jueves, 23 de abril de 2015

Como el pan y la arena

Como el pan blanco y caliente del amanecer. Como la arena rebozando mi cuerpo. Como un parque inesperado en mitad de las ruinas. Así llegaste a mi vida, y te instalaste poco a poco, dulce, suave, algodonosa pero firme. Me declaré, y tardaste 3 días en decirme "sí", yo era tu primer amor, tú eras mi segundo.
Lloré durante minutos que duraron horas al escuchar ese "sí", lloré como si al fin todas mis plegarias hubieran sido escuchadas. Llevaba 4 meses colgado por tí, absorbiendo cada nota de tus bailes, siempre sola. Imaginando mis dedos juguetear entre tu larquísima melena negra y rizada, soñando con acariciar tus hombros morenos.
Y digo cuatro meses que fueron dos años, pero al final reventaba de amor y deseo.
Me declaré por una carta que te dí y te dije que no leyeras hasta llegar a casa. Como por sortilegio, ese mismo día me prestaste un librito de pensamientos positivos, de tu puño y letra, porque me dijiste que me veías tristón últimamente. ¿Tristón?. Esa era la cara buena, la de mostrar. La realidad era una tristeza infinita por mi anhelo y mi cobardía.
No podía tener celos de nadie, eramos una pandilla muy unida y todo se hubiera notado.No tenías amantes, no tenías "amigos especiales", ibas a todas partes con tu hermana...Y si a alguien de la pandilla prestabas más atención era a mí.
Pero tenía celos: celos del aire que te envolvía, celos del agua que destilaba de tu cuerpo al salir a la playa.
Te dí tiempo, todo el tiempo del mundo, al fin y al cabo yo era tu primer amor. Pasó casi un mes hasta que me dijiste "quiero pasar la noche contigo". Y sí, pasamos la noche juntos, pero no hubo sexo, sólo abrazos y besos, tú aún no estabas preparada.
Pero llegó, y fue más maravilloso de lo que ninguno de los dos imaginábamos. Nos descubrimos mutuamente un universo de placeres frescos y fragantes, apasionados e intensos.
Respeté tu unión con tu hermana, al fin y al cabo erais de la misma sangre. Así que ibamos los tres a todas partes. Yo debía ser la comidilla del barrio, acompañado siempre de dos guapísimas mozas.
Porque sí, no lo había dicho hasta ahora, pero eras un bellezón, y con un cuerpo perfecto en sus redondeces.
Los fines de semana, cuando el tiempo era benigno, nos fugábamos de acampada sin tu hermana a "nuestra" cala, conocida sólo por 3 ó 4 parejas más. ¡Cuanta felicidad! Fueron años de reverdecer, de rejuvenecer aún más.

Compartíamos gustos, compartíamos opiniones, aficiones..., eramos muy parecidos...,y por ahí vino el fallo. Demasiado parecidos. Y todo se empezó a hacer cachitos. Compartimos el mismo final, el mismo triste -inevitable- final, de todos los finales de las parejas.


Pero no me arrepiento de nada, fui feliz como nunca. Y creo que tú también.

2 comentarios:

  1. ¡Enhorabuena! En mi modesta opinión es uno de los relatos, que más me ha gustado.
    Tierno, real, es que no encuentro palabras de tantas que tengo, para definirlo.
    Es una gozada leer cositas así, quiza me pille con la moral bajita,pero estos relatos, te hacen creer en las cosas buenas, que tiene la vida, y que por desgracia duran poco.
    Animo cronista, sigue escribiendo,cada vez me gusta más como lo haces.
    Un cariño grandote besitos.

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  2. Gracias Anónimo!! Me hace mucha ilusión tener comentarios. Soy consciente de que este relato, leve, parcial y fragmentariamente autobiográfico, no es de los peores, me quedó una sonrisa de satisfacción cuando lo terminé. Un abrazo.

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Gracias por colaborar a que esto mejore :-) Sois tod@s muy bien recibid@s. SALUD!!