viernes, 26 de junio de 2015

La próxima noche en Kansas

Dejas que la lluvia te acaricie con ternura el rostro. Una lluvia añorada en este invierno que ha parecido un verano errado. La tormenta ha llegado así, de repente, como si fuera una de las galernas de tu añorado Cantábrico.Una gorda nube negra ha salido de la nada y ha cogido a todo el mundo desprevenido. En el reproductor de MP3 suena, profética, la versión de Come rain or come shine de Sarah Vaughan. Sarah, Sassy, el vibrato más sensual del Jazz. Tienes que recorrer 12 manzanas y vas con una camiseta, al salir de casa estaba despejado. Nadie te va a librar de una mojadura histórica, aunque la verdad lo agradeces, no es muy normal en este norte Atlántico ver gente en la playa en Febrero. Te centras en ensoñaciones con Sarah  para huir de una camiseta que ya parece un cenagal. Ella Fitzgerald es tu cantante favorita, Lady Day te emociona como nadie, pero de Sarah...de Sarah estás enamorado. Tienes en tu ordenador una carpeta preñada de fotos de ella. Y una de fondo de escritorio.
Sueñas con que un día conoces a La Divina. Estamos en 1950, ella tiene 26 años, tú unos pocos más. Al acabar el concierto te acercas al camerino con una carretada de singles para que te los firme. Hay un guardia de seguridad gigantesco que te dice que por esa puerta no pasa nadie. Más admiradores quieren entrar, y la trifulca que se monta es de las que marcan época. Al oir el estruendo exterior la criatura más bella que ha pisado el planeta entreabre la puerta, con cara de susto. Tú abres tu maleta para que vea el cargamento de singles que has traído para que te los firme. Mágicamente, ella dice "deja pasar sólo a este". Tocas el cielo con las manos. Entras y ves a una Sassy agotada pero feliz. Descalza, lo que para tí añade más proximidad al encuentro. Al principio es el típico ritual de "yo te paso un disco y tú lo firmas", pero pronto le preguntas si es una pesadez atender a los fans. "si son como tú, no". Ya no tocas el cielo, vives en él. Pronto empieza una distendida conversación en la que ella te confiesa que lo duro no es soportar a los fans, lo verdaderamente duro es el viajar de ciudad en ciudad, que lo que le gusta es cuando puede hacer estancias de dos o tres semanas en un club, donde puede incluso acabar haciendo buenos amigos. Te dice que contigo se siente como con uno de esos amigos, como si te conociera de hace mucho tiempo. El cielo ya queda por debajo de tí. En esas entra el guardia de seguridad y te dice que es hora de marchar. Un frío polar recorre tu espalda hasta que Sarah contesta : "se quedará hasta que yo quiera". Y coloca comodamente sus pies descalzos sobre tus rodillas. Está claro que algo está pasando, y más claro aún cuando la conversación se hace totalmente libre y charlais sobre lo divino y lo humano. Sin que os deis cuenta, han dado las 7 de la mañana. Me dice "Horace, lo siento por mí y por tí, pero debo dormir si quiero estar en condiciones mañana en Kansas". Le digo que perfecto, que ya me ha dedicado demasiado tiempo. "Y me dice "El tiempo me lo he dedicado a mí, hacía años que no estaba tan a gusto con alguien". Y lo que iba a ser un beso en la mejilla se convierte en un dulcísimo beso en los labios. Ya no hay más que decir, coges tu maleta de singles firmados, os dais un gigantesco abrazo, y te vas. El guardia de seguridad no dice nada.


Suena Street of dreams y te das cuenta de que las 12 manzanas han quedado atrás, has llegado a destino. Apagas el reproductor y te preparas para enfrentarte a la burocracia. Tras la preceptiva cola, el primer funcionario que te atiende es tan altivo y desagradable que, despues de una noche pasada con Sassy, no tienes porque aguantarlo, así que te vueves a colocar los casquitos del MP3 y te das la vuelta con tu camiseta chorreante. ¡Ha salido el sol, la tormenta ha pasado! Buscas en el reproductor The man I love y te vas tan feliz pensando en la próxima noche en Kansas...  

miércoles, 17 de junio de 2015

Historia de un encuentro en un callejón

El callejón estaba desierto a esa hora del mediodia. La cerca de maderas pobres separaba el asfalto de un solar repleto de cascotes. Unos metros más allá, al doblar apenas la esquina, la ciudad se extendía ruidosa, poblada de coches acelerados . Pero la pequeña calleja era ignorante a todo ese tráfico, inmóvil bajo un sol plomizo o una fuerte tormenta..

Él acostumbraba a incluirla en su ruta para ir al trabajo, salvo cuando el ventarrón la azotaba enloquecido. Nunca se había cruzado con nadie, las gentes de aquel infierno parecían ignorarla, siendo de lo poco tristemente tranquilo de aquella población.
Un día, alucinado, se cruzó con una mujer. Era un día de lluvia sin viento, una lluvia desatada poco después de salir de casa, y que le había cogido con una chaquetilla de lana gris. No estaba empapado, chorreaba.

La mujer, protegida por un amplio paraguas, al verle en aquel estado, se ofreció a prestarle un pequeño paraguas plegable que siempre llevaba en el bolso. Su misoginia le impidió aceptarlo.

Misoginia que desde hace tiempo había estado ahí. Se había acostado con algunas chicas y sólo había sentido asco. Tampoco era homosexual; como les decía a sus amigos: “soy asexual”
Volvió a cruzarse habitualmente con aquella mujer, lo cual le producia repugnancia porque aquel era “su”callejón. La mujer, joven, siempre le saludaba muy amable. Él murmuraba un “hasta luego” inaudible.

Un día, aquella tipa se atrevió a pararle y preguntarle porque era siempre tan poco agradable “pues mira, porque durante años he ido al trabajo por este callejón, y nunca me había cruzado con nadie, y tú has roto la magia del único lugar de esta ciudad que me gusta “¿Te gusta este callejon?”. Tiene un encanto indefinible y abstracto. Tendrías que verlo bajo la luz del verano “Pero hay algo más”- dijo ella.

Sí, soy profundamente misógino. “¿Algún divorcio doloroso?” No, nunca he salido con una chica, ni quiero.”pero no eres gay” No, tampoco, no me interesa el sexo, simplemente, y no me gustais las mujeres. Y no me preguntes porqué, tengo idea del porqué, pero no lo sé seguro. Por favor, no intentes psicoanalizarme, que es vuestro hobby favorito.”No el mío, yo acepto a la gente tal cual es”. Pues serás la única...

¿Tu misoginia te impediría tomar un café conmigo?”. De entrada sí, pero si adelantamos un poco nuestras pasadas por aquí y tenemos tiempo de conocernos más, igual acepto. Había algo masculino en ella, algo inconscientemente masculino que fue lo que le llevó a ese “igual acepto”.

Él era, lo que se llama vulgarmente, “un hombre hecho a sí mismo”. Doctor en Ciencias Físicas, y licenciado en Geografía e Historia, y en Historia del Arte; las dos últimas, carreras que cursó a distancia y simultáneamente. Nunca pidió un euro a sus padres, todo lo hizo con becas o trabajando.

Ella no le iba a la zaga, Licenciada en Filologías Inglesa e Hispánica.

Al principio charlaban sobre todo de la crisis, y los incapaces que nos gobernaban. Afortunadamente, a ninguno de los dos le gustaba el futbol, a ella porque le aburría, a él porque le parecía inhumano que alguien cobrara 10 millones de euros o más. Charlaban sobre sus trabajos: ambos habían tenido suerte. Ella trabajaba como traductora en una editorial especializada en relatos, novelas o poesía de autores noveles en lengua inglesa, o viceversa. Inexplicablemente, les iba muy bien. Él era el seleccionador, coordinador y contacto de las exposiciones en el muy reputado Museo de Arte Contemporáneo. Los dos escribían, y muy bien: el le iba pasando sus relatos, ella sus poesías. Muy poco a poco, se fueron conociendo. Cinco semanas después, cuando se dió cuenta de que aquella mujer no era como las otras que había conocido, acepto el café. Ella propuso “Podríamos quedar el domingo en el café La Gramola, lo conoces?” Sí, claro. “¿A las seis?” A las seis, vale.

Eso era un viernes, el sabado casi llegó a las manos con el carnicero del supermercado que frecuentaba, por el odio hacia sí mismo que sentía por haber quedado con una mujer.

El domingo por la mañana decidió no ir, pero luego, por razones egoistas, pensó que lo mejor era acudir a la cita. Entre todas las mujeres, y los tíos que le caían mal, odiaba al 75% de la población, y eso no podía ser sano. Así que pensó que lo mejor era darle una oportunidad a aquella chica, y quizás se le curara la misoginia, a más no podía ir...

Ni se le ocurrió coger el coche para ir al centro, así que salió de casa a las 5 y cuarto para ir paseando. Se dió cuenta con sorpresa de que miraba de otra forma a las mujeres, algunas hasta le producian una sensación agradable.

Llegó al café a las 6 en punto, ella a las 6 y diez “perdona, es que el tráfico...” Le dijo que no pasaba nada. ¿Qué quieres tomar? “una caña”. Yo me voy a tomar un albariño, dijo él. “Vale, paso de la caña, que sean dos”. Les sirvieron y ella propuso un brindis.
Porque se te cure la misoginia”. No sé si quiero..., pero venga.

Él le dijo que buena parte de su misoginia y casi misantropía empezó a formarse cuando inició el Doctorado en Físicas. La gente, y sobre todo las chicas, le miraban como a un semidios, y querían acostarse con él como un objeto de coleccionista. Con todo el descaro, le preguntó si ella era así. “¿Pero tu crees que me importa un pimiento que la gente tenga una licenciatura o sólo primaria?”. “Lo único que me importa es que sean buena gente y tú, pese a tu misoginia, lo pareces, por eso te invité al café”. Bueno, tengo unos pocos amigos que me adoran, eso lo tengo claro.


Estuvieron charlando de sus respectivos trabajos, y vieron que en el fondo no eran tan diferentes, basicamente se reducían a estar a las ordenes de jefes vagos e ineptos. “Ahora eso no vale nada, pero yo estoy fijo.Ya llevo 10 años en el Museo” ”Perdona la indiscreción”, dijo ella. Pero..., ¿Cuantos años tienes?” No es ninguna indiscreción: 42
.“Yo soy un poco más joven que tú, tengo 38, y soy capricornio, así que no digas nada, sé que es el signo con peor fama” . Capricornios y tauros siempre conectamos muy bien, por eso a lo mejor he aceptado tomar un café con una mujer; la última fue hace años.
¿Sabes que casi la mitad de los españoles nunca han léido un libro?” Dijo Azucena (sí, perdonad, me había olvidado de presentaroslos: Azucena y Xavier). Estás de coña! “No, en serio, hace poco lo leí en un periódico, no de los gratuitos, creo que fue en “El País”. “Y también en cerca de la mitad de hogares sólo hay 2 libros: la Biblia y El Quijote, que no los han leído, por supuesto”. ¿Y que hacen en casa, ver telebasura? “Pues supongo que sí”. No, si al final voy a ser un intelectual-dijo riéndose. Yo los Domingos por la tarde me tiro en el sofá tragándome todo lo que echan en el canal “National Geographic”. Acompañado de un Pack de cervecitas es mi verdadero momento de Relax, incluso apago el movil, y que les den!!
Los dos se quedaron en un silencio nada incómodo, y para romperlo Xavier le propuso ir al cine. Eso sí, que no sea una comedia romántica, no las soporto. “¿Una de aventuras?”, propuso Azucena. De aventuras, o de tiros, o de mafiosos (estas son mis favoritas), o de lo que sea menos lo que te he dicho. O mejor aún de cine de países no habituales.
Así que fueron a los cercanos multicines (8 salas) y apenas había colas. “La crisis”, dijo ella. Xavi añadió: fijo, en mi barrio, prácticamente cada semana, cierra un comercio. Es espantoso.
Uno de los actores favoritos de ella era Nicholas Cage, y había una de él que tenía toda pinta de ser de intriga y misterio, así que la decisión se tomó sola.
A los dos les encantó le película: miedo, intriga...y el director, pese a ser un filme de Hollywood, era iraní; una mezcla perfecta. “Te confesaré una cosa: Nicholas Cage es mi amor platónico” Es normal, es un gran actor y sé reconocer a un tío atractivo, y él lo es. “¿No te vas a reir de mí?” preguntó ella.. No, yo, desde que ví “Alien” me quedé pillado con Sigourney Weaver. “Buffffffff, Alien es demasiado para mí, cuando le sale el bicho ya no pude ver más”.
Bueno, hora de retirada, no? -dijo él “¿Te acerco en coche?”, dijo Azucena, Vale, gracias
Se despidieron con un beso en la mejilla, y quedaron en seguirse viendo en el callejón.
Así pasaron varias semanas, o varios meses, y los encuentros en el callejón y el albariño de los domingos se convirtieron en rutinarios. Él se olvidó de sus tardes tirado delante del televisor, prefería estar con ella.
Pero algo estaba pasando, no en la superficie, sino como un magma profundo que quizás surgiera por un volcán. El volcán explotó un Domingo que ella le propuso visitar su casa para que viera su colección de discos de Blues en vinilo. Los dos eran aprendices de melómanos, cada uno en su estilo, y los dos en el Blues, aunque él tenía básicamente CDs. Y ella LPs. Tras apenas 3 ó 4 canciones, sin saber cómo, estaban abrazados besándose en el sofá. Azucena dijo un simple “Te quiero”, Xavier no encontraba las palabras, le dijo que sentía por ella algo que nunca había sentido por nadie, que quería que ese abrazo durara eternamente, y recorrer su cuerpo con caricias. Azucena le dijo “no sabes decir “te quiero”, pero me lo has dicho”. Creo que sí, y me encanta!!- afirmó Xavier.
Tardaron todavía un mes en irse a la cama, y descubrieron que eran totalmente compatibles: a los dos les gustaban las caricias por todo el cuerpo, el amor dulce, tierno, lento...++
Xavier no sabía de donde sacó las fuerzas, pero le preguntó: Nunca he salido con una chica, pero...¿Quieres ser mi chica?”Siiiii, hace meses ya” ¿Y porqué no lo decías? “Por miedo”, dijo Azucena, “miedo a ser rechazada, sólo he tenido un novio y los pocos chicos que me han gustado han pasado de mí”
Esa noche durmieron totalmente acoplados, y Xavi y Azucena podrían haber llegado tarde al trabajo de no ser que a las 8 un pintor austriaco llamó a Xavier para proponer enviarle un catálogo con sus trabajos. Azucena ya se había acostumbrado a las constantes interrupciones: pero realmente estaba orgullosa de que su chico tuviera un trabajo de tanta responsibilidad en un museo reputado.
La relación se hizo “oficial” cuando se presentaron a sus respectivas pandillas. Los vaciles fueron tremendos, sobre todo a Xavier “Qué, soltero de oro, te han cazado!!” “Mira tú con el asexual, si es que dos tetas...”Las amigas de ella se alegraron enormemente de que, después de 10 años, hubiera encontrado a su chico.
Era un amor verdadero y recíproco.
Él vivía en un pequeño y precioso ático, en el que no quedaba espacio ni para un gato entre Lps, Cds, y libros de todo tipo. Ella vivía en un piso de 2 habitaciones, porque tenía claro que la sala y una habitación eran para la “cultura”, y la otra para ella. Todos los fines de semana los pasaban en el piso de ella, y se pinchaban música o leían en voz alta pasajes de libros (entre otras cosas, claro). Xavi había conseguido negociar las tardes del sábado libres, alegando, con informe médico, (inexistentes) trastornos de ansiedad.
Las 2 pandillas prácticamente se habían fusionado, y ya había algún esbozo de parejita más.
De repente, un día, Xavi le dijo que había conocido a otra chica que le gustaba más.
Azucena se quedó destrozada. Él le dijo que gracias a ella se le había curado la misoginia, y ahora le gustaban las mujeres. Azucena ni veía ni escuchaba, era un mar de lágrimas y sollozos. Xavier no sabía qué hacer, así que se fue.
Azucena tuvo que ir al médico que le receto antidepresivos y ansiolíticos. Gracias a ellos pudo ir a trabajar, pero cuando volvía a casa, todo era llorar y llorar. Adelgazó 15 Kilos en 2 meses, estaba esquelética. Cuando ya estaba pensando en tomar una sobredosis y suicidarse, una tarde de sábado llamaron al timbre, y ella pensó que era Xavi que venía a rescatarla, o a suicidarla dicíendole que iba a casarse. “Puedo pasar?” Esta siempre ha sido tu casa, tú te fuiste, yo no te eché, y no te cerraré nunca la puerta, siento un inmenso dolor, no rencor. “Gracias”.
¿que tal te va con tu chica?- preguntó Azucena.
Ya no es mi chica, el 'affaire' apenas duró tres semanas
¿Has encontrado a otra mejor?
Sería fácil, persona más superficial es dificil de encontrar. Pero no, cometí un error y ya estoy castigado de por vida.
Que error?, dijo ella, sabiendo la respuesta
Aunque tengo ya 43 años, como nunca había salido con nadie, emocionalmente era un crio de 15. Y, curada mi misoginia, hay mujeres que me resultan atractivas. No supe darme cuenta de que compartía mi vida con la mujer más maravillosa del mundo, y me dejé llevar por cantos de sirena.
¿Crees que volveran esos cánticos?
No, sin tí he tenido que recurrir a la medicación, incluso coger una baja.
Yo también estoy con medicación.
Azucena, aunque emocionalmente sea un crío de quince, intelectualmente tengo 43, y sé que sigo enamorado de tí, y sé que eres irrepetible. He venido a implorar tu perdón y a decirte que seré tuyo de por vida, aprendo fácil.
Xavi, me has fallado una vez, no habrá otra oportunidad.
...¿Eso quiere decir que...?
Que seguimos siendo pareja, sin reproches ni rencores, desde cero.
Xavi se echó a llorar con una mezcla de dolor y alegría. Ella le contemplaba, de alguna manera siempre había intuído que este momento llegaría. Le abrazó, y él lloró más fuerte aún y se agarró a ella con una desesperación terminal.
La pandilla (pues ya era solo una) también lo había pasado fatal, viendo a los dos con medicación, sabiendo que Xavi se había equivocado, viendo a Azucena perder peso de forma increíble...Así que se merecían una alegría: al sábado siguiente organizaron una super-fiesta en casa de Azucena, y lo primero que anunciaron es que estaban buscando piso porque se iban a vivir juntos. De borrachera a cogorza monumental osciló la cosa, Xavier y Azucena incluidos. Al levantarse el domingo con una resaca descomunal, había cinco de la cuadrilla tirados por el suelo de la sala.

Buscar piso era como esperar un hijo, nunca habían sido tan felices.

domingo, 14 de junio de 2015

Y sí, pienso que va a llover hoy, quizás llueva ginebra.





Y sí
pienso que
va a llover
hoy

Eso parecía desde mi balcón, y eso ha ocurrido. Más que un aguacero, una lluvia fuerte e intensa; un verdadero vendaval. Sin embargo, me he empeñado en salir a la calle con este fino jersey, por el simple hecho de que ella nunca lo conoció. Hace dos inviernos me quedaba justo, ahora enorme. Eso, y las descuidadas barbazas, no me deben dar un aspecto muy agradable, pero me importa una mierda, al fin y al cabo

está lloviendo
hoy

Una pareja se refugia bajo un enorme paraguas. Ella se para, y le da un aparatoso beso. Te ha reconocido, y sigue tan cruel como siempre, como cuando te dejó por teléfono. Te dan ganas de acercarte a él y decirle “primero te va a volver loco, luego te va a poner los cuernos, y luego te va a dar la patada”. Pero te ahorras el numerito porque

está lloviendo
hoy

Me auto-oculto que sigo enamorado. Corro a refugiarme dentro de un gran centro comercial, los aborrezco, pero quizás me distraigan de la escena que acabo de ver, y en la calle no se puede estar. Voy a uno de los bares y me tomo 4 ginebras solas. El camarero, al verme con ese aspecto y bebiendo ginebra a pelo, se acerca respetuoso y me pregunta “¿Todo bien?”. Tu respuesta es

No creo
está lloviendo
hoy

“Otro chalado”, piensa el camarero, fijo.
Decido acercarme hasta los cines, sala número cinco, el cinco siempre me ha dado suerte. Hoy no: una lacrimógena historia de amor con final feliz que transcurre en más de su mitad bajo la lluvia londinense. Lo ideal para mi amor destrozado. Compro dos botellas de ginebra en el Hiper, salgo a la calle, y el diluvio es infernal, así que espero por un taxi y le digo “Alcalde Diego Henriquez, 53”. El taxista se lanza a una perorata sobre la lluvia y sus consecuencias, y yo simplemente le contesto

parece que
está lloviendo
hoy

A él le da igual lo que le conteste, el caso es seguir despotricando contra la lluvia y contra todos los imbéciles a los que no les deberían de dejar sacar el carnet. Yo, mientras, deseando llegar a casa para bajarme las dos botellas de ginebra de un tirón. Cuando por fin llegamos a mi portal y le pago la carrera, me despido con un obvio y enigmático:

Tenga cuidado
pienso que
va a llover
hoy

Dylan, Beatles, Who, Animals, Kinks, Byrds...van cayendo uno tras otro, todos mis clásicos. Mientras, el nivel de las botellas baja alarmantemente. De repente me doy cuenta de que, a mis 33 años, sólo tengo los discos, las botellas de ginebra, y yo mismo. Un yo destrozado e inservible. Así que decido acercarme a la gasolinera de la esquina y comprar 5 litros de gasolina. Rocío todo y, cuando estoy a punto de incendiarlo con mi viejo Zippo de John Lee Hooker, me doy cuenta de que

quizás no funcione

al fin y al cabo
creo que está lloviendo

hoy  

jueves, 11 de junio de 2015

El dolor monstruoso e imparable

Su mente ennegrecía por momentos. Aquella cama infernal estaba engullendo lo poco que quedaba de él, tras casi un mes sin meter nada en el estómago. Le habían hablado de lo que era una depresión, pero jamás imaginó el dolor, monstruoso e imparable, que se adueñaba de las entrañas. Ella se había ido para no volver, y ni siquiera pudieron despedirse. Él en Guadalajara por negocios, ella bajo un camión en Teruel. La noticia llegó a través de su madre, y sólo recordaba hasta el octavo whisky, lo siguiente era la policía despertándole de un banco del parque. Y lo siguiente era encerrarse en casa...hasta hoy. Le habían llamado del trabajo para decirle que las cosas sin él iban rematadamente mal, estaban en números rojos. Era el dueño y a su cargo había 4 empleados, pero siempre pensó que , aparte de él, la única persona que había conocido con verdadero talento para llevar una empresa era su antiguo socio.
Hoy la noticia había roto la última puerta, esa velada frontera que separaba el inmenso dolor de la muerte inminente. Sabía que le quedaban pocas horas, eso sentía. Pero en un último esfuerzo decidió que tal vez había salida. Llamo a su médico y le contó lo que pasaba, lo que había pasado en ese último mes de pesadilla. Enviaron a una ambulancia y le trasladaron a urgencias.Allí le atendió un psiquiatra muy amable que le recetó antidepresivos.

Ya han pasado 8 años, ahora tiene 39 y le han diagnosticado 5 enfermedades mentales diferentes. Ha pasado por 9 psiquiatras, le drogan como a un zombie, ha perdido el trabajo y vive con su madre subsistiendo de una miserable pensión. Está alcoholizado y su único amigo es un anciano desdentado que sólo sabe hablar de viejas películas de Tarzán. A veces piensa en ella, pero con otro vaso de vino en seguida se olvida...

lunes, 8 de junio de 2015

Ojos de crema y miel



Era por sus ojos, si estabas en esa terraza era por sus ojos de crema y miel. No estabas haciéndote el interesante con ella, os conocíais demasiado. Simplemente que escuchar a Johnny Shines y leer a Rafael Alberti te convierte en una “rara avis” en esta ciudad. Estás en esa agradable terraza, atendida por un ser puro, con la mirada limpia y sincera, fresco oasis, panacea para el espíritu. Esos ojos inconcebibles no son suficientes como para decidir permanecer eternamente en ellos, pero sí para absorber cierto aire fresco en medio de esta atmósfera apelmazada y opresiva. Además, ella leía y escribía -excelente- poesía y os dejábais libros y vuestras respectivas poesías. Y sus 2 tardes libres las pasábais en la biblioteca municipal, mientras la mayoría de la gente estaba en la playa...¿Y qué?

Todos los versos de “Marinero en tierra”te hacen pensar en la mar, una mar añorada, que se encuentra, sus olas, a una hora de autobús. Una mar que la ciudad oprime, y que pese a todo, no consigue matar verdes y azules ni convierte en turbio cenagal. Una mar que frecuentarías más si tuvieras coche, o si pudieras aguantar durante casi una hora los gritos estridentes de los jovenzuelos que van a la playa, contigua a la cala nudista a la que tú vas, si vas.

No estás haciéndote el interesante, escuchas a Shines y lees a Alberti porque estás aterrizando (por enésima vez) en la poesía y el Blues, tras una corta temporada de narrativa y Pop suave. Pero si hubiera alguien que te prestara atención (inusitado en esta ciudad en la que nadie presta atención a nadie), podrías estar escuchando a Beyoncé y leyendo eso de las sombras de Grey.

No, no lo haces por resultar interesante, a tus 52 años ya no eres interesante para nadie.

Pero está la chica. En esta ciudad de pegajoso y frío pavimento, están sus ojos, donde ves olores a los que aferrarse. Pero no, no estás enamorado de ella, hace 10 años que cerraste esa puerta para siempre: doble cerrojo, lacre y hormigón; no estás dispuesto a que nadie más entre en tu vida para jodértela. Contemplas sus ojos como podrías contemplar una selección de fotografías del “National Geographic”, con un enorme disfrute pero sin amor. Estás agradablemente sorprendido de otear en el horizonte una visión parecida a la que debieron ser tus ojos 30 años atrás, precediendo a su lento degenere. Menos mal que ¡al fin! te han concedido el traslado a una pequeña, bella, y acogerada ciudad. Quizás allí tu memoria olvide los últimos 30 años, tu mirada recupere el brillo, y puedas derribar a machetazos la coraza de tu corazón.

Vuelves al libro y marcas con banderitas los poemas (numerosos) que incluirás en tu blog. Johnny Shines ha dado paso a Big Bill Broonzy, la luz al crepúsculo, y el agrado al frío...y la mirada de la chica refleja cansancio. En esas aparece Juanjo, un habitual de esta tardía hora. Desconectas el MP3, cierras el libro, y te preparas para el casi ritual “¿ya estás leyendo a uno de esos maricones que no conoce ni dios?”. Pasas de explicarle lo importante que es es Alberti, y en su lugar le sueltas un “Tío, o dejas de beber cerveza o vas a tener que vestirte con túnicas”. Siempre teneis un cachondo cruce de piques, os apreciais mucho, aunque nunca se explicite: sois hombres al fin y al cabo.

Entrais, y Juanjo va a empezar su consumo masivo de Grimbergen, y tú le acompañas (es imposible ir a ese ritmo) con un par de tercios de Mahou. Falta un hora para el cierre: hay 2 personas en la barra ( juanjo y yo), y una pareja en una mesa. Por fin Yolanda puede descansar: te llama a un aparte para contarte alguna cosa importante. Y los dos salís a fumar un pitillo, te hueles algo doloroso.

Y de repente Juanjo se desmaya. Casi telepáticamente, Yolanda se dirige a donde él, y tú a llamar al 061.

Juanjo ni respira ni despierta. La ambulancia medicalizada llega en 2 minutos. Yolanda está agotada y yo fresco, así que acordamos que yo sea el acompañante y ella quede esperando a mi llamada para avisar a la familia si procediese.

Por mucho intento de reanimación que hacen en la ambulancia, Juanjo ha muerto de un fulminante infarto. No le puedes dar la noticia a Yolanda por teléfono, así que coges un taxi y vas al bar. No dices nada, simplemente te abrazas a Yolanda y rompes a llorar. Ella también.


Lo único que hemos sacado Yolanda y yo es una amistad que sabes durará toda la vida. Es tu hermana pequeña, lo compartís todo. Juanjo nos mira desde el cielo, brinda con una Grimbergen, y sonríe.

jueves, 4 de junio de 2015

En la desembocadura do pai Miño



Se habían conocido por internet, en un foro sobre la Historia de España en el Siglo XX. Compartían opiniones siempre, se apoyaban, argumentaban uno a favor del otro....eran dos treintañeros rojeras que no habían padecido a Franco pero sus padres y abuelos se habían encargado muy bien de que su generación no olvidara. Así que fue natural cruzarse unos "privados", luego el mail, el facebook y el wass. María era un cañón de mujer, una granaína de largos cabellos negros, rostro esculpido en bronce y cintura esbelta. Rubén era, sin embargo, normalito, un coruñés bastante alto pero tirando a regordete, y su único atractivo era un par de ojos almendrados que a ella la volvieron loca.
Cuando apenas llevaban 3 meses de relación, fue María la que dio el paso y le dijo que se había enamorado de él. Era mutuo. Pero estaban tan lejos...

Él conocía Andalucía de sobra, ella nunca había estado en Galicia, así que el viaje era el obvio. Rubén solía pasar todos los veranos en las Rías Baixas, en un camping a orillas de la desembocadura del Miño. El 5 de agosto era la fecha señalada para que ella llegara, él ya estaría allí.

Cuando Rubén la vio, con ese vestido violeta corto y escotado, con la melena suelta, y esa brutalmente intensa belleza que la iluminaba, creyó desmayarse. No hubo besos en la mejilla, sus bocas se buscaron sedientas.

La tienda de campaña se convirtió en la casa del amor durante casi un mes. Pasearon, se bañaron, recorrieron media Galicia (y María se enamoró otra vez, ahora de la tierra de él) e hicieron el amor con una pasión que nunca habían imaginado.

Pero, como dice el viejo Blues, "no hay amor sin tristeza en él", y el 28 de agosto María tenía que volver. Las lágrimas las vertió luego cada uno a solas, ambos querían una despedida dulce, tierna, y sobre todo bonita.

A partir de ese día las llamadas duraron horas, y descubrieron el sexo telefónico. Así hasta un 29 de Noviembre en que ella le llamó y le dijo "abre, estoy en tu portal, cielo". Ruben estaba totalmente desnudo en casa pero ni se dio cuenta, bajo en un suspiro al portal y allí estaba, bellisima, su amada, junto a una furgoneta atiborrada de trastos. Subió a vestirse, descargaron, instalaron todo en su amplísimo piso heredado... y cuando él despertó al dia siguiente y la vio a su lado, a su lado para siempre, comprendió aquello sobre lo que cantan los poetas.