lunes, 5 de septiembre de 2016

Arnaldo Otegi



Imaginemos un país "democrático", donde, el político más odiado y temido por el sistema, una figura que durante años, y según Amnistia Internacional, ha sido "preso político", es incapacitado para ocupar cargos públicos. Imaginemos ahora que ese político, en lugar de una persona cuajada en mil lides, con una honradez a prueba de bomba y una facultad de encajar fuera de lugar, fuera un engreído recién llegado a la política que se encontrara en su misma situación: las más suaves serían las referencias a Torquemada y las Cruzadas.

Sigamos imaginando ese país, con todos los servicios secretos y las cloacas del estado al servicio del sistema, desesperado por no poder imputar a ese político otros delitos que los de pensamiento. No hay rastro, oigan, no hay rastro de corrupción, apropiación indebida, enriquecimiento ilícito...

Imaginemos ahora que un error en Matrix permitiera finalmente a esa figura pública ser candidato a Lehendakari. Imaginemos que ganara. No, seguir imaginando es delito, Mordaza dixit. En cualquier caso, mi voto para el único político que ha demostrado altura y saber estar, y que canta las verdades. Sí, mi voto para Otegi, aunque será un voto nulo.

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