lunes, 24 de agosto de 2015

La estatua de Charlie Parker






Ella paseaba entre las hojas caídas. Marrón oscuro, castaño, naranja, amarillo...No había nadie en el parque, a excepción de dos docenas de estatuas de un gris verdoso que, quizás, aún buscaban su alma.
A lo lejos había algo, o alguien, que no parecía una estatua. Los árboles estaban plantados cada cinco metros, puede que 250 le separaran de aquella silueta negra.
Caminaba hacia ella, sí, y era un hombre: delgado, alto, barbudo y con una negrísima media melena. Anna llevaba en Ottawa escasas horas y lo primero que había hecho era ir a pasear, y a fumar, desentumecer piernas y contaminar pulmones tras 14 horas de avión.
Había olvidado en Volvogrado su cámara de fotos, una verdadera lástima, porque veía muchas instantáneas entre las estatuas desiguales y los olmos alineados.
El desconocido estaba ya a apenas unos pocos pasos, y pudo observar que era realmente alto, dos metros o quizá más. Se saludaron cortesmente con la cabeza y los hombros e e intercambiaron un Hy!. De repente él se acercó con el móvil en la mano y le pidió, en un correctísimo inglés británico, que le sacara una foto junto a una estatua, que resultó ser la de Charlie Parker. Ella también era una gran fan del saxofonista, así que terminaron fotografiándose de mil y una maneras junto a Bird, en posiciones realmente cómicas. Anna le pidió que le enviara las fotos, e intercambiaron sus correos, despidiéndose con un apretón de manos; despidiéndose de momento...

Tres días más tarde, en un museo dedicado a los antiguos y exterminados pobladores indígenas, volvieron a encontrarse. Sin saber porqué se sintió muy nerviosa, apenas había vuelto a pensar en Edgard, y sin embargo volver a verle le provocaba una extraña comezón, y supo que se estaba ruborizando. Él la invitó a un café y ella observó por primera vez la extraña profundidad de aquellos ojos bellísimamente castaños.

El resto del museo lo recorrieron cogidos de la mano, con la confianza de quienes llevan 20 años de matrimonio y siguen intensamente enamorados.

Cuando llegaron a su apartamento, Anna pudo asociar la profundidad de sus ojos a la mirada de pintor de un Edgard que se revelaba en sus cuadros mucho más que en sus escasas palabras. Le contó que en Liverpool no encontraba salida a su arte y tras un año en Ottawa empezaba a ver resultados, era probable que se quedara en Canadá para siempre. Compartían un té, y Anna era incapaz de coger la taza por miedo a derramarla con sus temblores. Observó que él también temblaba, ¿qué estaba pasando?. Ella buscó una vulgar excusa para huir aterrorizada y se despidieron con un dulcísimo pero ligero beso en los labios.

Pero era inevitable, al día siguiente, 23 de octubre, a las 4 de la tarde, estaba otra vez en el apartamento del pintor. Los 15 días planeados se fueron convirtiendo en semanas, y ella temblaba sabiendo que atrás dejaba un trabajo magnífico por el que llevaba años luchando. Era un temblor interior de pánico a lo perdido y a lo desconocido. Té y beso, beso y té, paseos y cuadros, retratos maravillosos que Edgard sacaba de la nada con sus pinceles.

Y llegaron las navidades, envueltas en nieve y en una ciudad bellamente engalanada. Saliendo entre risas de comprar adornos, él la llevó a un pequeño callejón que Anna reconoció al instante por haberlo visto de mil formas en mil cuadros. Era un callejón sin salida, rematado en una acogedora plazoleta con árboles y bancos. No había nadie.

Y allí lo hicieron al fin, como si para ambos fuera la primera vez. Pasaron las navidades instalados en el apartamento, Anna con un trabajo abandonado, Edgard con cuadros a medio terminar. Le confesó que tenía muchas fotos con la estatua de Parker, pero le sirvió como excusa, se había enamorado nada más verla. Rieron hasta llorar. Los brazos de él la rodeaban constantemente y sentía como si nunca hubiera sido abrazada, nunca protegida; amor, ternura, pasión...

No tuvo que pensarlo, nunca volvió a Rusia.

(Pero jamás intuyeron el papel mágico que jugó la estatua de Bird para su reencuentro en el museo Cherokee..)




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