viernes, 30 de octubre de 2015

Para Gilino y Colmeiro

Gracias, sois maravillosos, y extended mi cariño a toda la gente del nuevo hospital y mis disculpas a la enfermera de triaxe. Besos, cariños, arrumacos y carantoñas (o algo así)

viernes, 16 de octubre de 2015

Llueve sobre Lester Young




El ruido me ha despertado y sin embargo me reconforta. Me había quedado dormido escuchando un CD de Ella Fitzgerald en la mini-cadena de mi habitación, y este sonido me parece aún más bello, si es posible.Se repite esa sensación de melancolía -y a la vez alegría por estar bajo techo- que acompaña siempre a un fuerte aguacero nocturno. Lo escucho fuerte y nítido al otro lado de la ventana, un torrente monótono pero lleno de matices, cada gota produciendo su propio sonido, una nota distinta del resto pero todas juntas en una pequeña sinfonía de agua y piedra. Como una de las perfectamente construidas improvisaciones de Lester Young. Siento la tentación de levantar las persianas y asomarme a ver llover a la escasa luz de la ciudad dormida, pero me resisto un poco más, arropado entre las sábanas, disfrutando de esa sensación de calor y comodidad, de protección frente a los elementos. Sólo me falta Sassy a mi lado. Pongo un CD de Lester porque me parece perfecto combinar ambas sonoridades. El chapoteo del aguacero va cogiendo ritmo, puedo seguir el entrecruzarse de las frases manejadas por el viento. Hay pequeñas subidas y bajadas; ahora es un zumbido, como el roce de dos suaves telas de seda, parece que llueve menos o amaina el viento; pero de repente vuelve a escucharse la fuerte percusión, la marejada de agua arrastrada por la ventisca, chocando contra el suelo a la velocidad de un bombo enloquecido. Es puro Jazz.

Podría sentir miedo, pero me desborda la alegría de esta naturaleza salvaje que no podemos controlar.
Por fin me decido a subir la persiana, la iluminación es muy leve en el exterior, apenas suficiente para distinguir los pequeños círculos que se forman - fusionan, chocan- y mueren y vuelven a nacer al impulso de la lluvia. Las realidades se transforman por la magia del temporal. Las formas son borrosas, los contornos imprecisos, los movimientos se difuminan y ondulan al reflejarse en el oscuro espejo del suelo inundado. Una farola, que vertical corta el cemento, se convierte en una ágil serpiente al proyectarse en ese cristal. Un árbol muerto vuelve a mover sus ramas, por la acera, hacia mi ventana.
Asomo la cabeza, deseo mojarme y compartir este momento con las plantas que extienden sus hojas para limpiarlas del polvo del día, con los seres nocturnos que ahora están huyendo a refugiarse o salen a disfrutar del imprevisto regalo. El pelo se me empapa, los ojos se nublan, el agua me chorrea por la cara y la pruebo con la punta de la lengua en la comisura de los labios, es un agua dulce y espesa. Me acuerdo de otras tormentas de la infancia, de galernas en la playa y chapuzones bajo una cascada en la montaña. Es un momento de memorias lejanas y transparentes. Un momento Lesteriano, a quien ya por siempre asociaré con las chaparradas nocturnas


De repente, mi magia se rompe, un grito amarillo irrumpe por el final de la calle, ruidos metálicos, un frenazo, golpes secos, unos focos barren toda la escena dispersando la oscuridad: el camión de la basura. Hay gente trabajando a estas horas y bajo este vendaval, gente a la que mojarse no le debe parecer tan romántico como a mí. El momento encantado ha concluido, ya no hay lugar para recuerdos ni divagaciones, esto es simplemente lluvia, una noche más de trabajo duro bajo el agua y el frío, y mañana yo también debo trabajar, es hora de cerrar la ventana y volver a dormir, espero que al madrugar no siga lloviendo, no quiero calarme camino del trabajo otra vez...