martes, 27 de diciembre de 2016

La preciosa y buscada soledad del invierno



Son días fríos, mi termómetro quizás no sea muy de fiar pero no ha levantado de los tres grados. Luce un sol maravilloso y el agua del mar invita a navegar.

Son días de piano de jazz, ayer un amigo me hizo reescuchar a Bud Powell por la vía de -con total justicia- utilizarlo para denigrar a Dave Brubeck. Ahora suena Bill Evans, el más importante músico blanco de la época dorada (ahora vivimos una segunda época dorada, por si alguien no se ha dado cuenta), y es que las blancas y negras, las 4 gruesas cuerdas de un contrabajo y una pequeña batería tienen un poder evocador como muy pocas cosas bajo el cielo.

Soledad buscada, música y libros, uno ya ha llegado a la edad de la misoginia más absoluta. Durante años pensé que la única forma que tenía una pareja de arruinarte la auoestima era la infidelidad, algo hasta cierto punto comprensible y perdonable. Mi última horrorosa experiencia me ha enseñado que hay otras formas: la crítica mordaz, la desvalorización, el maltrato psicológico, la ausencia absoluta de aceptación. Hasta que llega un momento en que ves a tu novia como a Gollum y el terror te dice "It's time to move on, time to get goin', under my feet, baby, grass is growin'".

Y por si acaso, si por estadística la vida te da 30 años más, ya no va a haber mujer que te arruine ni un mes. Libertad y felicidad, que ya bastante has sufrido.

1 comentario:

  1. Lleva tiempo aprender a vivir con uno mismo, en soledad o acompañado, terminar de conocerse no es fácil.

    Suerte,

    J.

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