martes, 24 de marzo de 2015

Sofía y la Silenciada República





Sofía era una mujer tremendamente agradable, generosa y solidaria. Estaba divorciada, pero sus dos hijos ya estaban colocados y eran independientes, así que con lo que cobraba en la cafetería, donde estaba fija, le llegaba y le sobraba. Ella sabía que yo lo pasaba mal, y no era la primera vez que le tenía que pedir 20 ó 30 euros para acabar el mes. A menudo a fondo perdido.

Aquel verano estaba realmente apasionada y nerviosa: iba a tener una niña saharaui con ella, 3 ó 4 meses, y las dudas sobre cómo tratarla la corroían. Yo le dije que la tratara como había hecho con sus hijos, pero ella seguía inquieta como un árbol en medio del huracán.

Al fin llegó el día. Fuimos a recogerla en mi vieja furgoneta, heredada de un amigo. No comprendía como cada año pasaba la ITV. La niña se llamaba Jamila, tenía 8 años, hablaba un casi perfecto castellano, y era una criatura dulce y tiernamente bella. Nos enamoramos al instante de ella.

Vivía en el interior de la Republica Saharaui Independiente, y nunca había visto el mar, salvo desde el avión que la trajo.  Así que lo primero que hicimos fue llevarla a una de las calas que bordeaban esta ciudad, y se deshizo en lágrimas. “En mi vida he visto algo tan bonito” -dijo.

Yo, para variar, estaba en el paro, así que pasaba casi más tiempo en la playa conmigo -tuvimos un verano muy benigno- que con su mamá adoptiva.

Uno de los escasos días que llovió -y la niña disfrutó como nunca toda la mañana mientras yo me pringaba a su lado- coincidió que Sofía libraba, y nos encerramos por la tarde-noche en mi apartamento a ver la tele. Todo parecían programas de cotilleo, así que como plan B les pinché algo de música. Cuando Jamila escuchó a Duke Ellington nos preocupamos porque pareció desmayarse, pero nos dijo “Tranquilos, estoy bien, esta música me ha emocionado más que la playa, no sé explicarlo”

Sofía se dio cuenta de que estábamos haciendo a Jamila más feliz de lo que nunca había soñado. Playa, excursiones, lluvias ocasionales, el Duque...y cantidades ingentes de cariño.

Parecía que habían pasado 3 días, pero llegó el momento de su partida. Le regalamos una minicadena, una cantidad brutal de pilas, y todos mis CD de Ellington. En principio no quiso aceptarlo, pero a su edad aún no sabía lo que era el chantaje emocional.

Sofía y yo estábamos destrozados, habíamos perdido a nuestra niña, a nuestra hija. Un par de meses después nos llegó una carta de la República, en la que los padres de Jamila nos decían que la niña nos extrañaba mucho, y que tenían 7 hijos a los que apenan podían mantener. Querrían hacer un viaje a España para conocernos y ver si podíamos ser sus padres de verdad.

Les pagamos el viaje, estuvieron 3 semanas, y se convencieron de que mejores padres no podía haber. Para entonces, yo me había decidido a sacar rendimiento de mi habilidad extrema para arreglar casi cualquier cosa, y no me iba mal, se acabaron los préstamos de Sofía.


Mis dos mujeres eran felices, yo era feliz...y lo que pasó entre Sofía y yo quizás lo cuente otro día...

8 comentarios:

  1. Bonita historia, si señor vuelves a mezclar, ternura, tristeza, romanticismo y realidad.
    El resultado un relato muy agradable de leer.Me gustaria saber que paso con Sofia...aunque imagino algo agradable seguro.
    Un saludo cariñoso-

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  2. Muchas veces he pensado en los duro que debe ser para estos chcios saharauis adaptarse a su vida real luego de pasar un tiempo con nosotros. Creo que sí, que es bueno para ellos y para sus receptores pero quizás fuera necesario asumir las consecuencias psicológicas que puede tener para un chico pasar de la precariedad a la abundancia y de nuevo a la precariedad.
    Saludos

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  3. Gracias, Anònimo, creo que ya te he ubicado en mi ámbito familiar, jajaja.

    Es una pregunta que yo me hago muchas veces Krapp, pero creo que todo humano, saharaui o no, entra y sale de la opulencia infinidad de veces. Por si acaso le he preferido dar a la niña un hogar estable.

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  4. Ese tema del retorno de los niños siempre me ha preocupado. Me parece que es como si les dieras golosinas, y una vez que se acostumbran a ellas, se las quitas.
    Quizá sea la mentalidad egoísta de quien no se quiere implicar emocionalmente, sin darse cuenta del bien que para ellos puede significar por breve que sea.
    Siempre he entendido, que tenemos obligaciones para con los desfavorecidos, mucho más para con aquellos a los que el Estado abandonó a suerte.
    Salu2.

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  5. Otras formas de pensar, de ver la realidad, hacen que ocurra en la realidad o en la ficción (como es el caso de tu tierno relato) este desapego de los padres en pos de un mejor nivel de vida de sus hijos. Mis afectuosos saludos Cronista.

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  6. Desde que tengo uso de razón me ha interesado poderosamente la extraña realidad de una república inexistente con un gobierno en el exilio, obra mayuscula del tardofranquismo.Creo que sólo una guyana comporte este status de país inexistente. Es sangrante, lacerante y más allá de lo vergonzante.Adopciones veraniegas no son la solución, pero demuestran la mucha mayor altura ética de las gentes del país que de sus políticos.

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  7. Hermoso relato. Ejemplo de humana solidaridad. Ejemplo para aquellos que no saben que hacer con su tiempo y con su vida y se inventan cruces, traumas y sufrimientos. Ejemplo de como darle un sentido a la vida !! Te felicito por el relato de una admirable realidad del ser. Saludos, amigos !!! A los tres.

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  8. Hermoso relato. Ejemplo de humana solidaridad. Ejemplo para aquellos que no saben que hacer con su tiempo y con su vida y se inventan cruces, traumas y sufrimientos. Ejemplo de como darle un sentido a la vida !! Te felicito por el relato de una admirable realidad del ser. Saludos, amigos !!! A los tres.

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Gracias por colaborar a que esto mejore :-) Sois tod@s muy bien recibid@s. SALUD!!