jueves, 4 de junio de 2015

En la desembocadura do pai Miño



Se habían conocido por internet, en un foro sobre la Historia de España en el Siglo XX. Compartían opiniones siempre, se apoyaban, argumentaban uno a favor del otro....eran dos treintañeros rojeras que no habían padecido a Franco pero sus padres y abuelos se habían encargado muy bien de que su generación no olvidara. Así que fue natural cruzarse unos "privados", luego el mail, el facebook y el wass. María era un cañón de mujer, una granaína de largos cabellos negros, rostro esculpido en bronce y cintura esbelta. Rubén era, sin embargo, normalito, un coruñés bastante alto pero tirando a regordete, y su único atractivo era un par de ojos almendrados que a ella la volvieron loca.
Cuando apenas llevaban 3 meses de relación, fue María la que dio el paso y le dijo que se había enamorado de él. Era mutuo. Pero estaban tan lejos...

Él conocía Andalucía de sobra, ella nunca había estado en Galicia, así que el viaje era el obvio. Rubén solía pasar todos los veranos en las Rías Baixas, en un camping a orillas de la desembocadura del Miño. El 5 de agosto era la fecha señalada para que ella llegara, él ya estaría allí.

Cuando Rubén la vio, con ese vestido violeta corto y escotado, con la melena suelta, y esa brutalmente intensa belleza que la iluminaba, creyó desmayarse. No hubo besos en la mejilla, sus bocas se buscaron sedientas.

La tienda de campaña se convirtió en la casa del amor durante casi un mes. Pasearon, se bañaron, recorrieron media Galicia (y María se enamoró otra vez, ahora de la tierra de él) e hicieron el amor con una pasión que nunca habían imaginado.

Pero, como dice el viejo Blues, "no hay amor sin tristeza en él", y el 28 de agosto María tenía que volver. Las lágrimas las vertió luego cada uno a solas, ambos querían una despedida dulce, tierna, y sobre todo bonita.

A partir de ese día las llamadas duraron horas, y descubrieron el sexo telefónico. Así hasta un 29 de Noviembre en que ella le llamó y le dijo "abre, estoy en tu portal, cielo". Ruben estaba totalmente desnudo en casa pero ni se dio cuenta, bajo en un suspiro al portal y allí estaba, bellisima, su amada, junto a una furgoneta atiborrada de trastos. Subió a vestirse, descargaron, instalaron todo en su amplísimo piso heredado... y cuando él despertó al dia siguiente y la vio a su lado, a su lado para siempre, comprendió aquello sobre lo que cantan los poetas.

2 comentarios:

  1. Bienvenido a la vida bloggera, querido amigo Cronista. Que relato más optimista y tierno nos has traído hoy.
    Ojalá te encuentres la mar de bien y sigas encarando al mundo con ojos de triunfador.

    un abrazo enorme

    ResponderEliminar
  2. GRACIAS ELLIOTT !!!! Tuve que acudir a urgencias la noche del domingo al lunes porque estaba en el tunel más negro y me han dado una vuelta a la medicación que me ha mejorado muchísimo. UN ABRAZO!!!!

    ResponderEliminar

Gracias por colaborar a que esto mejore :-) Sois tod@s muy bien recibid@s. SALUD!!