los ama tanto como él a a ellos. Debo mi abducción a la beatlemanía a un gran amigo, al cual a cambio le descubrí la enorme grandeza de The Who. Animals, Kinks, Stones, incluso los propios Who, palidecen ante el legado de esos 10 años de creatividad desbocada de The Beatles. Sólo otra banda rivaliza, no en los '60 sino en los '70; Led Zeppelin. Me olvido a propósito de la escena progresiva: sólo salvaría a Pink Floyd, y por los pelos. Aunque justo sería nombrar, en los USA, a The Byrds.

Un cuarteto capaz de firmar un 90% de canciones extraordinarias, está en el Olimpo. Dentro de 3 siglos, si llegamos, se seguirá considerando su obra como la más esencial de la historia del Rock. Canción tras canción, uno no puede dejar de maravillarse ante la perfecta artesanía Pop que se traían Lennon, Macca, y también Harrison.

Pero siendo fiel al título de la columna, hay una mística, una fascinación que no procede solo de las dos guitarras, el bajo, y la batería. En un caso comparable al de Coltrane, el sonido parece no ser de origen terreno, uno no se sorprendería si le dijeran que The Beatles capturaban sus canciones en el espacio interestelar. Es al mismo tiempo un "Déja vu" y la impresión imperecedera de algo nuevo. Un ya visto porque parece increíble que a alguien no se le ocurrieran antes esos temas; frescura porque tras mil escuchas cada vez es como la primera.

Hay un ingente negocio que les rodea, es probable que sea la segunda marca más conocida en el mundo, sólo tras la coca-cola. Pero esa bebida es un rompe-estómagos, y lo de los fab four es arte pluscuamperfecto, una gran diferencia.

Los contrasentidos tras el "Paul is dead", el asesinato de Lennon, la enigmática figura de Yoko, su acercamiento a filosofías y religiones orientalistas, su uso de las drogas, el "somos más grandes que Jesucristo", su renuncia a dar conciertos hacia la mitad de su carrera...Todo elementos que engrandecen el misterio que les rodea. Porque sí, hay un misterio, porque por muchas biografías que se lean, aún no reluce el "cómo" ¿Cómo llegaron a construir las mejores canciones del Siglo XX? ¿Qué pasó allí?

Conjunciones de inteligencias, inspiraciones, lugares, astros, y también esa bestia del estudio de grabación llamada Sir George Martin, explican una parte, no el todo.

La discusión Beatles Vs. Stones carece de sentido: los de Jagger fueron bastante buenos, la banda que nos ocupa está sentada a la derecha del padre
.
Y volvemos al principio, cuando uno pincha Rubber Soul y suena "drive my car", John y George siguen vivos y hay un misticismo que no se explica, se percibe y te deja anonadado. Mística que, estoy seguro, los hijos de mis sobrinos percibirán cuando les deje escuchar "norwegian wood". No en vano el esqueleto más famoso de entre nuestros antepasados fósiles se llama Lucy por "Lucy in the sky with diamonds",

Su cabeza describe espirales




No tenía ni idea de lo que le pasaba, nunca le había ocurrido algo similar: su cabeza volaba, pero no volaba en una dirección concreta; en ninguna y en todas a la vez. Al menos, no sentía que se le separara del cuerpo, como le dijo una vez un borracho en un bar.

La mente sólo daba vueltas y más vueltas, trazando espirales y órbitas planetarias excéntricas: lo mismo recordaba su séptimo cumpleaños que a la última amante. O no recordaba nada y simplemente contemplaba esa mente, a veces circular, a veces elíptica. Era como observar un baile ritual desde la altura del Everest.

Era algo agotador: intentó con infusiones, fue a la herboristería a por las capsulas de valeriana más fuertes que tuvieran. Le conocían de sobra, era vegetariano e iba allí a comprar germen de trigo, levadura de cerveza, soja, comprimidos de todas las vitaminas del complejo B...y remedios para gripes y catarros o cualquier malestar. Les contó lo que le pasaba (sin poder hilvanar una frase coherente y hablando como Yoda). Fueron sinceros: “La valeriana no te va a hacer nada”. “Ya sabemos que eres tan reacio como nosotras a la medicina oficial, pero yo subiría a Urgencias”

Se sentó -o eso creyó- en un banco de la calle. Entre la cabeza patinando sobre hielo, el ruido del tráfico, su rechazo a la medicina oficial, y lo que le habían dicho en la herboristería, pensó en tirarse debajo de un camión. Para mayor ironía, no se había sentado en un banco, sino en el escalón de acceso a una empresa de pompas fúnebres.

Se decidió  a subir a urgencias en un taxi. Estuvo 3 horas esperando a que le atendiera un psiquiatra, y su mente seguía torturándole. Las enfermeras, sí, leía sus pensamientos, escuchaba sus  latidos amplificados, oía sus voces persecutorias, todas querían matarle. La televisión de la sala de espera emitía, en “prime time”, un reportaje en el que se veía su vida cotidiana desde todos los ángulos posibles.


El psiquiatra le dijo que era un brote psicótico, y llamó a un practicante para ponerle una inyección intravenosa de una sustancia llamada olanzapina. Casi inmediatamente notó que la velocidad de su mente y los ciclos se calmaban, pero empezó a notar también que se le caía la baba por la comisura derecha y que apenas podía pensar.

 Los 7 últimos años de su vida los pasó encerrado en su casa, con su madre, convertido en un vegetal.

jueves, 12 de marzo de 2015

En coma





Las rayas blancas sobre el asfalto, esas pinturas de diatomeas en que ansiosamente esperamos la luz verde. Él no las había visto, pero se arriesgó a cruzarlas. Un camión sin frenos, un accidente más, y en coma.

Su madre velándole, y 3 novias alternando sus visitas, todas pretendían ser la única, la verdadera.

Coma, sí, contemplaba su cuerpo desde el techo del hospital, y apenas podía creerse a sí mismo en tan aguda duplicidad. Intentaba consolar a su madre, a sus chicas, pero todo ocurría a cámara lenta, y - como en “Ghost”-  buscaba una señal que hiciera visible la invisibilidad de su espíritu.

Mozart, Requiem, su pieza favorita, la que quería interpretada en su entierro. La minicadena de su vecino sonaba permanentemente, y muy bajito sentía esa horrible música de “Los 40 Principales”.

Sí, la solución estaba allí. Su diminuto estudio no estaba lejos, el alma escindida fue hacía allí y cogió su CD de Mozart y la bufanda del Atlétic de Bilbao.


Cuando su madre y la novia más antigua acudieron a la mañana siguiente, el Requiem sonaba, y en la cama vecina un cuello estrangulado con la bufanda del Atlétic aparecía inerme. Quizá entendieran la señal… La señal de que algo de él seguía latiendo...

martes, 10 de marzo de 2015

Sí, aquel callejón...

Desconocía totalmente aquel callejon estrecho y sucio, pese a haber pasado cerca de él miles de veces. Una única farola iluminaba el pasadizo, encajonado entre muros de ladrillo viejo de color terroso.
Apestaba a basura y al humo del último coche que se aventuró por allí. Pero siempre me han atraido esos lugares ruinosos que de repente aparecen de la nada en una gran ciudad.
Recorrí la calleja entera, sintiéndome cómodo y no con miedo, desahogado y sin turbación. Cuando salí a la ciudad, a sus neones y tráfico brutal, mire a derecha e izquierda para saber dónde estaba.
Más ó menos ubicado,ví justo enfrente mío, en la otra acera, un cartel que sólo decía B&J, sobre una fachada de aspecto acogedor. Me llamo la atención. Crucé, y, como sospechaba, era un local de Blues y Jazz.
Increíblemente, aquella noche tocaba "Pinetop" Perkins, y quedaba una única entrada. Palpé mis bolsillos y tenía el dinero suficiente. Mr Perkins es historia viviente, pero él nunca sabrá lo que aquel encuentro representó para mi historia personal.
He vuelto docenas de veces al B&J, pero el callejón ya no existe. No está tapiado, simplemente allí jamás ha habido un callejón, nadie lo vió nunca

domingo, 8 de marzo de 2015

Los crisantemos se secan

La muerte
intriga que nos sufre
¿nos aguarda en cada esquina?
¿o lentamente vence?

Dicen un destino
dicen casualidad.
Yo prefiero pensar
es la vida sin amor.

Sin amor no vives
no lloras
no vislumbras perfiles
perfiles que te rodean.

Sin amor
nada puedes entregar
porque nada de tí saldrá
del desierto corazón.

Sin amor vives muerto
los crisantemos de tu huerto
por falta de agua se secan
y su aroma muerte indica.

Conozco aquel que murió
de pura soledad y tristeza
Conozco aquel que murió
de su único amor perdido

Ya poco tiempo me queda
mis queridos amigos
sumergire mi cuerpo en la nada
y por fin moriré sin lloros.

Quiero en la losa un epitafio
que diga con descaro horroroso
Ni música ni amigos pudieron

su muerte evitar ni el foso

jueves, 5 de marzo de 2015

Vuelve a ser 6 de Febrero, siempre es 6 de Febrero

Escucho Blues, pero hoy no puedo escucharte a tí. Te lo prometí, mientras estuviera vivo, que en esta fecha alguien se enteraría que Gary se nos fue.

Gary Moore, guitarrista, cantante y compositor. Calzado con una recias botas de rock y blues, tu fallecimento me hizo calibrar lo mucho que te quería y admiraba. Encima eras un tipo fiel a tus amigos, a amigos geniales como tú, gente del calibre de Phil Lynnott o Peter Green.

Ya no me emborracho de tristeza, ya no sufro tanto, pero cuando empieza Febrero hay un vacío en mí que sólo tu podrías llenar, y ya no puedes.

Eras uno de los mejores guitarristas de la historia, así de simple, capaz de echarle los santos huevos de dedicar un disco a versiones de Hendrix y bordarlo.

Lloré mucho, sabes? Hay una categoría especial entre los músicos favoritos, y son aquellos a los que AMAS.

Si hubieras tenido una vida disipada y peligrosa serías una leyenda, pero mejor así, te recordaremos sólo por tu música y no por tus excesos.

Si algún día resucitas, por favor, pon en su sitio al inutil de Joe Bonamassa, sí, ese guaperas que ensucia el sacrosanto nombre del Blues.

Para bien y para mal, eres irrepetible, como lo fueron Rory y Stevie, Espero que desde el cielo este pequeño recordatorio te haga sonreir, cuatro años ya,,,

martes, 3 de marzo de 2015

Calle, gato, hambre.

Hacía ya casi tres años que vivía en la calle. Un desahucio express, una pelea en el centro de acogida de indigentes, Cáritas que no funcionaba, ninguna otra ONG. Los cubos de basura era su hipermercado, y en ocasiones los vecinos le regalaba pan, latas o mantas.

El hombre y su gatito dormían siempre abrazados. Se habla mucho de la fidelidad de los perros,pero aquel peludo atigrado era el único amigo de Julián, un amigo desinteresado, sincero y alegre.

Consiguió al fin un malpagado empleo en ua pizzeria, pero el dueño murió a los dos meses y el negocio quebró.

El gatito Tommy estaba especializado en encontrar comida, salchicas apunto de caducar que compartía con su amigo.

Día tras días se alejaba unos cientos de metros y siempre volvía con embutidos.Y las noches eran puro amor, ni con su ex- había experimentado esa sensación de que eres todo para alguien. Caricias de buena noche con las zarpitas, lametones para despertar.

Un día, ante sus propios ojos, un coche le pasó por encima, el cadaver aún caliente recibió los más amargos llantos de su vida. Llantos que nadie vertió cuando el cuerpo semi-descompuesto de Julián apareció en un vertedero.

domingo, 1 de marzo de 2015

Beso

Te deseo un beso.
Te deseo un beso de hombre, un beso de amor, uno de los que quizás yo no supe darte.
Nunca.
Te deseo un beso ávido, cálido y profundo, pasional y a la vez etereo, un beso
como los que nunca te dí yo
Deseo seas besada con profundidad y caliente aliento, con sabor a salitre y ternura
sustancias ajenas a mí.
Te imagino siendo besada por el ser más viril de este mundo, el hombre de verdad
que no fuí yo
Su pecho y tu pecho se rozan, tus pezones se yerguen cual astas de toro, y disfrutas
de lo que yo no té dí.
Y de repente te veo en la calle, de la mano de una mujer, y os dais un profundo beso.

Ahí estuvo el secreto.