viernes, 27 de marzo de 2015

ESOS ADORABLES Y DOLIENTES PEQUEÑOS





Los niños agarran pequeñas piedras y construyen su propia plaza, y en el centro, una estrella asimétrica, conmemorando algo que no nos van revelar. Pequeños lindos niños mexicanos, pequeños oaxaqueños que viven en pleno castigo, y no se dan cuenta porque ya nacieron con la opresión. Triste realidad.
No pueden sentir el dolor de sus padres y madres, porque no conocen otra cosa que detenciones y torturas, así es la vida habitual, y no se percatan, ni pueden imaginar otra.
La idea de un país en paz le es totalmente ajena, la propia palabra “paz” no saben lo que significa. Y sin embargo, siguen jugando y divirtiéndose, con piedras, con palos, con la ropa vieja que ya no vale para nada.
Triste también es la realidad de millones de niños en todo el mundo, niños hambrientos, niños soldado.
Estás aportando cada mes 30 euros a una muy modesta ONG y que por tanto parece de confianza. 30 euros de un sueldito y que te suponen un esfuerzo. Pero no te parece que hagas nada.
Empieza a madurar en tí la idea de dejar todo atrás y marcharte. No unos meses a Oaxaca, sino para siempre.
El piso es de alquiler y no tienes muchas cosas por las que sientas apego. Así que decides hacer una pequeña mudanza y dejar en casa de un amigo las pocas cosas que quieres conservar : Los discos de Blues, los líbros de poesía y divulgación científica...y de repente te das cuenta de que no hay nada más que te ate. Sientes al mismo tiempo culpa y alivio. Culpa por haber almacenado tantas cosas inútiles, alivio porque reconoces el consumismo en que vivías y que no se repetirá.
Todo lo demás va al rastro, te pagan una mierda, pero tu objetivo era que al deshacerte de ello otras personas pudieran beneficiarse
Contactas con tu ONG, que trabaja con niños en el cuerno de África, les comentas tu idea. Te dicen que puedes ir 3 meses de prueba y luego decidir si te quedas o no.
Te cuesta un par de semanas decidirte, aunque desde el primer momento sabes la respuesta, y la respuesta final es un sí.
El viaje es una travesía normal, con miedo a lo que encontrarás allí.
Hay malaria, hay tuberculosis, hay hambre...
Te asignan una aldea donde hay voluntarios recién llegados de diversos países. Entre el inglés y el lenguaje corporal os vais entendiendo.
No hay vacunas de malaria y tuberculosis para todos los niños. Las industrias farmaceúticas podrían fácilmente acabar con ambas enfermedades casi sin perder un euro, pero son tan avariciosas que ni se les ocurre hacer un acto de buena voluntad.
Teneis que elegir a qué niños vacunar y a cuales no. Te sientes como un asesino, los demás también. Pues sabeis que cada niño vacunado es otro condenado a muerte. Pero tras un par de semanas esa sensación desaparece. Vacunais a los niños más sanos y fuertes, es como un Darwinismo llevado al extremo, pero no hay otro remedio. Al menos aliviais la hambruna general con una nueva papilla que les alimenta, y al cabo de unos meses les podrá permitir comer sólidos.
Estás tan absorto en tu trabajo que los 3 meses pasan como un solo día. Ahora viene la decisión : ¿Te quedas o vuelves?. Les comentas a las responsables de la ONG que vas a quedarte, pero que necesitas coger 15 días para despedirte de tu familia y amigos. “Es lo habitual”, te contestan. Tus padres se deshacen en lágrimas pero al mismo tiempo alaban tu valentía. "No soy un heroe, simplemente hago lo correcto". Ellos sabían que este día llegaría tarde o temprano. Tus dos hermanos te dicen “Cojonudo, tío!!”. Te despides de tus tíos y primos. Te sorprende que quien más llora son algunos de la cuadrilla. Los abrazos son inmensos, pero no pueden dejar de llorar.
Te tienes que hacer fuerte, tú también les vas a echar muchísimo de menos.
Dudas entre si llevarte los libros y discos o no. Los de poesía sí, te van a llenar el alma cuando te sientas muerto. Los otros no. ¿Y los discos? El amigo en cuya casa dejaste las cosas te regala un pequeño pero potente reproductor de CDs a pilas, y te dice “tú necesitas la música como al agua, y seguro que a los pequeños también les ayuda”. Me convence. Y hago un último acto consumista: 150 pilas para el reproductor (quizás allí te las puedan conseguir, quizás no...Por eso llevas tantas). Y la discografía completa de los Beatles, música más curativa no puede haber.
Llega el día de la partida y has prohibido a amigos y familia que vayan al aeropuerto a despedirte. Lo cumplen. Y tú marchas sabiendo ya lo que te vas a encontrar, y feliz por hacer lo adecuado. Sabes que nunca volveras...



4 comentarios:

  1. No he podido quitar los ojos de la foto, ignoro el tiempo que he estado sin pestañear, tenia miedo de empezar a leer el relato.
    Hay realidades (como esta) que hacen daño, por eso por ser realidad.Nunca he entendido, la falta de etica de las industrias farmaceuticas, menos aún la cara dura y la impunidad de los gobiernos que lo consienten.
    Gracias por esta sacudida, buenas fechas para pensar. creyentes o no el jueves es el dia del amor fraterno. !!Va por ustedes industrias farmaceuticas¡¡

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  2. Me alegro de haber provocado esa sacudida, yo colaboro con dos ONG y el relato es en cierta forma autobiográfico, muchas veces siento en mí el impulso de dejar todo atrás y hacer algo de verdad. Cuando escuchas al director general de una gran farmaceútica decir "no hacemos medicinas para pobres sino para quienes pueden pagarlas", tus convicciones pacifistas se van al garete y te armarías de un potente kalashnikov. Es de vergüenza que la colaboración con esos países desfavorecidos quede en manos de los 10 eurillos que aportamos muchos voluntarios, y que los políticos se gasten miles de euros en puti-clubs.En fin, no sigo que me caliento aún más.

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  3. Te dejo dos lágrimas amargas y este haiku:

    niños del hambre,
    si la luna tuviera
    pechos de madre...

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  4. Gracias por tu aportación María Socorro, cuánta verdad en tan pocas palabras...

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Gracias por colaborar a que esto mejore :-) Sois tod@s muy bien recibid@s. SALUD!!