jueves, 9 de abril de 2015

LADRONES, ENGREÍDOS Y LAMECULOS

Hoy, por fin, los charcos salpicaban de nuevo las calles al paso del autobús: ha vuelto a llover. Para muchos una maldición; para mí -aún a riesgo de escucharme llamar loco- un placer demasiado tiempo añorado. Hoy también ha sido un día importante por otras razones:
Me he puesto a escribir, aunque tal vez sin la lluvia no hubiera tenido la fuerza. 
Y me quedo sin trabajo dentro de dos meses, y no solo eso, sino que me caigo de la rueda para siempre. Llevo veinte años rodando y ahora, con una simple patadita -ni eso, basta con dejar un enganche un poco suelto- me mandan al corredor de la muerte, el corredor de la mala suerte, sin siquiera agradecer los servicios prestados. Y este trabajo es de esos que si te sales en la curva más vale que te retires, no hay entrada a boxes que valga, ya has perdido una vuelta y estás fuera de carrera. 

Lo curioso es que no estoy indignado por perder el trabajo, sino por la traición en sí, por ese dejarte fuera del futuro sin una razón, sin un "lo siento". Porque los jefes no son capaces de decirte a la cara que ya han repartido el pastel y a ti te toca fregar la bandeja desechable. Por las miraditas bajas y los silencios cómplices de los "compañeros", que ni siquiera se atreven a hacerte un comentario por miedo a contagiarse de tu caída en desgracia, no sea que ellos, ahora tan enteros, empiecen a temblar de piernas si se ven en esa posición en la que ahora te ven a ti. Y la verdad es que me gustaría que me hablaran, para decirles dos cosas, muy simples: que me alegro de irme a la calle, y que el damnificado no soy yo, sino ellos. Las apariencias siempre engañan, y más en este caso: yo huyo hacia la libertad, y ellos se quedan ahí, siempre con miedo, siempre actuando y haciendo genuflexiones para caer en gracia.

Así que esta es la verdadera historia, por fin hemos llegado a ella: ¡¡No me echan, me voy feliz!!. Cómo... ¿Aún no lo había explicitado lo suficiente?. Pues sí, ya estaba harto de este trabajo, no aguantaba más, y me hubiera largado de todos modos antes que renovar el contrato. ¡¡Estoy contento, soy dichoso, soy libre!!. Lo que jode es que te dejen sin la opción de decir: "Ahora os vais todos a tomar por saco, yo me largo de esta cueva de ladrones, engreídos y lameculos", y cerrar de un portazo, porque resulta que a tus espaldas ya han decidido que eres un elemento molesto y sobrante. Pero bueno, por otra parte me han ahorrado el mal trago de explicar a la mayoría biempensante y políticamente correcta las razones para dejar una carrera profesional con pasado, presente y posible futuro, y también me han evitado el miedo al vacío del último momento, con el riesgo de agachar la cabeza y decir "si, quiero ser un borrego otros tres años más" a cambio de un salario fijo. Así que ahora soy yo sólo el que maneja los mandos de esta nave, y el que es libre de estrellarla contra las rocas o aproarla hacia el sol.

Y siento ese vértigo, ese miedo a la libertad del que tanto se habla, y que hasta ahora no había experimentado. Lo cual quiere decir que hasta ahora nunca había sido libre, y en veinte años ya iba siendo hora. Es duro pensar que hay gente que no lo es nunca, y yo llevaba ese camino. Bueno, la libertad es una palabra demasiado bonita e importante, un concepto tan enorme que no la empleo sino por aproximación. Nadie es libre del todo nunca, y menos aún en esta sociedad-prisión que nos hemos creado, pero digamos que por lo menos he empezado a recorrer el camino que lleva hacia ella, un camino que hasta ahora sólo miraba desde lejos, allá, en lo alto de la colina, y que imaginaba transitado por unos pocos valientes, un grupito de afortunados, tal vez algún loco, y un par de despistados que pasaban por allí. 

No me asusta la crisis, tengo doble nacionalidad hispano-canadiense, y allí me iré dichoso, con la frente limpia, el alma blanca, y la mirada puesta en el horizonte. 
Y mi mejor saxofón.

9 comentarios:

  1. Ecos del himno al despido esperado. El eterno mañana que muestra su mejor cara en el presente aunque sabemos que puede ser imaginario pero esperamos que rebase nuestras expectativas. Al paso del tiempo me recuerda trabajos a los que sigo celebrando haber renunciado. Bien se dice que el peor pecado es el miedo.

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  2. Gracias por intervenir Carlos, me acuerdo de tí!!! Totalmente de acuerdo con lo del miedo. Yo al final también he solucionado de maravilla mi situación laboral, pero ha sido duro, y también he tenido que renunciar a trabajos. Un saludo.

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  3. ¡Que el cambio sea para tu felicidad, Cronista querido, y las tierras canadienses te reciban con lo mejor de sí!

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  4. Es imaginario, querido Elliott, jajaja. Hace tiempo quería reflexionar sobre cómo nos aterrorizamos al perder -o ante poder perder- un trabajo de mierda; sobre como nos hemos construido una cárcel y una esclavitud absoluta; sobre cómo el mundo está lleno de traicioneros chupapollas....pero hasta que no he visto que la reflexión cobraba fuerza sólo si la hacía en primera persona, no me he puesto a ello. He vivido en Canadá, y te aseguro que renunciaba gustoso a mi nacionalidad española por un trabajillo en Toronto. Abrazos.

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    1. Ya voy perdiendo la noción de qué es imaginario y qué real en este vastísimo blog. jajaja.

      Si menos por menos es más, la pérdida de un trabajo de mierda no es más que la ganancia misma en tiempo, salud y, por qué no, felicidad.
      Coincido que, por el vil metal, los compañeros se vuelven con la distancia, completos desconocidos.

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  5. Yo padecí acoso laboral muchos años, hasta que caí enfermo y las mismas manos que aplaudieron la brillante exposición de mi tesis doctoral se tornaron garras. Ahora gozo de una pensión por invalidez y soy feliz.

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  6. Supongo que doler, ha de doler. El que te echen, digo. Pero lo más doloroso es la ingratitud que representa la falta de un adiós en condiciones, sin una disculpa aunque suene a falsa. Sí, eso duele más.
    Salu2.

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  7. Esto es una reflexión general pero por supuesto hay partes autobiográficas. Cuando te dejan sin financiación para tu proyecto, como un mero trámite burocrático, sin un porqué, tras dedicarle 10 años, joder no es la palabra.

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Gracias por colaborar a que esto mejore :-) Sois tod@s muy bien recibid@s. SALUD!!