jueves, 12 de marzo de 2015

En coma





Las rayas blancas sobre el asfalto, esas pinturas de diatomeas en que ansiosamente esperamos la luz verde. Él no las había visto, pero se arriesgó a cruzarlas. Un camión sin frenos, un accidente más, y en coma.

Su madre velándole, y 3 novias alternando sus visitas, todas pretendían ser la única, la verdadera.

Coma, sí, contemplaba su cuerpo desde el techo del hospital, y apenas podía creerse a sí mismo en tan aguda duplicidad. Intentaba consolar a su madre, a sus chicas, pero todo ocurría a cámara lenta, y - como en “Ghost”-  buscaba una señal que hiciera visible la invisibilidad de su espíritu.

Mozart, Requiem, su pieza favorita, la que quería interpretada en su entierro. La minicadena de su vecino sonaba permanentemente, y muy bajito sentía esa horrible música de “Los 40 Principales”.

Sí, la solución estaba allí. Su diminuto estudio no estaba lejos, el alma escindida fue hacía allí y cogió su CD de Mozart y la bufanda del Atlétic de Bilbao.


Cuando su madre y la novia más antigua acudieron a la mañana siguiente, el Requiem sonaba, y en la cama vecina un cuello estrangulado con la bufanda del Atlétic aparecía inerme. Quizá entendieran la señal… La señal de que algo de él seguía latiendo...

4 comentarios:

  1. ¡Vaya forma de hacerse notar!

    Muy bueno, Cronista

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  2. Inquietante relato, cronista, me ha gustado. Pero no sé si la madre y la novia entendieron la señal o salieron de la habitación con bastante más prisa de la que entraron.
    Un beso

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  3. No sé, para mi que es un rollo lisérgico con consecuencias funestas.

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  4. Gracias por pasaros, chic@s!!!! Bienvenido Elliott y rebienvenida Nena. Es un simple relato fantástico, no tiene nada más, jajajaja, interpretación libre.

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Gracias por colaborar a que esto mejore :-) Sois tod@s muy bien recibid@s. SALUD!!